¿Escuelas perversas?
En nuestro México, todavía existe la convicción de que estudiar una licenciatura es un factor de movilidad social; con sus aristas, podríamos seguir considerándolo así; sin embargo, hay toda una perversidad que cunde en las Instituciones de Educación Superior (afortunadamente no en todas), que lejos de favorecer ese crecimiento personal, ahondar en la construcción de mejores capitales culturales o insertar a esos nuevos profesionales en un clima de respeto, acaban por ser ellas mismas quienes terminan con el sueño.
¿Qué hacer?, sin duda no hay recetas mágicas, pero si tendríamos que considerar algunas acciones concretas:
Primero, generar procesos de selección más reales, si bien la educación es un derecho constitucional, también es cierto que no todos los jóvenes que ingresan a licenciatura tienen la capacidad psicológica, mental y cognitiva para hacerlo. ¿Cómo llegaron?, probablemente por docentes en niveles inferiores que sencillamente los fueron pasando sistemáticamente, y les hicieron creer que podrían con el reto. Esos docentes creen que les hacen un bien, cuando en realidad les hacen un daño tremendo, y eso es perverso.
Segundo, propiciar verdaderos ambientes de aprendizaje, lamentablemente lo que algunas voces han ventilado con respecto al ITAM, parece ser una constante en esa y otras universidades; no se puede argumentar que una escuela es buena porque está llena de vacas sagradas cuya altanería, prepotencia, ego e ínfima calidad humana se alimentan del desprecio, presión, humillación, burla, acoso y desmoralización a la que someten a sus alumnos.
Esas conductas docentes, perversas y dañinas, distan mucho de nuestra tarea como formadores; el punto es que las universidades no se hagan cómplices y solapen esas conductas y, por el contrario, se vanaglorien de sus profesores altamente calificados, aunque sean unos verdaderos monstruos.
Muchos colegas siguen sin entender que, entre más conocimiento tienes, más humilde hay que ser; lo que has aprendido hay que ponerlo a disposición de los demás, recordar siempre que el conocimiento es importante, pero es mucho más importante lo que haces con él.
Tercero, establecer políticas de desarrollo precisas; me resulta difícil de creer que alumnos de licenciatura, que técnicamente están estudiando lo que les gusta, aquello en lo que desean emplearse el resto de sus vidas, sean capaces de reprobar materias. Vuelvo a insistir en el primer punto, aquellos alumnos que ingresaron, pero no muestran capacidad, voluntad o deseo real por estudiar, mejor que hagan una pausa en su camino (institucionalmente sugerida u obligada), para reconsiderar sus ambiciones y, entonces, decidir si quieren seguir adelante o de plano hacer otra cosa. ¿O preferimos un mal profesionista?, ¿Qué garantía y calidad nos ofrece alguien que no se ha comprometido en lo que le gusta?
Cuarto, establecer planes de acompañamiento con la finalidad de ofrecer alternativas de solución a las problemáticas de los estudiantes, lo que significa apoyarles lo humanamente posible, en un clima de respeto y asertividad, que tenga la capacidad de argumentar y convencer, sin que eso signifique solaparles todo y darles un tratamiento especial, eso puede resultar un contrasentido peligroso.
Quinto, buscar docentes comprometidos, y no hablo exclusivamente de cubrir un horario o trámites administrativos a cabalidad, más bien de personas enamoradas de lo que hacen y sean capaces de influir, de alguna manera, en el desarrollo de sus alumnos. Tristemente hay mucho chambista que sólo va por el salario. El dinero, créanlo, no lo es todo.
Basta con tanta simulación, ¿no?, ¿eso no es perversidad?
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