Españoles, otomíes y matlatzincas
Juntarse con don Poncho, fuera en la escuela, en el trabajo o en sus momentos de vida social, seguro, eran instantes de aprendizaje. En el trabajo tuve oportunidad de convivir y saber que recibía a los alumnos de secundaria de las instituciones cercanas al centro de Toluca, por ejemplo, cuando estuvimos en un edificio que tuvo Patrimonio Cultural en el gobierno de Alfredo del Mazo González primero, y después el gobernador Alfredo Baranda García, en etapa que estuvo como director de Patrimonio Cultural, el doctor Augusto Isla, venido de la ciudad de Querétaro a aportar sus conocimientos y relaciones –que eran muchas– en diversas áreas: literatura y artes visuales sobre todo. Don Poncho fungiendo como subdirector de Patrimonio Cultural era un seguro camino para interrogarle sobre qué hacer con el trabajo administrativo y de promoción cultural en la entidad. Buen administrado que no hacía ‘panchos’ por nada. Eso era lo mejor, con mano suave nos llevaba a buenas conclusiones de la cosa pública a que nos dedicábamos por allá en los ochenta del siglo pasado.
Por eso hago –con lentitud– la lectura de su libro Historia del Estado de México para alumnos de escuela preparatoria, porque al mismo tiempo que lo realizo, me acuerdo de múltiples momentos que viví en su compañía. Examino lo que tiene que ver con el Valle de Toluca y la conquista de españoles sobre este territorio. Dice don Poncho: Durante los primeros días del sitio a la capital tenochca, se presentaban con los españoles algunos otomíes para ayudarles en los menesteres de zapa y otras especialidades. Desde luego, estos otomíes acudían a Cortés empujados por el mismo odio, por los mismos rencores que conjuraban a toda Mesoamérica en contra de los aztecas. Ellos le declararon a Cortés que Tenochtitlan tenía por siervos a los matlatzincas y ocuiltecos, razón por la cual se estaban preparando contingentes de esas regiones para venir a caerle a Cortés por la espalda. Era cierto esto, cierto tal y como la cuenta el profesor Mosquito me pregunto. Lo innegable es que los aztecas cuyo imperio gozó de mala fama por asesinar a sus enemigos sin ninguna benevolencia, lograron crear la tormenta perfecta en contra de ellos, cuando por cosas que no se pueden dilucidar en la historia humana, se juntan los elementos de éstas para hacer que suceden cosas impensables.
Indígenas de aquellos tiempos no conocían otro imperio o conquistadores atroces que los aztecas. Lo sabían cuando aparecían y les veían venir desde el cerro del dios Tolotzin: distinguían a quienes venían a Toluca a conquistarles, para esquilmarlos después con tributos y pago de toda especie. Lo que no sabían los aztecas es que su forma de gobernar e invadir le estaba formando una tormenta perfecta. Si hubieran estudiado a Nicolás Maquiavelo —Padre de la Ciencia Política—, que por esos años del siglo XVI ha de escribir el texto que le inmortaliza: El Príncipe. Libro que hace referencia al nacimiento de la ciencia que habla del Poder. Su primera enseñanza, en política, no se hace lo que uno quiere, sino aquello que las circunstancias obligan. Los tiempos de los aztecas con sus diversos nombres, es que habían logrado reunir a todos en su contra y, los españoles, bandoleros y plebeyos ambiciosos llegan en momento oportuno para aprovechar ese odio en contra del imperio cruel y despiadado. No saben las diferentes culturas que pueblan el altiplano de América que los blancos que han llegado, son tanto o más crueles que los Mexicas. Cuenta el cronista: Cortés no podía dudar de los otomíes. Su piloto, Gonzalo de Umbría, después de penetrar profundamente hasta la tierra caliente, regresó a relatar a Cortés que había atravesado un gran Valle (el de Toluca) poblado por enormes comunidades ricas y espléndidas y que se llamaban en general matlatzincas. Además, Cuauhtémoc amenazaba constantemente con sus aliados de Toluca y Malinalco que habrían de embestir a los españoles en cerco hasta hacerles polvo.
Se habla del líder, caudillo, rey, emperador, virrey, obispo, general, siempre se habla o se escribe de los que están en el pináculo de la pirámide social o de mando político, económico y educativo. Pero nunca se habla de los que a mitad de la pirámide o en su base son los que actores de segunda relevancia van de un lado a otro haciendo lo que sus jefes les piden que hagan. ¿Cuántos españoles quedaron en el camino de esta conquista que se alcanza a treinta años de la llegada de Colón?… Hay hombres que acompañan a Cortés en la empresa de conquistar tierras de Mesoamérica. En texto de José Luis Martínez, aparecen con justicia en la audacia de escribir una biografía de personaje que vivió en el siglo XVI: describiendo su destino le ha hecho eterno —a pesar de haber pasado 500 años—al escribir del Señor del Marquesado de Oaxaca: don Hernán Cortés.
Relato histórico, lectura que se goza. Escritor de fuste, es don Poncho para nuestro bien, nacido en Calimaya en el año de 1927, pero venido a radicar a ciudad de Toluca donde fallece en 1997: deja sus cualidades de escritor por doquier, en la vida intelectual y cultural del siglo XX. Escribe: El Conquistador relata que era uno de los peores momentos de su lucha, cuando más diezmado y fatigado se encontraba su ejército, ese ejército tan heterogéneo que había formado de la nada. Pero el Conquistador necesitaba “golpes psicológicos” que lo impusiesen no como un dios, sino como un hombre lleno de poderes. Apunta en su carta que comisionó al alguacil Gonzalo de Sandoval “con 18 de caballo y cien peones en que había un ballestero”, más adelante habrán de juntarse a la tropilla de Sandoval ¡60 mil indios, especialmente otomíes, en la conquista de Toluca y la región, que fue además despiadada, totalmente sometidas al fuego y al cuchillo Toluca, Tenango, Tlacotepec, Tecaxic-Calixtlahuaca y otras. La Toluca de la que el cronista municipal ha de escribir su Toluca del Chorizo /Apuntes gastronómicos; Ocaso y final del Círculo Rojinegro; Escritos Literarios del profesor “Mosquito”; La Educación en la Toluca del Profesor “Mosquito”; San Juan Chiquito / Un barrio de Toluca; etcétera, etcétera, porque son tantas las aportaciones a la cultura toluqueña y mexiquense que por doquier se le encuentra al educador de jóvenes preparatorianos, que a quienes siendo de su edad o cercano aprendieron a ver el mundo con el optimismo que él veía al charlar con los jóvenes que le iban a pedir consejo.
No recuerdo nunca, el desaliento en sus pláticas, ni en sus participaciones el conferencias o citas magistrales. La vida fue para él un tema de felicidad y no de amargura eterna. Concluye el texto que cito, dice: Se puede decir que Sandoval pudo aplicar un golpe rápido y certero porque parte de las comunidades matlatzincas del Valle, habían tomado provisiones oportunas para mandar a sus familias a la región montañosa de Michoacán, algunas plazas, incluso, fueron encontradas por los españoles desiertas. Cuáles días, cuáles semanas, cuáles meses fueron la infortunada etapa de destrucción de las culturas de este Valle que ha visto pasar todo por las mismas. De la derrota de los matlatzincas el 18 de marzo de 1521 por el lugarteniente de Cortés, Gonzalo de Sandoval, según cuentan las crónicas, ha de pasar mucha agua por el río: para que en acto de felonía, otro militar realista, al fusilar a 60 ó 99 indígenas otomíes: dándole un puntapié al número cien, le grita que vaya a contar a los pobladores, el 19 de octubre de 1811, lo que les va a suceder si seguían levantándose en contra del Virrey y, sus sangrientos generales de mal alma.
Dos momentos en la historia de Toluca que no se pueden olvidar, que fundan dos instantes, uno que da el esclavismo y la muerte, por la nueva cultura que invade; y la otra, prolegómeno de aquellos que falleciendo, recuperarían su orgullo el 27 de septiembre de 1821, al fundarse la nueva Patria llamada: México. Recuerda don Poncho: Malinalco interesaba mucho a Cortés. Sabía que era la puerta de entrada a ese sur paradisiaco que le había descrito Gonzalo de Umbría como un emporio frutero… Caería también, tarde que temprano.

