Etiqueta social

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La Imagen Pública es, desde hace algunos años, un referente que ofrece alternativas para una sana convivencia entre los seres humanos.  Su primer axioma es contundente: es inevitable tener una imagen.  Esto es completamente cierto, pues el simple hecho de convivir con otros nos coloca bajo el escrutinio público.

En esa lógica, hay una serie de reglas de etiqueta que diferencian a quienes cuidan lo que proyectan a los demás de quienes no lo hacen; el punto es que cuando no se cumplen determinados protocolos, no sólo se deja de tener una buena imagen, sino que se nos puede etiquetar de groseros o corrientes.

Por supuesto que es un tema subjetivo, pues lo que para mí es correcto, no necesariamente tiene que serlo para los demás; insisto en que todo dependerá de cómo es que queremos ser percibidos por los demás.

Por ejemplo, si bien es cierto que todos tenemos derecho a vestirnos como nos venga en gana, también lo es que determinados espacios exigen códigos de vestimenta puntuales como el utilizar saco y corbata en el caso de los caballeros y traje sastre en el caso de las damas.  En algunos casos, nada más es cuestión de sentido común para comprender, por ejemplo, que no es lo ideal presentarse de jeans a una reunión social formal.

En el año de 2018, se generó un debate por un alumno de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Guadalajara que, el día de su examen profesional, se presentó a sustentarlo con vestimenta en extremo informal; el sínodo decidió suspender este acto. Con todo lo que se pueda argumentar, la existencia de protocolos es fundamental para evitar problemas y resolver divergencias entre los seres humanos.

Otras conductas, se vinculan directamente al tema de educación, porque de no hacerlo, estamos mostrando nuestra condición de abusivos y eso puede evitarse con una buena orientación desde que el niño tiene pocos años.

En este caso, debemos hablar con nuestros hijos para que, por ejemplo, cuando reciben una invitación a comer (aún de familiares cercanos), nunca aprovechen y opten por pedir lo más caro de la carta; lo ideal es esperar a ver lo que pide el anfitrión y hacer una selección equivalente a ese costo, la moderación siempre viste bien y habla de una orientación congruente.

En sintonía, es natural que un niño o joven tenga deseos de algo: un dulce, un paseo o un juguete.  En primera instancia, éste debe ser pedido al padre o la madre, si acaso a los abuelos; será decisión de éstos si lo compran o no.  La imprudencia viene (porque no se le explicita al menor) ante una negativa, que les hace pedir a otros ese gusto, el concepto de niño pedinche no suele proyectar una imagen positiva.

Ahora, en la interacción virtual, existen Netiquetas que tienen toda la pertinencia del mundo, en tanto armonizan la interacción social.  En una sesión de clase, nunca en la cama, no comiendo, no con las lagañas a golpe de vista, no bostezando, apagando los micrófonos, encendiendo las cámaras.

Lo que proyectas es lo que se queda, y sólo tenemos 4 segundos para generar una buena primera impresión; cuando una imagen se daña, es complicado volverla a recuperar.

horroreseducativos@hotmail.com