Exilio es destino

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Estudiar el exilio a través de José María Heredia y Heredia es motivo de tristeza y orgullo: nada le es fácil para quien por motivos políticos se ve obligado a salir de su patria. Bien dice el poeta y escritor Otto-Raúl González de origen guatemalteco que si no hubiera huido de Guatemala para  radicar en México, seguramente hubiera sido asesinado por los golpistas que destruyeron la democracia en ese país. Vivió más de 50 años en nuestra patria y terminó orgulloso presentándome su credencia del Instituto Federal Electoral. México ha sido desde los inicios de su independencia el 29 de septiembre de 1821 la expresión de un puente de libertad para cientos o miles de ciudadanos de otros países que han salvado su vida en nuestra patria.

Exilados que han enriquecido nuestra cultura de manera decidida, prueba de ello han sido los españoles venidos de la guerra civil de 1936 a 1939, que son hermanos y educadores de gran trascendencia, al enriquecer nuestra vida en muchas áreas de la cultura humana. México país de exilados es afortunado culturalmente para su bien. En el libro titulado Martí en México publicado en el año de 1996 para editorial Sello Bermejo cuya autoría es de Alfonso Herrara Franyutti, leo en el capítulo II, Antecesores cubanos / la ciudad de México, con sus doscientos mil habitantes, era como una prolongación de la provincia, pero su tierra es campo fértil para recibir a un hombre con las ideas de Martí. Quizá no haya en esa época otro sitio que le sea tan afín, ya que en el México liberado y reformista germina en toda su plenitud las ideas liberales, el romanticismo literario está en su cúspide y las angustias de la tierra cubana ya han sido conocidas y divulgadas en México, donde incluso, años atrás, en 1825, llegó a formarse la Junta Protectora de la Libertad Cubana, pues la revolución que agita a la isla, había lanzado a nuestras playas a toda una pléyade de patriotas, poetas y escritores a quienes la persecución y el odio político arrancaron de sus hogares, y a quienes, al no soportar más vera la palma prisionera, las angustias del mabi y las ideas estancadas, se exiliaron y encontraron en México una tierra hermana y comprensiva que tendía los brazos fraternos al cubano que lucha por su patria oprimida.

 

México fue orgullo para los mexicanos en el pasado. No el hermano grande, pero sí la casa que les recibe como hogar, dispuesto a convivir con sus ideas de libertad y justicia para su pueblo. Por esos tiempos llegó José María Heredia, pues como dice la nota al respecto citada por Herrera Franyutti: En 1825 varios cubanos que vivían en México, y que habían acompañado a Guadalupe Victoria en Veracruz durante la guerra de Independencia, entre los que podemos citar a Antonio José Valdés, Juan Antonio de Uzueta, Juan Domínguez y un ex lego betlemita, fray Simón de Chávez, formaron la Junta Protectora de la Libertad Cubana… El exilio como destino, las ideas de un humanista al que le dicen Poeta porque sus versos recorren el Caribe, y llegan a Venezuela para subir al norte, en nuestro país. Su Oda al Niágara es ya un himno para todo exilado que visita Canadá y ese portento de patrimonio cultural que son sus cataratas que colindan en frontera de Estados Unidos y el país canadiense. Cuenta Herrera Franyutti: En efecto, ya desde aquellos años que forman el arranque del México independiente venía dándose asilo a todos aquellos héroes enfermos de patria, desde Francisco Lemus, el doctor José María Pérez, y el “patriarca de todos esos inteligentes proscritos”, como denominara Altamirano a José María Heredia, el cantor del Niágara, y autor de aquellos versos magníficos de “La estrella de Cuba”. La larga tradición de México al recibir con brazos abiertos a todo independentista llega desde aquella segunda década del siglo XIX, y hasta el siglo XX, cuando en los cincuenta recibe a Fidel Castro y al Che Guevara junto a esos aventureros que traían una ilusión. Hombres que están dispuestos a liberar a Cuba de la dictadura de Fulgencio Batista. México y Cuba un destino hermanado por el afecto, Cuba es el país que más une a los mexicanos dentro de Latinoamericana, eso dice la historia.

Herrera Franyutti escribe: Heredia vino a México en 1825, bajo la protección de don Guadalupe Victoria, después de la fallida conspiración de “Soles y Rayos de Bolívar”, y encontró que bajo el cielo del Anáhuac florecían ideas de libertad. Aquí contrajo matrimonio y llegó a ocupar distintos puestos públicos, como juez de primera instancia en Cuernavaca, fiscal de las Audiencias de México, director del Colegio del Estado (Instituto Literario), en Toluca. Sólo eso le hubiera dado a Heredia suficientes blasones para ser recordado en la historia mexiquense y de México, pero el genio del cubano iba por distintas áreas del saber humano. No cabe duda que la preparación que le indujo su padre de niño, adolescente y joven, dejó huella como para convertirlo en un educador del tamaño de Felipe Sánchez Solís, Ignacio Manuel Altamirano o Ignacio Ramírez El Nigromante. Educadores del Instituto que forjaron su espíritu liberal y le hicieron destacada institución en la nueva patria liberada del colonialismo español. El Instituto, al igual que el de Oaxaca donde Benito Juárez aprendió la diferencia entre una institución laica y otra religiosa: fueron primera escuela para la niñez y adolescencia en el siglo XIX, para aquellos pocos jóvenes que podían hacer alguna preparación diversa a la que da la iglesia.

José María Heredia, dice Herrera Franyutti: “Fue colaborador de diferentes periódicos y dirigió dos publicaciones: El Iris (1826), “periódicos críticos literario”, la primera revista del México independiente, y La miscelánea, publicada también en dicha ciudad. Su labor de pedagogo destaca al hacer un libro sobre historia universal, que permite entender su pensamiento educativo: ciudadano que debe tener visión universal que le aleje de actitudes facciosas. Idealista enfrenta en su momento a los padres del reformismo mexicano: en las personas de don Valentín Gómez Farías y José María Luis Mora, por su poco afecto al alto clero que en esos tiempos es dueña de México, de terrenos e ideas. Ideas y comportamientos que Benito Juárez señala en Apuntes para mis hijos, como acciones que nada tienen que ver con Dios y mensajes de amor al prójimo. Por esos años la iglesia tenía más afecto a las cosas materiales que a los que correspondían con la Iglesia de Jesucristo y San Francisco de Asís. Heredia deja huella profunda en las letras mexicanas que nacen a duras penas. Dice Herrera Franyutti: En 1832 se reedita su libro de poemas, entre los que destaca por su carácter mexicanista “En el teocalli de Cholula”. El exilio cubano de esas décadas está presente en la historia de los dos países, dice Herrera: Vinieron luego, para instalarse en diferentes puntos de la república: Esteban Morales, quien llegó a ser secretario de Juárez, en Veracruz, donde también radicaron el periodista Rafael Zayas, José Miguel Macías y José Victoriano Betancourt, quien fungió como juez de primera instancia en Tuxpan y falleció luego en Córdoba, mientras en Cuba dos de sus hijos luchaban por la libertad de su patria; Pedro Santacilia y Palacios, este último venido de la colonial Santiago de Cuba, poeta y orador elocuente, que tras sufrir las amarguras del exilio en los Estados Unidos, donde fundó La Verdad, órgano de la Junta Revolucionaria, escribió también “El arpa del proscrito”  y colaboró en la antología poética El laúd del desterrado… Santacilia, antes de partir al exilio, escribió unos sentidos versos en que expresaba su “¡Adiós!”: ¡Partir es preciso —Con voz iracunda / Que parta me ordena destino feroz, / El llanto por eso mis ojos inunda / que es triste a la patria mandar un ¡adiós! / No más, Cuba hermosa, veré tus montañas, / tus límpidas aguas, tu fúlgido sol; / Que pronto vagando por tierras extrañas / Ni habrá quien escuche mi lúgubre ¡adiós! Un destino común lo unió a Juárez. Ese destino que le hace parte de la historia mexicana más brillante en el siglo decimonónico, porque sus fortalezas son tantas que literatos se quedan cortos al contar sus cualidades en la poesía, y los juristas o políticos que aún no logran decir todo.