+ Experiencias Contradictorias Sobre Cuidado y Deterioro Ambiental
La frase:
Hay un libro abierto siempre para todos los ojos: la naturaleza.
Jean-Jacques Rousseau
Experiencias Contradictorias Sobre Cuidado y Deterioro Ambiental
Para Jesús Octavio Corona Ochoa, al disertar sobre el valor de la naturaleza y la ética ambiental, concluye que, los seres humanos compartimos la experiencia contradictoria de tener alguna preocupación por el futuro ambiental y la certeza de participar en muchas formas de degradación socioambiental sistémicas.
El investigador académico es licenciado en Filosofía por la Universidad de Guadalajara; maestro en Filosofía y Ciencias Sociales por el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores, donde también es profesor; doctorando en el segundo semestre en el Programa de Doctorado en Ciencias Sociomédicas y Humanidades en Salud, especialidad Bioética, UNAM; profesor de Ética de la Investigación y Epistemología de la Investigación, en el nivel de posgrado, en el Instituto de Investigaciones del Comportamiento Alimentario y Nutricional de la Universidad de Guadalajara.
En Environmental Ethics, una antología de la ética ambiental anglosajona escrita por Andrew Light y Holmes Rolston III, los autores mencionan que existen diferentes escuelas o perspectivas que analizan el valor moral de la naturaleza; que desde las primeras publicaciones académicas surgió el debate entre quienes consideran que la naturaleza tiene un valor propio o intrínseco —que no depende del uso ni de la apreciación humana y que tiene valor en sí mismo— y quienes opinan que el valor de la naturaleza depende de la apreciación humana que otorga el valor a las cosas que le son útiles o benéficas —que tiene un valor mediado o dependiente del aprovechamiento antropocentrado—.

Como suelen señalar los filósofos: el punto de inicio determina la dirección y el destino de la reflexión. ¿Podría haber otro inicio para la ética ambiental? ¿Es ineludible el camino de la disputa entre el valor directo o indirecto de la naturaleza? A continuación, propongo hacer una desviación de la ruta propuesta por Light y Rolston:
Primer paso: la realidad histórica. Sugiero que nos situemos en la realidad histórica para ver a dónde nos conduce. Independientemente del debate teórico, ¿qué dice el mundo en el que vivimos y su estructuración sobre el valor directo o indirecto de la naturaleza? Preguntarnos esto nos permite postular que la ética ambiental también comenzó en los años setenta, no con un debate teórico, sino con el reconocimiento de un problema real: el deterioro ambiental resultado de la instrumentalización de la naturaleza o de su explotación como fuente de recursos.
Segundo paso: el lugar de enunciación. Consiste en establecer el lugar desde donde se enuncia esta reflexión de ética ambiental y desde dónde son percibidas las crisis socioambientales. El lugar geográfico desde donde evalúo es la Ciudad de México. Mi contexto está formado por las dinámicas de esta megaciudad ubicada en el centro del país. Pero mi perspectiva también se sitúa en un lugar social, constituido por mi profesión como docente de bioética en el sector universitario público y privado, y como estudiante contractual de doctorado.
Las tres ventajas de esta forma de concebir la ética ambiental
1. Enfatizar la importancia de los condicionamientos socioculturales de cada manera de percibir la naturaleza y de comprender las crisis socioambientales. Creo que el debate sobre el valor directo o indirecto de la naturaleza podría enriquecerse mucho tomando en cuenta nuestra propensión hacia una u otra forma de concebir la naturaleza en función de nuestro lugar de enunciación. La realidad que percibe cada persona, desde el lugar que habita, que en mi caso refleja mucho al resto de las megaciudades del planeta, tiene mucho que decir sobre las crisis socioambientales y las posibilidades de solución.
2. Recordar que la principal tarea de la ética es el estudio de los fundamentos de las decisiones que, aplicado al medio ambiente, busca comprender cuáles son las valoraciones morales detrás de las elecciones y acciones concretas en relación con la conservación y la destrucción del medio ambiente. En este sentido, la ética ambiental también puede ocuparse, de forma transdisciplinar, de las variables políticas, económicas y culturales, incluyendo la industria artística y el cine, que configuran nuestros deseos, nuestra imaginación y su vínculo con nuestras decisiones que contribuyen a la degradación ambiental. En otras palabras: considerar la composición sociocultural de las decisiones, individual y colectivamente, ayuda a superar el enfoque clásico y reduccionista de los agentes racionales que modifica su comportamiento, únicamente en función de la maximización de beneficios o únicamente en función de la contundencia de los argumentos con los que han sido educados.

3. Reconocer algo que supongo que muchas personas comparten conmigo: la experiencia contradictoria de tener, al mismo tiempo, alguna preocupación por el futuro ambiental y la certeza de que participar de la vida social nos hace inevitablemente partícipes de muchas formas de degradación socioambiental sistémicas, como la extracción intensiva de agua, emisiones masivas de CO2, desecho de toneladas de plástico, extracción y centralización de los recursos, gentrificación del espacio urbano, reproducción de las dinámicas capitalistas y jeraquizantes, aumento del tráfico global de mercancías debido al comercio en línea, explotación laboral a través de aplicaciones como Didi o Uber, etcétera. En otras palabras, sería importante reconocer el carácter contradictorio de nuestros sistemas de valoraciones.
En conclusión: la ética ambiental que ha alcanzado altos niveles de rigor teórico, con el estudio de los fundamentos de los argumentos sobre el valor directo e indirecto de la naturaleza, podría contribuir a la construcción de alternativas basadas en la justicia ambiental y en la equidad social. También podría ampliar sus posibilidades para proponer soluciones a las crisis socioambientales, incluyendo los condicionamientos socioculturales de nuestras relaciones cotidianas con el entorno e incluyendo la atención al efecto del lugar de enunciación a la hora de producir teorías. De este modo, la ética ambiental se transformaría en una herramienta transdisciplinaria que no sólo fundamenta los argumentos a favor del cuidado del ambiente o sólo diagnostica las raíces de la crisis, sino que también pueda hacerse cargo de ellas. Como siempre, lo que urge es poner manos a la obra, ¿no le parece a usted, estimado lector?


