Extemporáneas Reflexiones

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Todavía las fosas nasales sienten el picor del cempasúchil y aunque despeinadas las rosas atraían al mosquerío.

Las flores de del paraíso que Ricardo Suarez regala en estos días parecen dormir en las tumbas queridas quien por la pandemia sufrieron afectiva orfandad.

Y que hasta hoy que pude volver a dialogar con mis muertos. Decirles que los quiero –aquí en presente– mucho, tanto que parte del gozo de irme sería volver a verlos.

Mis muertos queridos, están tan vivos en mi corazón que cuando en sueños se hacen presentes parecen que la vida del soñar es real y su sonrisa, su modo, su estilo, nunca se irán.

Y es verdad: no se han ido. Fueron tanto, que su vivo recuerdo me dice que a lo mejor donde estén abogan por los que aquí estamos todavía jugando en la cancha de la vida.

Así como se dice que el alma pesa veintitantos gramos, así el hilo casi invisible que nos une con ellos, a lo mejor pesa 18 gramitos.

Y por ese hilo comunicante les digo: ¿Por qué chingados no están aquí, orita? ¿Por qué no darle a la jefa un beso en la frente y ella nos riposte con su bendición? ¿Por qué no está quién limpiaba la lagrima? Y en contrapunto:

Esa es la ley de la vida y los que estamos, no sabemos cuándo, nos iremos como decía el poeta Josué Mirlo: Algún día, no sé cuando debo emprender el viaje por un largo camino que se tienda a mis pies…

O como lo dediqué a un cuate que se quería suicidar:

¿IRTE?

Amigo que alguna vez quisiste morir

e irte de esta tu triste vida

un real pensar se te olvida:

vivir es gozar, pero también sufrir

 

Nadie que se considere pensante

deberá omitir que si vivimos,

como causa y razón, morimos

el suicida y el de la vida amante

 

Por eso tú, mi amigo del alma

goza el simple andar de las cosas

y entra en el sosiego y la calma

 

No pienses en terminar y morirte

vive intensamente y con gusto

que tiempo será en que debas irte

 

SALUD Y VIDA