Falsedades morales

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Estamos a unas cuantas horas de navidad y se trata de un periodo en el que teóricamente los mejores deseos y aspiraciones se hacen presentes en cada uno de nosotros.

Cuando estos sentimientos son auténticos y legítimos, bien vale la pena el pretexto para reconsiderar acciones pasadas y procurar, –en la medida de la voluntad y compromiso de cada uno–, reorientar  los esfuerzos por encontrar en la razón y el bien hacer; motivos suficientes para seguir transcurriendo en este sendero llamado vida. Es genuino creer en la redención del espíritu humano, porque la condición humana se trata de eso, de ir aprendiendo del error para enmendar el camino.

Para desgracia de muchos, estos tiempos también se constituyen en momentos de cruda moral, en los que, por arte de magia, personas que no han encontrado un estilo y dirección de vida definidos, hacer creer al otro que son diferentes.

Por ejemplo, ¿Cuántos padres han abandonado a sus hijos y por años no dan señales de vida? –lo que no necesariamente es algo negativo–; no proveen, no están al pendiente, no conviven con sus vástagos, nunca hablan ni muestran algún tipo de interés.

Lo absurdo de todo esto es que, estos mismos sujetos, en periodos como el que vivimos en estas semanas, resultan estar arrepentidos y de la nada salen para ofrecer un cariño que nunca han dejado de sentir  –sí, ¡cómo no!–

Peor aún, ¡reclaman a sus hijos que nunca los han buscado!, dicho de otra forma, esperan que, tras años de abandono, de un enorme descaro, de no mostrar el más mínimo interés, encima de todo, ¡les tengan que rendir honores!, para cualquier persona con tantito sentido común, la sola insinuación resulta ofensiva.

Padre no es el que engendra, sino el que educa, orienta y mantiene; labor que muchas mujeres logran, sin necesidad de un fulano que, literalmente, estorba.  Padre es el que está ahí, en los momentos trascendentales del desarrollo de sus hijos, labor que muchos hombres asumen por sus hijos, sean o no biológicos.

Como también madre no es la que pare, sino la que día a día está presente con sus pequeños y les garantiza seguridad, cuidado, cariño, amor, dedicación, crecimiento; hay muchas mujeres que debieron evitarse la pena.

Toda proporción guardada, lo mismo sucede con personajes que andan por la vida jode y jode al que se deja, hablando mal a sus espaldas, inventando chismes y rumores, haciendo sufrir al que considera es inferior (sic), al punto de llevarlos al llanto; por supuesto, pretendiendo ante la sociedad ser hombres o mujeres bien honestos y leales.

Entes que viven del relumbrón, que se han ganado la antipatía del mundo, cuya maldad genética les permite convencer, mañosamente, a quienes tienen interés algún tipo de poder para determinar su rumbo.

Si no hay una verdadera reflexión y un cambio honesto y significativo, no hay nada que aplaudir, seguiremos en nuestras falsedades morales, pretendiendo ser lo que no somos y mintiendo sistemáticamente al mundo.

No, pos sí.

horroreseducativos@hotmail.com