Falso periodismo

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La necesidad de información en momentos como el que transitamos, ha dado pie a que cientos de personas asuman que, por tener un blog, una página de Facebook, un canal de YouTube o una cuenta en Instagram, por decreto, se convierten en periodistas.

 

El oficio periodístico implica un rigor por el que muchos de los antes mencionados jamás ha tenido que enfrentar; ser periodista significa más que una profesión, es una vocación que exige pasión y, al mismo tiempo, responsabilidad.

En palabras del fallecido ex Editor y Director de el Nuevo Herald en Miami, Carlos M. Castañeda, el periodista debe ser también un apasionado por la libertad, ser periodista exige honestidad profesional. Hay que empezar por despojarse de prejuicios personales e ideológicos.

Agrega, despojarse de ideas preconcebidas, exige responsabilidad como profesional e integridad como hombre o mujer, y con una gran conciencia del daño que puede ocasionarse con el uso ligero de una cita inexacta o fuera de contexto… hay que sentir respeto por quienes confían en el periodista y respeto por el lector que lee la pieza periodística…

Muchas personas suponen que periodista es todo aquel que emite información a través de los medios de comunicación o quien tiene un título universitario en Comunicación, Sociología, Psicología o afines.

Hay cientos de reporteros, comunicadores, parlanchines y demás expertos, que suponen que por tomar un cursito o un diplomado, ya les da la autoridad para andar por la calle presumiendo de ser periodistas, sin nunca haber hecho una investigación a fondo, sin haber estado en las fuentes originales y sin haber pasado las vicisitudes que el oficio, para los verdaderos guerreros del periodismo, representa.

En este supuesto, hay muchas personas que incluso tienen espacios importantes en los medios masivos de difusión; Gracias a estos informadores es que tenemos un falso periodismo difundiendo cuanta tontería se les ocurre.

Todos vemos que estas personas permiten que el odio o sus creencias se apoderen de su labor, dejando a un lado el verdadero sentido de esta vocación. El odio ensucia el trabajo, haciéndole perder la objetividad y llevando una innecesaria violencia a las publicaciones; y, sus creencias no hacen más que reflejar una postura parcial y normalmente tendenciosa.

La única manera de hacer periodismo es desde el sitio en el que se genera la noticia; sin intermediarios y siendo testigo de los hechos, de otra forma, lo único que se hace es teorizar con base en criterios poco confiables.

Lejos estamos de los  clásicos como Francisco Zarco, Guillermo Prieto, Ignacio  Ramírez (El Nigromante), Ignacio M. Altamirano, Leona Vicario o Filomeno Mata, o de los más contemporáneos como Elena Poniatowska, Lydia Cacho, Gerardo Galarza o Sergio Sarmiento, por citar algunos.

Ante la falta de plumas confiables, ese falso periodismo genera un sinnúmero de rumores, informaciones equivocadas y teorías que, ante la profunda ignorancia de un porcentaje alto de nuestra población, se posicionan en el imaginario colectivo, con la convicción de que eso que alguien informado y enterado publica, es verdad absoluta.

Por eso seguimos pensando, entre otros absurdos, que los gringos son culpables de todos los males del mundo, pasados, presentes y futuros.

Que conste que el que escribe es un mortal columnista, jamás les faltaría al respeto a los profesionales asumiéndome como periodista.

Abrazo de cuarentena.

horroreseducativos@hotmail.com