FENOMENOLOGÍA DEL COLOR
Los colores no terminan donde acaba la luz, empiezan cuando intentamos ponerles un nombre; así lo expresa la investigadora en colimetría Sara Viloria, quien es una destacada artista que ha dedicado su vida a investigar sobre los tipos de colores que existen. Cuando fuimos niños nos enseñaron que existen doce y todo se reducía a un estuche de doce colores que formaban parte de nuestros útiles escolares. Lo más cercano a la exploración de otros tonos ocurría al mezclar los colores primarios.
Hablar sobre color es también hablar de historia, de desempolvar su nombre a través de la crónica, que es lo que observamos todos los días; es saber que no existen solo doce opciones y que cada color guarda un significado que con el paso del tiempo ha marcado estatus, o se ha degradado según el contexto social. Antiguamente, solo existían pocos nombres para los colores; todos los demás tenían que ser inventados. Es por ello que algunos colores llevan el nombre de las flores, de las piedras, del cielo, de los animales, de los recuerdos. En palabras de la investigadora Sara Viloria: «Nombramos lo que vemos, hablamos de lo que sentimos, porque ver y recordar no son la misma cosa».
De esta manera, los colores han sido a lo largo de la historia no solo símbolo, sino moda, una forma de clasificar, pero también de interpretar a partir de nuestro contexto. Aquí algunos ejemplos: en el mundo corporativo es bien sabido que los colores beige, azul marino y blanco denotan confianza y liderazgo, mientras que, del lado de la psicología, el color naranja estimula la atención rápidamente y genera confianza, de ahí que varios negocios de comida lo elijan para pintar sus comercios. Algo similar ocurre con la medición para denotar que algo sea delicado. Hace pocos años surgió el famoso violentómetro, en el que segmenta de verde a naranja, de naranja a amarillo y de amarillo a rojo, siendo este último un color que indica peligro; es el nivel más alto y representa violencia.
Hablar de colores no solo es para invitarnos a abrir los ojos a la curiosidad, sino para dejar de ver desde el prejuicio y la forma errónea en que nos han vendido los colores. En nuestro país resulta hasta hoy en día escandaloso que una mujer use el color rojo, más aún si lo porta en un vestido; se describe a una mujer como provocativa si porta un color atrevido. Lo mismo sucedió en la Ciudad de México en la alcaldía Cuauhtémoc, donde el gobierno quitó los rótulos llamativos de los negocios y en su lugar se pintaron de color blanco. Pero estos colores llamativos son un distintivo de la forma en que el mexicano ofrece un servicio; sin embargo, parece que pintar de color blanco la alcaldía serviría para dar una mejor impresión a tantos extranjeros que llegaron a nuestro país en el reciente mundial.
Usamos el color blanco para denotar algo puro, de ahí que lo usen los religiosos, los médicos y enfermeras que se hacen cargo de lo relacionado a la salud, o se vistan de blanco las novias. Por su lado, el color negro para mostrar luto o seriedad. A propósito del color negro, todos hemos pensado que el cielo o la noche son negros, pero ¿realmente hemos observado el color del cielo? Porque al mirar con atención estamos describiendo cómo nos sentimos; el cielo está ahí en todo momento, lo que ha cambiado es la forma en cómo lo vemos. De esta manera, el color guarda también su propia memoria. En cambio, el color púrpura, que algunas veces vemos como escandaloso, antiguamente era ocupado por los reyes; por lo difícil de obtener, era símbolo de poder. En México, el púrpura se obtiene de una forma tan creativa y respetuosa; los mixtecos lo llaman tixinda, el cual obtienen de un caracol en las costas de Oaxaca. Los mixtecos no sacrifican a los caracoles, solo vierten sobre algodón las gotas que contiene el caparazón del caracol. Por ello, el color púrpura se vuelve valioso, porque representa un proceso natural.
Aunque de niños aprendimos que solo existían colores que se reducen a doce opciones, es una tarea de los adultos descubrir en nuestro paso por la tierra que hay mucho más que un solo color en el cielo, en las tardes, en el mar, en los rayos que emiten las lámparas, porque todos hemos visto la tarde; sin embargo, pocas personas saben que la tarde tiene colores muy particulares que, al nombrarlos, traen nostalgia. Los colores no tienen prejuicios, fuimos nosotros quienes los creamos; así mismo los colores no tienen categorías, hemos sido nosotros quienes les dimos valor al querer pertenecer a un grupo.

