Finanzas en Pareja

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Resulta bastante útil que hoy sea 14 de febrero, Día del Amor y la Amistad. Y lo que resulta aberrante es que, al igual que San Nicolás, San Valentín fue arrancado del Catolicismo para crear toda una industria comercial y seguir alimentando al Capitalismo.

Tristemente ya poca es la gente que recuerda la vida de este importante Santo. Pero como esta columna es de Finanzas, le invito a que, por su cuenta, la investigue y conozca un poco más de la vida de San Valentín.

En la Antigüedad, el hombre era la cabeza de la familia y el encargado de llevar el sustento a la casa. Hoy la mujer ha alcanzado niveles y posiciones que antes eran impensables o incluso risibles. Antes, la mujer se casaba y vivía para servir en el hogar atendiendo al esposo y a los hijos.

Hoy, sigue pasando lo anterior, pero es cada vez más visible y aceptado que la mujer ya no se case, o ya no quiera tener hijos, o que trabaje y que incluso gane más dinero que el hombre. El hombre, ahora, ayuda en las tareas domésticas y eso no parece asustar ya a nadie.

Y es aquí donde entra el tema de finanzas. Pensemos en una pareja, ambos trabajan, y ambos están acostumbrados a ciertos niveles de vida. Siempre debe haber comunicación, ya que, si no hay tal, la relación empieza a cuartearse como los muros y paredes.

Conocí a una pareja, compuesta por un hombre y una mujer, ambos trabajaban, pero la comunicación no era muy buena, pues no sabían cuánto ganaba el otro. ¡Error! Se habían organizado de manera que el hombre cubría todos los gastos del hogar y a la mujer le correspondían los costos de las colegiaturas y de la escuela de los dos hijos. ¡Segundo Error! La mujer se las veía negras, pues a duras penas completaba para lo que le correspondía. El hombre, quizá también, pero nunca se lo comunicó a su esposa. El tiempo pasó y la mujer encontró un nuevo trabajo con lo que no sólo cubrió lo que le correspondía, sino que le sobraba. Y en lugar de comunicárselo a su esposo, para ver si necesitaba ayuda, –al final de cuentas, el hogar era de ambos y los hijos también– decidió comprarse cosas para ella, –ropa,  zapatos, cambió de automóvil, e incluso se fue de viaje–.

Eso incomodó al hombre y empezó como una competencia para ver quién se  compraba qué, –también se fue de viaje–. Ya imaginará el triste final de ese  matrimonio ¿verdad?

Basta decir que los dos se endeudaron para intentar ganar esa competencia que nadie ganó.

¿Qué hubiera sido lo correcto?

Comunicar al otro cuáles son los ingresos, juntarlos –no me refiero a casarse por bienes mancomunados ¿eh?, es más ya la gente ni se casa– una vez que se tienen  unidos los ingresos, comunicar cuáles son los gastos del hogar y de los hijos. Puede que uno aporte el 60% y el otro el 40% restante. Hablar en cantidades y no en conceptos. Porque, por ejemplo, si uno dice: te tocan las colegiaturas, puede que le represente el 90% de su ingreso. Y el que dice, me tocan los gastos del hogar, puede que los afronte fácilmente con el 50% de su sueldo.

Es muy diferente decir: De nuestro 100% (60/40) las colegiaturas representan el 35%. ¿Qué vamos a hacer con el dinero que nos sobra una vez que ya enfrentamos todos los gastos? ¿invertirlo? ¿Adquirir un terreno? ¿comprar una nueva casa? ¿Te quieres ir de vacaciones con tus amigas? Fíjate que a final de año, los amigos pretendemos hacer un viaje en motocicleta por el Estado.

Tristemente, está muy difundida la ley de oro: el que tiene el dinero hace las reglas, o su variante, el que paga manda. Y aquí es donde digo que entra la educación integral de la persona, la empatía, el saber que ya no es uno sino dos personas, como dice la Sagrada Escritura: se unen para ser una sola carne. Lo que le afecta a uno le afecta al otro. Lo ideal sería que aquél que gane más, no ningunee a su pareja o lo haga sentir menos, ni se aproveche de su situación.

Por eso, como lo he dicho anteriormente, las Finanzas no sólo se trata de dineros, sino que se trata también de hábitos, costumbres y educación.

¡Feliz día de San Valentín!