FRANCISCO MARTÍNEZ DE LA VEGA, POLÍTICA
Su sola presencia y su solo nombre ocasionan en quien lo ve o lo nombra respeto y admiración. Francisco Martínez de la Vega, nacido en San Luis Potosí, México, en el año de 1909 y, fallecido en ciudad de México en 1985, dice la cuarta de forros del texto titulado Francisco Martínez de la Vega / Personajes publicado por Océano en el año de 1986 en ciudad de México. De él, se dice en la primera solapa: mexicano lleno de pasión por todo lo que concierne a su tierra, periodista y político cuya solidez sólo podría equipararse a la eficacia con que desempeñó ambas actividades. Don Francisco Martínez de la Vega fue uno de esos hombres a los que una generación llamara maestro y las demás recordarán por su talla de patriota. Difícil andar en la política y ser periodista o viceversa. Difícil es andar en el mundo de la política donde todo actor es chivo en cristalería y por igual, se consideran profesiones contrapuestas. Pues bien recuerdo como en Roma, Italia, en mis épocas de estudiante se puso a la sociedad italiana la pregunta: ¿Se debe dar siempre la verdad al pueblo, sin que este pueblo corra el peligro al saber dicha verdad?… Es decir, debemos o no saber toda la verdad sobre los acontecimientos sean cual sean estos. En la búsqueda de la verdad el periodista está obligado ética y moralmente, si es que quiere cumplir con sus obligaciones profesionales y humanas. Mientras que el ‘político’ a diario está batallando sobre si debe decir la verdad o no a su pueblo. ¿Es correcto decir a los mexicanos la cantidad real de muertos desde que inició en febrero la pandemia dentro de nuestra patria? ¿O se debe esconder dicha verdad tras las mentiras de un funcionario como Hugo López Gatell, quien con todo cinismo da menosprecio a los sucesos del Covit-19 sin atender los intereses del pueblo: para decir sólo órdenes y dicho que le dan desde arriba?… Lo que sorprende en este caso, es que don Francisco Martínez de la Vega es un político respetable y respetuoso. Un periodista admirable que labora bajo el liderazgo del periodista José Pagés Llergo —a esa generación brillante que unió lo mismo fecha de nacimiento y vocación por el periodismo— en la revista Siempre! cuando vive su mejor época en el siglo pasado. Un periodista que además fue político. Se dice fácil, seguramente que fue complejo y difícil, pero la inteligencia y sabiduría de don Francisco, le permitió andar entre esos senderos de espinas y cactus, de piedras y de baches, a cuál más y más profundo, y sobrevivir con gran dignidad a esta experiencia de vida.
Vivió 74 años y participó seguramente, de momentos de la postrevolución de lo más interesantes que dio el siglo pasado. Leo en el texto de forros: Desde su inicio profesional en El Nacional Revolucionario hasta su última época en la revista Siempre! Exceptuando algunos intervalos en que dedicó su tiempo al ejercicio de la política. El periódico enunciado arriba, seguramente era el órgano del gobierno y del nuevo partido político, el Partido Nacional Revolucionario (PNR) nacido el 4 de marzo de 1929, que es antecedente originario del actual Partido Revolucionario Institucional (PRI). Lo que interesa aquí, es que este órgano nacido al fulgor de la revolución que se desea institucionalizar bajo el mando y genio de don Plutarco Elías Calles, reúne a una buena cantidad de periodistas que en verdad aman a México y, desean llevar a cabo los fines de la Constitución de 1917 y los mejores ideales por el beneficio de las mayorías en el país. Así que don Francisco ha de ser de estos intelectuales que esperaban llevar a buen término, en el mundo de la política, los ideales de justicia social, democracia y libertad. Entre ello, bajo un lema cardenista que se resumía en el Partido de la Revolución Mexicana (PRM), segundo antecedente del PRI y que nació en 1938 durante el gobierno de Lázaro Cárdenas: cuyo lema fue Por una democracia de los trabajadores. En ese mundo es que don Francisco Martínez de la Vega se formó, pues en ese tiempo vivía sus primeros 20 y 30 años: vitales para formar su conciencia de demócrata y hombre respetable que lo fue.
Resulta interesante leer en este libro la entrevista que Elena Poniatowska le hace a don Francisco, dice “La serena y alta figura”: Tratándose de mi viejo, imagínese si no… —¿Un cafecito? ¿Un Tehuacán? —No hija, no, si ya te dije que no quiero nada… Busco un enchufe para la grabadora. Paco entonces le pregunta a su mujer: —¿Dónde está Chelo? Chelo que es la que sabe todo lo de mis papeles, todo. —Pero si aquí está el enchufe sobre tu escritorio. —Nunca lo había visto, es la primera ves que me doy cuenta. Enchufo la grabadora. —¿Está usted cómoda allí?, pregunta la señora Concepción Gallardo de Martínez de la Vega. —Sí, hija, sí, no te preocupes, todo está bien. —Ahorita vengo, entonces. Creí que me iba a topar con un hombre mucho más formal, mucho más adusto, porque el mismo físico de Francisco Martínez de la Vega impone, la pulcritud de su traje casi siempre oscuro, su frente amplia de entradas muy grandes, la cortesía de su trato, la blancura de su camisa y de sus manos leves (Es difícil imaginarlo levantando la voz, violentándose.) Además, le tenía miedo a esta entrevista porque hace un año que no hago una y pensé con terror. “A lo mejor ya se me olvidó y no puedo”, y él ¡Ay Dios mío! Es un profesional del periodismo, ¡una de sus cumbres! La serena, la alta figura de Paco a lo largo de todos estos años siempre se me impuso. En las pocas comidas que coincidíamos, permanecí muy quieta, escuchándolo. Era muy afable, cariñoso, casi, con una mirada viva e interesada, alerta, atenta a los demás, a sus movimientos y sus propósitos, pero nunca sentí que lo conocía ni que era fácil llegar a conocerlo. Y después de subir las escaleras de su casa, la primera a la que encontré fue a su esposa: Concepción […] … todo ello sobre el escritorio frente al gran retrato de Adolfo López Mateos y la fotografía más grande aún de Lázaro Cárdenas.
Para medir a un personaje hay que ver quién le juzga, o da su opinión, y este relato de Elenita Poniatowska, otra de nuestras grandes periodistas del siglo XX y ahora del XXI me interesa, porque refleja la personalidad humana del periodista que fue respetado por propios y extraños. No era el típico político, dice la entrevistadora, que desea revisar todo, sino que le deja en total libertad para que publique y arregle lo que ella considere. Y más aún, no insiste en su extenso curriculum, sino que expresa su deseo de que se le cite lo menos posible en este aspecto.
Muchas son sus colaboraciones en la revista Siempre! No basta insistir en el hecho de que alrededor de la misma se reunieron los mejores periodistas y hombres y mujeres de la cultura, para hacer de ella lo más significativo de la prensa, cuando existía la larga trayectoria de revistas culturales hechas por los mejores poetas y escritores de su tiempo, y la revista cubriendo su parte informativa, ponía especial atención en los artículos de fondo y en su suplemento cultural. Sus temas escritos están ahí, dando ejemplo ideológico y político: Lázaro Cárdenas: hombre fiel a su patria, a su tiempo, a sus convicciones publicado en la revista Hoy con fecha del 19 de septiembre de 1949. Uno más ¿Pasado o presente?, donde expresa: La Revolución Mexicana no podrá curarse de la terrible parálisis que actualmente sufre mientras no resuelva a satisfacción esta incógnita apasionante: ¿Cárdenas es pasado o presente?, es de fecha 28 de enero de 1950. Lo que aportan los mejores periodistas es que fungen como cronistas de su tiempo, y a la vez revisores de la historia. Pasado y presente está en ellos de una manera mágica, y por lo mismo su recuerdo es imborrable. Fueron aquellos tiempos de los cincuenta cuando aparecieron, según el periodista, los hipócritas que se daban aires de juaristas, yendo a los ritos religiosos sin atender a la Constitución, y siendo más maléficos que los propios sinarquistas que ingenuamente se atrevían a encapuchar a Benito Juárez. De nueva cuenta, los testigos de aquellos que se cambian de bando como chapulines a través de las décadas y los siglos. Él no fue de esa madera podrida, ni aceptó hacer de su profesión un vacío espiritual.

