Fundar revistas y periódicos

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Fundar revistas o periódicos es tarea de gigantes, y no asunto de banalidad temporal. Bien en México para el nacimiento de revistas como: Tiempo, Siempre!, Plural, Vuelta, Nexos, Letras Libres, Proceso y varias más, que en el siglo pasado surgieron y son parte del alma de lo que México es. Sus directores son parte de la historia del periodismo: Martín Luis Guzmán, José Pagés Llergo, Octavio Paz, René Avilés Fabila, Julio Scherer, Héctor Aguilar Camín y Enrique Krauze, entre otros; esto sólo por hablar de revistas de política, literatura y cultura en general.

Infinito es el número si citáramos revistas especializadas de CONACYT, UNAM, UAM, IPN, Colegio de México, y de universidades de educación privada en el país, las cuales forman el enorme rompecabezas de la cultura nacional en el siglo pasado y en el presente. El mundo del periodismo, que por su naturaleza aparece disperso en especialidades y en intentos de muchísimos amantes de las ediciones, es al formar su rostro, una de las expresiones más ricas del México del siglo XXI. Y una de las formas más bellas de expresar el espíritu democrático, liberal y tolerante de nuestro ser.

Regresemos al siglo XIX, dice María del Carmen Millán: Micrós (es como decir Ángel del Campo) reconoce la gran influencia que Altamirano ejerció en su vida literaria, de la cual le enseñó el camino. En las páginas rebosantes de gratitud, escritas poco antes de la muerte del Maestro y recogidas en Cosas vistas, y en las de Luis González Obregón que sirven de prólogo a Ocios y apuntes, se pueden encontrar el retrato del hombre que fue Altamirano en sus últimos años, Maestro en su casa, en la tribuna, en el libro y en la prensa; guía de la juventud, amigo incomparable y el escritor más prominente y respetado de su tiempo. Es tan bello ver lo que hacen los Maestros que educan a las generaciones de la Reforma y a los que han de venir. Ignacio Ramírez e Ignacio Manuel Altamirano siguieron la huella de Sócrates en su pasión por educar a quienes venían después de ellos.

De Ramírez, sabemos, fue la idea de crear becas en el Estado de México para hijos de familias pobres, que pudieran venir a estudiar al Instituto Literario de Toluca, una de las pocas instituciones educativas que se alejaba del rigor religioso de la iglesia católica, para educar dentro de la filosofía del positivismo, y en las nuevas corrientes que venían del mundo liberal de Europa. Dice la prologuista: De la mano de Altamirano empezó Micrós a subir la escalera literaria, de la que el periódico es el primer peldaño. Periodista como Fernández de Lizardi, Guillermo Prieto, José T. de Cuellar, como el mismo Altamirano, Gutiérrez Nájera y Luis G. Urbina, logró hallar su camino propio, su personalidad y su misión, en la lucha diaria por la expresión de las ideas. Sus textos, en artículos han de relatar el México de ese siglo. Buscando dar un retrato de lo que es el país que nace en un siglo convulsivo. Escribe de Doña Chole, ¿Pobre viejo?, El caramelo, La mariposa, Las violetas, El ciudadano Gestas, en fin, de lo cotidiano surge todo, es un cronista con perfil perfecto para serlo, por eso recupera al pueblo en su esencia. Siempre la lección de Francisco de Quevedo, de Federico García Lorca, de Ignacio Manuel Altamirano: hay que ir al pueblo… salir de él, para retratar, entonces sí, el alma del mismo con la justeza necesaria, que no convierte el escrito en especulación inservible en todos los sentidos. Es decir, texto que el futuro ha de desechar y no maravillarse; como sí sucede con los textos de Ángel del Campo, que nos aporta el espejo de los últimos cincuenta años del siglo XIX.

Legendarias son historias en creación de revistas, inolvidable para México, América y sobre todo Cuba, el personaje señero que es José Martí, el estudio de su vida es sorprendente en todos sentidos. Vivió sólo 43 años, pero en esos fundo toda una cultura de hombre renacimental, para el que nada de lo humano le fue ajeno. De romance e ilusión es la creación de su revista La  Edad de Oro, en facsimilares aparece como un material inolvidable; refleja en dicha creación el espíritu noble, humanista y atento al desarrollo de la niñez, en la que seguramente Martí veía el verdadero futuro de la democracia en América. Hombre de tantas cualidades, lleno de nobleza, dice sobre México, en una carta dirigida a Luis G. Urbina: La mañana del día que amanecí en México, no bien salí del hotel, fuime a sentar a una banca del Zócalo. ¡A que no sabes a qué? Pues a respirar aires de libertad a plenos pulmones.

Me recuerda esto al poeta cubano, libertador también, en su deseo de ver a Cuba libre de las cadenas españolas, el que, desilusionado de México, en sus últimos años de vida tuvo que soportar los peores momentos, acompañado de la enfermedad que le mataría. El México que conoció Heredia fue el del país que estaba entre la espada y la pared de la barbarie, acompañada por la presencia en ese tiempo de Antonio López de Santa Anna. Al mismo al que como diputado José María Heredia le negaría su propuesta ante la diputación del estado de México, para poner a sus correligionarios y aduladores como hijos pródigos de la patria. Tal y como lo ha de hacer Porfirio Díaz cuando llegue su tiempo. Nada en vida, para que nada sea después achacado a nepotismo o deshonestidad, tal posición le costaría ser cada vez más un exiliado en nuestra patria por la vida política.

La Edad de Oro, publicado con el prólogo de Max Mendizábal, e impreso por Editores Mexicanos Unidos en el año de 2008, dice lo siguiente: …centro sin fin de atributos que brinda cada una de sus páginas con sus paisajes históricos, reseñas, poemas, cuentos y fábulas, muestra a los lectores lo que difícilmente aprenderían y comprenderían por otros medios, que la vida tal y como la contemplamos ahora no surgió repentinamente, que si arribamos a este nivel no se debió de modo exclusivo a la aportación, invaluable sin duda, de descubrimientos e invenciones de un selecto número de genios, sino que en su devenir de la historia  intervinieron incógnitos antepasados que paso a paso, mediante la observación de la naturaleza, se ingeniaron con paciencia y experimentaciones en ir domeñando y aprovechando así sus riquezas. Es decir, José Martí, en sus publicaciones pone el pensamiento y las investigaciones a través del desarrollo de la cultura, de lo que es el desarrollo físico y humano. No hechos de fiesta de cuetería que hace surgir el mundo o la humanidad. Son las épocas de oro del desarrollo humano —al estudiarse—, tal y como lo hace Carlos Darwin en su desarrollo de las especies, el propio estudio material y espiritual de las proezas humanas, permite comprender por qué el hombre del siglo XIX es como es.

Porque se ha formado a través de épocas que o bien son de oro, o de cobre, pero al final de cuentas todo un desarrollo que permite comprender, entonces sí, lo que es el hombre y la mujer en la historia del planeta y de su propia especie. Obra dedicada a la niñez, obra que se centra en esa niñez que nos refleja en célula lo que puede ser de grande. Pero en la ingenuidad de esa edad, permite comprender lo grande que es la infancia, y lo más grande que puede ser el desarrollo humano si se sigue la visión honesta de los infantes. Por eso dice Max Mendizábal: Leer La Edad de Oro es asombrarse, salir a pasear y a investigar en compañía de un guía experto y amoroso. Por eso, La Edad de Oro, título que podría referirse a la heroica lucha de la humanidad por superarse, en este caso califica a la edad más alegre y alerta de los seres humanos: la niñez. La Edad de Oro seguirá siendo una obra cumbre de la literatura universal. Pensemos, sólo cuatro números, y son leyenda. Cuando los genios las hacen: como Pablo Neruda o José Martí… con unos cuantos ejemplos nos dan lecciones de su visión sobre el mundo, hombre y ecología. José Martí, vida de periodista inmortal. Vida increíble por sus hechos y logros. Hace bien el pueblo cubano en considerarlo el Padre de la Patria y en México el amarle.