Hablamos de Poetas y Poemas

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Podemos creer que todo lo que la vida nos ofrecerá mañana es repetir lo que hicimos ayer y hoy. Pero, si prestamos atención, percibimos que ningún día es igual a otro. Cada mañana trae una bendición escondida, una bendición que sólo sirve para este día y que no puede guardarse ni desaprovecharse, si no usamos este milagro hoy, se perderá. Este milagro está en los detalles de lo cotidiano y es preciso vivir cada minuto porque allí encontramos la salida de todas nuestras confusiones, la alegría de nuestros buenos momentos, la pista correcta para la decisión que ha de ser tomada. Por eso no podemos dejar nunca que cada día parezca igual al anterior porque todos los días son diferentes.
Presta atención a todos los momentos, porque la oportunidad, el instante mágico está a nuestro alcance.
Y es así que al hablar de poesía y leer poesía lo hacemos sin percibir lo que realmente quiso decir el poeta. Y siempre tenemos en nuestra mente o recordamos a los grandes poetas que ya no se encuentran entre nosotros y dejamos de lado que tenemos poetas vivos, poesía que vive, y hoy leyendo un poema encontré ese instante mágico.

Hablemos pues, de Eduardo Alquimero y su Poema:
La mujer callada
Sucedió como azote intempestivo,
marejada de un viento púrpura
que zanjó de improviso mi congoja.
Ocurrió simplemente;
así como ocurre la lluvia
y después el arco iris
y después el petricor que perfuma.
Porque hay cosas y seres
que sólo acontecen
sin actos premonitorios
sin fastuosa parafernalia.
Eventos errantes que tocan y calcinan
bajo el embrujo de un susurro
de azar incomprendido,
que es y será magia.
como ella,
imperfecta y única,
irrepetible e irrevocable.
Dueña de sus días
del destino de su tacto curandero,
de sus ojos nostálgicos
donde palidecen las penurias
y descarrilan los miedos.
Nunca fue mía, siempre lo supe.
La tuve cerca por un instante;
pude palpitarla, beberla y mirarla
largamente,
como cuando se observa la luna llena
asomándose entre nubes viajeras.
Fui testigo moribundo de aquel milagro
donde le florecieron primaveras
detrás de la mirada,
se reavivaron sus incendios
y volvió a llover sobre su piel dormida.

Más nunca fue mía,
aquella mujer callada
solo fue ave de paso
por mi trashumante vida.

                                Un instante mágico…diría yo