Hablemos de princesas: LA PRINCESA BLANCA (La huida)

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La princesa blanca

ha emprendido el viaje,

los sueños y anhelos

forman su equipaje.

Una callada sonrisa

la despide de aquel tiempo

y va buscando un espacio

entre las nubes del cielo.

Nada temía la princesa

aunque la noche era oscura,

sus apresurados pasos

los acallaba la lluvia.

Al fin llegaba a cubierta

entre los brazos amados,

realizando aquellos sueños,

largos años esperados.

El mar rugía embravecido,

grandes olas levantaba

y sentía que poco a poco

la embarcación naufragaba.

El amor más puro y tierno

la había aguardado impaciente,

aunque el tiempo protestara

demostraba ser valiente.

Había roto las cadenas

que la ataban inclemente

para seguir el amor en este

tiempo y espacio

donde se unirían por siempre.

El amanecer era gris… tan gris

como la tristeza

y los recuerdos volaron

a otro país y otra época:

era 1513 cuando aparecía en

cubierta, el cuerpo de un

hombre noble, que moría por

su princesa,

se lo llevaron las olas, no se

cumplía la promesa

y ella ya sin su amado

elevaba una oración

y le prometía esperarlo

con la bendición de Dios.

Bajó a tierra custodiada

por siete cadenas de amor

encerrando los anhelos, los sueños,

las alegrías, de dos almas que aún

se buscan con la promesa de amor.

La princesa ahora vive

en este tiempo y espacio y ha sido

prisionera de otro amor y otros brazos,

pero los recuerdos quedan

y las promesas se cumplen,

y allá en el silencio eterno, en donde

se descorre el velo…

dos almas se han encontrado

entre las brumas del tiempo.

Aunque pasaron los siglos,

no se borraron las huellas

del amor del hombre noble

y aquella blanca princesa.