Hacia adelante

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La vida está llena de encrucijadas que nos llevan a tomar decisiones, tomarlas nunca es sencillo, pero resulta aún más complicado cuando cargamos con acciones, experiencias o malestares del pasado; sin una visión a futuro, libre de obstáculos, nos condenamos a fracasar inexorablemente.

Centrarse en el futuro implica más que ese añejo cliché de mirar hacia adelante; implica un cambio profundo en la mentalidad y la actitud hacia la vida. El pasado, con sus errores y fracasos, puede ser una carga pesada si nos aferramos a él, sin embargo, perdonarnos a nosotros mismos y a los demás es clave para liberarnos y concentrarnos en lo que realmente importa: nuestro crecimiento personal y profesional.

El perdón es un acto poderoso que no sólo libera al perdonado, sino también al que perdona; al dejar de lado resentimientos y culpas, se abre espacio para construir un futuro mejor. Esto no significa olvidar las lecciones aprendidas, sino aprender a usarlas como trampolín hacia el éxito. 

Reconocer nuestros talentos y áreas de oportunidad nos permite cultivar un sentido de propósito y dirección; nadie merece ser cuestionado permanentemente por un error del pasado, sobre todo cuando hay la actitud para cambiar paradigmas.

Los talentos son dones naturales que todos poseemos en diferentes grados, nada más debemos identificarlos y, con esa certeza, desarrollarlos para ir construyendo rutas que nos permitan descubrir una mejor versión de nosotros mismos. A la par, resulta crucial reconocer nuestras áreas de oportunidad porque ahí está la condición para, con decisión y esmero, mejorar aquellas cosas que nos han generado conflictos. 

Todo ser humano es capaz de hacerlo, porque la inteligencia es justo eso, adaptarse a los cambios y luchar incansablemente por ser mejores. 

Esa visión a futuro, optimista, implica establecer metas claras y alcanzables, significa no tirarse en la hamaca y luchar para que las cosas sucedan, versa aquel adagio, si no quieres obtener los mismos resultados, no sigas haciendo las mismas cosas.

Esto también nos obliga a motivarnos lo suficiente para superar obstáculos y mantenernos enfocados en lo que debemos; priorizando aquello que vale la pena y dejando de lado lo que nos afecta o incomoda. La toma de decisiones tiene que estar alineada con un catálogo de valores y con las aspiraciones más profundas que tengamos. 

Cuando nos centramos en el futuro adecuadamente, estamos perfilando la vida que deseamos vivir, visualizando nuestras metas y trabajando por ellas, creamos un sentido de autorrealización y satisfacción personal. Esto no nada más mejora nuestra calidad de vida, sino que logra permear positivamente en quienes nos rodean.

Esto, bajo ninguna óptica, implicará ignorar por completo el pasado; es mandatorio reflexionar sobre nuestras historias de vida, en ello podemos encontrar esa sabiduría que nos permita encaminarnos en la ruta correcta; de nueva cuenta, el perdón, juega un rol protagónico en la ecuación, nada ganamos con estar jode y jode con lo mismo, más bien hay que liberarse de cargas emocionales que obstaculizan nuestro progreso. 

Como hemos hablado en otras ocasiones, la actitud es fundamental y muchos pensadores así lo han dejado claro; Miguel de Unamuno decía, procuremos ser más padres de nuestro porvenir que hijos de nuestro pasado; Sara Shepard expresó, es más divertido pensar en el futuro que cavar en el pasado; Gandhi determinó, sé el cambio que quieres ver en el futuro.

¿Por qué anclarnos y no liberarnos?

horroreseducativos@hotmail.com