HIAM

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Qué aburrida habría sido esta vida si no la hubiera conocido. Por mi oficio, precoz, he viajado mucho, he devorado libros y he conocido casi a una multitud de gente. Desde príncipes hasta mendigos. Mentes brillantes, seres mediocres y artistas sofisticados, presidentes, ministros… la lista es kilométrica, pero mi personaje favorito que habita en la realidad, se llama Hiam.

 

Es una hermosa árabe que salta como canguro, se sienta como bailarina de ballet, y camina como quien patina sobre hielo. Es mi amor platónico, porque en este tipo de sentimiento no existen ni el deseo ni los dramas, más bien, es una mezcla de contemplación y admiración. No me hubiera perdonado nunca morirme y no haberle escrito esto, que se me antoja, es una suerte de espejo para que se vea mejor, una especie de extraño regalo, para que lo lea cuando esté triste.

 

Por razones que no diré, no puedo revelar el tipo de relación que tenemos, pero la adoro como la hija que siempre quise tener y no llegué a tenerla. Pero yo la he adoptado secretamente porque vivo pendiente de ella. Me hace llorar en seco y me hace reír. Será una excelente sicóloga. Su inteligencia brilla por su locura, y como toda loca flor de autenticidad, ignora su condición, sin embargo creo que, excepcionalmente lo sospecha.

 

Verla es un espectáculo. Su mejor amigo es un genio, y no podría ser de otra manera, un poeta prontuariado que estudia ingeniería, y por quien vivo prendado por ese talento tan salvaje que lo envuelve. Son anfo y dinamita, y ambos tienen la fortuna de tenerse mutuamente en libertad.

 

Hiam es regia entre todas las regias que he conocido. Se viste en la frontera de la moda. Es ansiosa, nerviosa, multipolar, intensa como nadie y detenta una sensibilidad tan grande como si se la hubiera quitado a todo el mundo. Moriría si le pasara algo. Sucede que me faltaba ella para sentir vivamente y sin ninguna vanidad que ya me puedo ir con mi slogan de Misión cumplida. Ocurre que le puso vida a esta vida mía de poeta huraño y solitario que siempre vivió con la sensación de no ser querido.

 

Tengo el honor de guardar sus secretos, y siempre que la veo es otra Hiam, y dicho esto para que vean la grandeza de este ser que llora como si aquello fuera un homenaje a la estética. Podría escribir un libro sobre ella, pero este corazón se agita hasta de pestañear. Y me pregunto con qué propósito he escrito esto y como un resorte la respuesta aparece inmensa, y es, para que me envidien, y también para provocarle a Hiam, quizá, vaya pretensión, una lágrima dulce que llegará a la comisura de sus labios. No dejes de saltar Hiam, que cada día, lo haces más alto.