Historia de la Librería Ibáñez, una tradición que se extinguirá a partir de diciembre

Views: 2218

Primera de dos partes

En el año 2013, publiqué el libro Toluca 200, Historias de familia. Hace un par de semanas me enteré de que la Librería Ibáñez, con 68 años de tradición en Toluca, va a desaparecer tan pronto como termine diciembre de este 2020. Según lo publicamos aquí en poderedomex.com

Hay que hacer notar que la Lbrería Ibáñez superó al crecimiento de la ciudad y a la instalación de Librerías como la De Cristal, con enorme surtido en su momento, tanto de libros de nuestro país como de editoriales sudamericanas.

Quise recorder esa entrevista que no sólo habla de la libreria, sino tambien de lo que había alrededor de ella. La historia como me la contó la señora Martha Yáñez es la siguiente:

Cuando el señor Juan Ibáñez vino a Toluca en 1951, ahí enfrente de este negocio estaba la Papelería El Triunfo, de un señor que se llamaba Tadeo Velázquez. Él hacía unas placas de publicidad para el cine. Ahí platicaban y por algunas cosas que dijeron, se dio cuenta que no había  librerías, según cuenta la señora Martha Yáñez.

El único que vendía libros y eso en forma extemporánea, era el señor Serapio Muciño (abuelo de los actuales propietarios) quien estaba en el Portal 20 de noviembre. Él tenía un puesto de periódicos, vendía unos cuantos libros. También el señor Hugo Avila, en Pino Suárez esquina con Guerrero, que ahora es Primero de mayo, el distribuía el periódico Excélsior, vendía libros en temporada escolar.

Se dio cuenta de eso el señor Ibáñez ya era librero, tenía dos en México, DF. se vino para Toluca, estaba este local desocupado, lo trató y puso la librería. Yo era amiga de los muchachos de enfrente, éramos compañeros de escuela, me dijo Por qué no te vienes a trabajar a la librería. Le contesté Pues a ver si doy al ancho, a mi me gustaba el comercio. Trabajé en zapaterías, dulcerías, llegué aquí y aquí me gustó, él la fundó en junio de 1952, llegué en el 53, trabajé y todas esas cosas, después nos casamos y seguí tras el mostrador. A mí me gusta estar detrás del mostrador. Él iba por la mercancía a México. Todo el vecindario nos conocíamos.

Aquí adelante era la casa del doctor Díaz Arizmendi, en seguida estaban las oficinas de la forestal, más adelante estaba el señor Salgado donde está ahora el estacionamiento, donde estaba La Mansión. Era una casa muy grande, creo que eran dos hermanos, tenían el patio abajo, arriba, todas las habitaciones, una de las hijas del señor Salgado se casó con el señor dueño de la gasolinera que está aquí en la esquina, en La Alameda. Marisela, es maestra, se casó con este señor. De repente pasa a saludarnos.

Enfrente estaba la vecindad, estaba el contador Rafael Millán. Había una oficia de Seguros Mutual. Tenía dos entradas por aquí, Hidalgo, y por Villada, Estaba la Papelería El Triunfo, después el señor Félix González, quien era el sastre, maestro cortador. Había una armería del señor Guadarrama. En la mera esquina estaba el señor Porcayo, quien era el de los radios, a la vuelta estaba un señor Tobías quien arreglaba plumas, ahora ¿quién arregla una pluma?, sobre todo de las que se llamaban pluma fuente, como la Parker, la Sheaffer, les daba mantenimiento, las arreglaba, de los cartuchos, las puntillas, estaba también un señor, que era sombrerero, Efrén. Arriba estaba un dentista Manuel Rosas Martínez y otras oficinas que ya no me acuerdo.

Adentro, había varias habitaciones, eran viviendas. Allá adelante estaba el doctor Mejía Rosas. Mucho tiempo fue oficina del Correo, lo quitaron y pusieron un Instituto Washington, últimamente compraron y pusieron una oficina de gobierno Inesle Instituto de Estudios Legislativos, en esa casa vivió la señora Iracheta, ella vivió ahí, en la mera esquina estaba la gasolinera de José Acra.

De este lado, al norte de Hidalgo, después de la familia Salgado, había unas oficinas, estaba la funeraria López de Marino López y en la mera esquina había una cantina La Ópera.

En donde estamos en este edificio estaba la fotografía del señor Alfonso Alva con su hermano, luego la Farmacia Del Rincón, luego de ella la papelería La Agencia Mexicana del señor Teodoro Sandoval, el papá del que es el notario, luego había una sombrerería del señor Brito, después estaba la refaccionaría Samuel de don Samuel Martínez, en la mera esquina estaba la ferretería de Los Tanamachi, de Guillermo Tanamachi, después una papelería La Iris, había una dulcería de un señor Yáñez, luego la Taquería de El Sol. Enfrente ya por Hidalgo ahora, estaba el Cine Coliseo y todo alrededor eran comercios, estaba la ferretería La Palma, la carnicería La Giralda, una tienda de abarrotes de una maestra Paredes. En la mera esquina estaba una dulcería La UltraEl cine Coliseo, que los lunes era el día de la matinee, en la esquina estaba la Nevería El Globo, en donde era clásico que le sirvieran las famosas Tres Marías, tres bolas de nieve con galletas, la pasaba uno sabroso porque era barato además.

A la vuelta estaba el famoso Don Nacho, de los pollos rostizados, eran españoles, eran muy especiales, después una Zapatería y luego seguía la carnicería La Magnolia de Chava y de su hermano José, toda esa era la cuadra del famoso cine Coliseo.

En la contraesquina estaba la famosa tienda de ultramarinos  El Fénix, donde vendían muy buen café, el jamón de primera, las salchichas, la mantequilla. Luego estaba la entrada del mercado Hidalgo, y de este lado estaba la ferretería La Palma del señor Bernal, había más comercios. En la mera esquina estaba el famoso mercado de las flores, en contraesquina de lo que ahora es el Teatro Morelos, en donde después hará unos años pusieron la juguetería El Refugio, antes fue un estacionamiento. Mas para acá, estaba la Ferretería Tanamachi, después El GallitoEl Biarritz, más reciente al igual que las oficinas de Conciliación y Arbitraje.

Esta calle donde está la librería Ibáñez ¿Cómo se llamaba?

Aquí se llamaba Morelos, nos correspondía el número 32, donde está la Panadería La Libertad ahí se llamaba la calle Libertad por eso el nombre a ésta (que recién desapareció). Los Portales siempre han sido Madero, Reforma 20 de noviembre. De la Alameda para el norte era Manuel Avila Camacho, la otra calle era Filisola, no me acuerdo a partir de que gobierno municipal ya le pusieron norte, sur, oriente y poniente. Ahora ya es Hidalgo poniente 402 C. Siguen igual la calle 5 de febrero, la cuchilla y la de Villada. Donde ahora es Morelos, antes era Mina y para arriba era Filisola.

En donde estamos eran calles de doble sentido, luego se volvió de uno solo, se cambio de oriente, poniente, en donde estaba el monumento a Los Niños Héroes se llamaba Guelatao, era un jardín, ahí terminaba Toluca.

Si fue negocio la librería, sí valió la pena el esfuerzo ponerla en 1952

Creo que sí, porque todo era muy barato. Los libros del Fondo de Cultura Económica costaban 3.50, los de Austral, 6 pesos; el volumen extra costaba 12 pesos. Los cuentos eran de a peso, los grandes de 2.50. Como el señor Juan Ibáñez conocía el negocio creo que sí funcionó, iba redituando. Había unas colecciones de Filosofía entre sus clientes estaba el licenciado Gustavo G Velázquez, quien tuvo una librería cerca de la iglesia de la Santa Veracruz, le preguntaba usted cree que va a durar aquí, venía por la colección de los libros sobre Filosofía que publicaba la Editorial Thor, costaban dos pesos, se los llevaba y si no funcionaban en su local le decía, después se los vendo otra vez, fue uno de los primeros clientes hasta los últimos años antes de morir, seguía viniendo.

Tenía un hermano sacerdote, le gustaban mucho los libros de historia, venía y se los encargaba, por si los podía conseguir y sí los conseguía.

Poco a poco se fue acreditando el negocio y se fueron trayendo más libros. Antes, también, se leía bastante. Traía unos libros de vaqueros, unas novelitas que costaban 1.50 eran de vaqueros del oeste, otras de amor. Empezaban las de Corin Tellado, después empezaron a salir las de Caridad Bravo Adams. Había libros para seminaristas de Hugo Wast, cuyo nombre real fue el de Gustavo Adolfo Martínez Zuviría, de nacionalidad argentina. Otra que se vendía mucho era La buena tierra, de Pearl S BuckLas llaves del reino de A. J. Cronin. Ahora ya no llaman tanto la atención.

Me acuerdo que antes las primeras ediciones eran de 3 mil ejemplares y ahora son de mil.

Ahora también hay editoriales que ya desaparecieron, o se han fusionado para seguir persistiendo en el mercado. Ahora ya sin las obras de antes, que ahora son muy pocas. Antes, allá atrás, teníamos las novelitas, venía la gente y decía me llevo cinco, había de misterio, las que hablaban de Arsenio Lupín, costaban 1.50, se vendían y ahora ya no pasa lo mismo ni tampoco las piden.

Ahora se llegan a vender porque en las escuelas las solicitan y eso entre comillas, les dejan las tareas a los muchachos, vienen, preguntan cuánto cuesta el libro, luego vengo, no sabía por qué hacían eso, les dejan leer México Bárbaro de John Kenneth Turner, lo bajan de internet. De repente el maestro se dio cuenta, les pregunta si lo leyeron, si lo compraron y le dicen que sí, que cuesta cincuenta pesos. Ese es el secreto de que vengan muchos nada más a preguntar, pero no a comprar ni mucho menos lo leen. Ahora les exigen lleven el libro, lo firma el maestro. Son obras no muy caras, les están obligando a leer una novela cada mes.

En la secundaria les piden El viejo y el mar de Ernest Hemingway, 20 mil leguas de viaje submarino. En las escuelas particulares les piden La Ilíada y la Odisea, El Quijote de la Mancha, a veces lo piden en determinada editorial no tan pesada como Sepan Cuántos de Porrúa, cuando comenzó esta colección, en 1959, como la bautizó Alfonso ReyesLa Ilíada costaba ocho pesos ahora 70. Ahora ya van 749 libros en esta colección.

No me gustaba ésta por su formato de dos columnas que hacía eterna la lectura al dar la sensación de no pasar de página como los textos normales, corridos a lo ancho del libro.

Ahora ya la cambiaron. Ese era el estilo de la Editorial Sopena, así sacaba los libros, ahora ya los corrigieron, los hicieron de corrido, digo yo. 

Todavía no era Universidad, era Instituto Literario, sí compraban los alumnos de aquella época de 1952.

Si compraban, había una maestra Rosita Sánchez, daba Biología y uno de los libros que recomendaba era Cazadores de microbios, de Lazzaro Spallanzani, se vendía mucho. (Continuará mañana).