HISTORIA Y CRÓNICA

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Una crónica es un estilo literario cuyo principal objetivo es comunicar al público general lo  sucedido en un acontecimiento o tema pasado o presente, en ella la apreciación del autor del texto toma gran relevancia. La crónica está asociada en sus inicios a la oralidad de los pueblos, donde la comunicación era básicamente de boca en boca.
En cambio la historia es una ciencia social que se encarga de conocer, analizar y explicar los acontecimientos pasados, lo que permite entender el presente de los hechos colectivos e individuales y que tienen como función social entender la evolución de las sociedades.

 
La crónica es por naturaleza subjetiva porque se apoya en el punto de vista de una persona y la historia es toda una metodología científica, que intenta mostrar los hechos de la manera más objetiva posible, buscando en todo momento la verdad histórica.
Imparcialidad y parcialidad como parte de la verdad  son los puntos opuestos en los que se puede plasmar un hecho o acontecimiento. Parcialmente es cuando quien escribe toma una posición y describe el hecho desde su perspectiva.
Imparcialmente quiere decir que quien registra el hecho trata de despojarse de asumir una postura personal y lo analiza desde el punto de vista neutral aspirando a darle  valor científico a su quehacer.

Al revisar el uso que se le ha atribuido al término desde la antigüedad, veremos que “cronista” era aquella persona que escribía los sucesos descritos y ordenados cronológicamente, es decir, acordes al momento en que sucedieron, de los más antiguos a los más recientes.


En un primer momento, el término cronista era sinónimo de historiador, precisamente porque designaba el  quehacer de la persona que registraba los hechos pasados y   presentes en diversos materiales de manera ordenada, con un propósito de trascender en el tiempo. El factor tiempo (khrónos) era la variable más importante para registrar y describir los hechos. La crónica, era entonces el relato de los hechos del pasado hasta el presente, era siempre el registro y la fuente de la historia de las sociedades antiguas.

Un cronista puede trabajar con las dos estrategias de abordaje del tiempo: la diacronía y la sincronía. Por la diacronía puede dar cuenta de los hechos del pasado (es decir, hacer historia) y por el de la sincronía, narrar e interpretar los hechos del presente, que son socialmente relevantes para su comunidad.


Precisamente estas dos maneras de entrar en relación con el khrónos, la diacronía y la sincronía, constituyen la base del doble nombramiento del cronista oficial, primero como cronista (historiador) y segundo, como notario histórico (intérprete y narrador de calidad del presente). Queda claro pues, que en la función de Cronista Oficial y Notario Histórico, hay un quehacer especifico, de valor social y profesional.

En este sentido, mientras mayor sea la preparación del cronista como historiador y como comunicólogo profesional, mayor será la calidad con que desempeñe su trabajo.
La crónica no pretende el registro de todas las actividades de la comunidad sobre una base cotidiana (eso ya lo hacen los medios masivos), sino discernir con inteligencia y consignar cuáles de esas actividades, conductas o fenómenos son y serán verdaderamente significativas para la comunidad. La crónica debe ser selectiva, pues lo que importa es la calidad, oportunidad y trascendencia de la información que aporte, no la cantidad.