I was never the one
De mi diario personal dominguero
Se supone debería ir a mi clase de artes marciales, me levante tarde, es raro en mí. En lugar de eso, decidí ir a correr al monte. Me puse mis tenis viejos, ajuste mi cangurera a la cintura, encendí el teléfono, y saque mis audífonos de la mochila del trabajo. Me gusta llegar temprano porque no hay tanta gente y si quiero alocarme cantando o bailando, así, solita, lo hago sin vergüenza –te dicen–.
Recorrí la distancia de más o menos tres kilómetros, me sentía bien, aunque una de mis rodillas me daba lata, hablé muy seriamente con ella y le dije que aguantara vara, que la estábamos pasando bien. En fin, llegando al kilómetro cuatro, mientras observaba los rayos del sol entre los árboles y escuchaba los beats de la música que había elegido, me dio sentimiento. No chingues, nunca llores mientras corres, porque o corres o lloras, se te va el aire bien cabrón y vales madre. Entonces se me salían las lágrimas y me detenía tantito para poder respirar, así me la pase un kilómetro más hasta que me detuve, camine entre los árboles y abrace a uno, sentí una especie de paz al mismo tiempo, después, me acosté encima de un árbol enorme que estaba tirado. Me daba el sol en la cara, cerré los ojos y chille mientras me preguntaba en voz alta y con los cantos de un tordo de ojos rojos de fondo: ¿Qué me está pasando?, ¿Qué me está pasando?, ¿Qué me está pasando?
El sentimiento viene de muchas cosas, lo entenderías si fueras yo, pero como no lo eres puedo tratar de explicar algunas, no espero que las entiendas porque no estás en mis zapatos y si las entiendes, bueno, compartimos algo. No es fácil llegar a cierta edad en la que se considera ya deberías tener ciertas cosas, ser de tal o cual manera y decir lo que deberías de decir, porque ya estas grande. Son metas personales, y varía de persona a persona según tu criterio y lo que quieras alcanzar para ti, eso ya lo sé. Sin embargo, es esa cierta edad en la que la gente pregunta cosas que me cagan: Que si estoy sola, que sin no tengo hijos, que si no tengo casa, que si no tengo pareja, que porque viajo sola, que porque camino sola, que es peligroso estar sola, ¿haces todo sola? ¿Por qué estás sola? y fregadera y media que tiene que ver con mi estado civil.
Y sí, ya sé que eso debería valerme madres, y más a esta edad, pero insisto, no estás en mí ahora, y no sabes lo que es para mí, esa lluvia de mitos pendejos. Antes no me importaba, has de saber que siempre ha sido mi forma de vivir, sola por aquí, sola por allá, gracias a eso he aprendido cosas, cosas que ninguna otra mujer podría hacer o decir, tal vez hasta presumir. Es cierto que cuando creces, ves las cosas de otra manera, sientes las cosas de otra manera. Es por las muchas experiencias que he tenido en mi corta, pero ya abrumadora existencia, que sé lo que es estar conmigo misma, me conozco de verdad, sé lo que soy, acepto lo que soy aunque me duela, y aprendo, pocos podemos hacerlo, soy neta. Mucha gente solo se engaña a sí misma y por eso no entiende nada, y lastiman, no saben cómo estar solos, no pueden y por eso hieren. He aquí el otro sentimiento.
Según esto, luchamos por las cosas que queremos, entonces el chiste se cuenta solo cuando esperas que alguien lo haga por ti y no lo hace, ¿por qué se siente tan feo? Si te están diciendo en pocas palabras que no te quieren, te hacen un favor, y ¿por qué es tan difícil aceptarlo? Quien no haya sentido apego por algo o por alguien lo felicito, quien no haya sufrido por alguien o por algo, alabado sea, quien no haya deseado algo con todas sus fuerzas, que chingón, ha alcanzado el nirvana, ojala algún día de esta vida lo pueda lograr porque ya no quiero regresar a este pinche mundo.
Hace un par de días vi mi película francesa favorita, de la cual, les comparto la siguiente frase de la protagonista:
“Non, je ne suis la petite belette de personne”- Amelie Pouline
Nunca lo fui de ninguno, siempre escuche el mismo discurso, la paso bien contigo, ya me la sabía, sabía que en cuanto uno de esos cabrones pronunciaba la frase, entendería que no iba en serio, la última vez me engañe, y por eso sufrí, sufrí mucho. Porque nunca han luchado por mí, al menos, hasta ahora, aunque considero, para mí, ya es tarde, ninguno lo hizo y duele haberles querido. Ya no tengo ganas de amar, I was never the one. Nunca fui lo que buscaban. Por eso querido lector, querida lectora, lucha por el amor de los que te aman y lucha por el amor de a quien realmente amas, no lastimes. Si regalas algo, dalo en sus manos, que lo toquen, que lo vean, que lo abran frente a ti, y si no puedes darlo tú, asegúrate que lo reciba. Si quieres ver a una persona realmente, búscala, abrázala, dile que la quieres y quédate, y si no te quedas al menos ya lo dijiste y lo sentiste. Y cuando no haya más que hacer por alguien, vete, vete pronto, no te quedes, porque duele, duele mucho. Y cuando no haya nada más que hacer en algún lugar, también vete, porque si te quedas todo lo malo se repite. Y si ya no quieres ser tú, lo que ves ahora, lo que sientes ahora, cambia, aprende, muévete, busca lo que quieres, no te rindas, porque mientras exista amor mutuo, cualquier obstáculo puede ser superado. Y una vez más verás que el chiste se cuenta solo… mientras haya reciprocidad, cualquier obstáculo puede ser superado.
