Indiferencia perenne

Views: 1564

El sufrimiento es una condición natural en el ser humano, todos pasamos por situaciones que ponen en jaque nuestras creencias, fortalezas y aspiraciones, algunas de ellas necesariamente serán adversas y es ahí, donde de gesta ese dolor que nos acompaña por algún tiempo.

El primer reto es tratar de solventar esas situaciones con nuestros propios medios, con nuestra propia madurez e inteligencia; en sentido estricto, ahí es donde tendrían que parar las cosas, no obstante, y derivado de la cada vez mayor debilidad con la que los padres estamos educando a nuestros hijos, muchas de estas afrentas llegan al punto de ser tan poderosas que no se encuentran rutas de escape.

En ese sentido, no es secreto que los profesionales de la psicología tienen cada vez más trabajo, en tanto las personas acuden a ellos con mayor frecuencia buscando apoyo para dejar de lado aquello que les aqueja.

Si somos observadores, podemos ver en la calle a muchas personas con el semblante perdido, miradas ajenas y comportándose como si se tratase de seres inertes o robots; en casos extremos personas que van con el llanto acompañándolos, lo preocupante del asunto es que el resto de mundo es mudo testigo de esas conductas y pareciera que a nadie le importa el bienestar del otro.

Somos indolentes ante el sufrimiento, hemos normalizado que las personas sufran y ni siquiera indagamos un poco para tratar de apoyar al prójimo. ¿Tan complejo es preguntar si la persona se encuentra bien?

Particularmente con los niños y jóvenes, es de vital importancia mostrar acompañamiento en momentos de crisis, el olvidar un cuaderno o perder una golosina, resultan situaciones doloras para un menor de edad; la intervención de un adulto puede ser la diferencia entre calmarlo o dejar que esa tragedia crezca hasta el infinito.

Pero, de nueva cuenta, encontramos criterios que operan en sentido contrario: incluso en los espacios escolares escuchamos voces como: no nos metamos en problemas, que lo resuelvan en casa, se trata de una familia conflictiva, y demás descalificaciones.

Recién me compartían el caso de una profesora que, ante las lágrimas de una jovencita, decide platicar con ella para indagar en la causa de esa conducta y, eventualmente, ofrecer alguna alternativa para calmarle, cabe resaltar que el área de especialidad de la maestra es justamente psicología.  No habían pasado más de 5 minutos, cuando es interrumpida abruptamente por la autoridad escolar, quien sin cuestionamiento de por medio, le exige a la docente que por favor no se involucre con los alumnos.

¿En eso nos hemos convertido?, en formadores que deciden no hacer algo por los demás por decreto.

Y lo mismo pasa en las organizaciones, ante el dolor humano mostramos mayor saña; si alguien tiene una problemática, inmediatamente sufre el escrutinio público y las burlas de sus compañeros de trabajo.

También en las familias, con mucha frecuencia vemos que se llega al punto de correr a familiares de casa, se lucha por bienes, se ofende al de enfrente o se desea el fracaso del otro.

Esa indiferencia perenne en nada abona a la solución de tantos y tantos problemas que nos aquejan como personas o sociedad.

horroreseducativos@hotmail.com