Inexplicablemente parecidos
Lugares cotidianos, conexiones no imaginadas, pensamientos jamás pensados, a lo largo un pasillo de ladrillos fríos, sólo un fuego que puede nacer. Nuevamente estoy aquí en la burbuja narrativa para introducir una historia más, sí esta es la historia de dos sujetos ajenos, cuyos nombres desconozco. El contrato dice que le llamemos él y ella, y les advierto que es un tiempo acrónico, por lo que los sucesos pueden ser o no como los cuento.
Aquí le dejo hablar a ella:
“Veo en mi librero y pienso en él. Miro una y otra vez ese libro: La vida es sueño. No es más de Calderón de la Barca, el libro se lo ha apropiado él.”
Retomemos el pasillos y las conexiones en común, el encuentro de perfectos desconocidos crean un nuevo universo que podrá o no podrá ser, eso lo deciden ustedes. Los ladrillos nos transportan a un lugar cerca donde la marca suele vender más que el café.
Aquí lo dejo hablar a él:
“Ella habla y habla, no puedo decir que no es interesante; pero no la puedo dejar de mirar”.
Ambos sonríen, el primer encuentro puede llevar a una satisfacción mutua. Existe la atracción, pero ¿habrá amor?. Como narrador me gusta ser cupido, así que sutilmente hago que la chica olvide unas cosas que no me detendré a escribir en el coche de propiedad del chico, esto para que él tenga el pretexto perfecto para volverla a ver. Sí ya me los imagino juntos, pues de la atracción hay un gustar y del gusto surge el aprecio que es el amor.
Salto de pasado a presente, de pasado a futuro. Aquí le dejo hablar a ella:
“Veo en mi librero y pienso en él. Miro una y otra vez ese libro, no lo puedo dejar de ver: La vida es sueño. No es más de Calderón de la Barca, el libro se lo ha apropiado él.”
¿Creen en el destino, en esa fuerza capaz de unir personas? Yo sí, y sujetos como ellos no hay, son sujeto inexplicablemente parecidos, sus situaciones cotidianas se repiten, tienen gustos en común o exploran nuevos gustos con tal del pasar el rato juntos. Ambos han entregado su vergüenza, que es símil al alma humana, están conectados: cuando no se ven se extrañan, cuando están juntos no pasa el tiempo, se funden en uno mismo.
No entiendo por qué los encuentros no los iluminan, ¿por qué no expresan? y ¿por qué son y no son? Yo me he metido en sus cabezas, sé que se gustan, que se aprecian, pero el humano es tan complejo que de la nada he sentido lágrimas caer. Las ideas son recíprocas, el enojo no es excusa para que estos sujetos inexplicablemente parecidos se distancien
Aquí le dejo hablar a él:
“Sé que me gusta. Me lo paso genial con ella, pero…”
Pero dilo, no aguanto más este pesar. ¿Por qué no puedo entrar en tu cabeza? Es aquí donde reprocho a la sociedad, no entiendo cómo las personas se vinculan sin vincularse, la expresión de emociones sin emocionarse; la falta de la lentitud en el tiempo y el poco aprecio del instante.
No entiendo las razones para no estar, para no decir, para no expresar. Ellos se ven tan bien juntos, se disfrutan, se quieren, potencialmente hablamos de sujetos que rebasan la amistad, cada uno se siente agradecido de haberse encontrado. Pero no puedo completar ese pero, tal vez el narrador si tiene límites y aunque crea en el destino y sea el destino, no sé cómo estos sujetos se conectarán.

