INFLACIÓN: IMPUESTO A LA POBREZA AFIRMA ALIANZA DE PEQUEÑOS COMERCIANTES

Views: 112

La Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC) reporta la variación de precios de la canasta básica del 15 de enero al 15 de febrero, registrada en los 32 Estados de la República encontrando una variación promedio nacional a la baja de -4.04% (marginal, casi imperceptible).

El precio promedio de la canasta básica para este periodo es de $1,645.19 en los Estados donde más caro se vende la canasta básica que son: Tabasco, S.L.P., Morelos, Sonora y Sinaloa. Los productos que más elevaron su precio en este periodo fueron: 1. Chile (Hidalgo/$94.00), 2. Aguacate (Oaxaca/$90.00), 3. Huevo (Baja Norte/$68.00), 4. Aceite (Chiapas/$65.50), 5. Papa (Morelos/$47.00), 6. Arroz (Aguascalientes y Coahuila/ $40.00), 7. Lentejas (Campeche/$58.00), 8. Jabón de lavandería (Zacatecas/$63.00), 9. Chocolate en polvo (Nuevo León/$48.00), 10. Atún (Nuevo León y Tlaxcala/$25.00), 11. Pasta de dientes (S.L.P./$70.00), 12. Leche (Baja Norte, Campeche, Sinaloa/$35.00).

A partir de enero, la canasta PACIC pasó de 24 a 54 desdibujando su condición esencial, por lo que a partir de ahora ANPEC llevará el monitoreo de precios de 44 productos de consumo esencial en los 32 Estados de la República. A esto le llamaremos CBA de Consumo Esencial (Canasta Básica de Alimentos de Consumo Esencial).

Otra precisión oportuna que se debe de hacer es que en la canasta PACIC se reporta el precio de 18 huevos que equivale a 1.200 grs. a la vez que la Profeco reporta el precio de huevo por kilogramo; esto genera confusión, por lo que ante este garlito de precios ANPEC, en adelante, reportará el precio del huevo por kilo.

“Este estudio de mercado confirma nuevamente que el PACIC como estrategia de combate a la inflación y la carestía aún no logra su cometido y sigue sin poder aterrizar e impactar en el mercado. Los consumidores mexicanos siguen pasando las de Caín para poder completar su gasto en alimentación y lograr ofrecer una manutención de calidad a sus familias. El parte que podemos dar a los consumidores es que la inflación continuará erosionando su poder de compra”, comentó Cuauhtémoc Rivera, presidente de ANPEC.

El mundo entero no estaba preparado ni advertido del tamaño de la emergencia sanitaria a la que se enfrentaría del 2020 al 2022. México tampoco lo estaba y la pandemia del Covid le cobró un millón de vidas y le recetó cuatro millones de personas contagiadas.

Nos obligó a estar en cuarentena cerca de 2 años y la actividad comercial y económica se frenaron, prácticamente hicieron un alto total, millones de empleos se perdieron, cerraron sus puertas más de cuatro millones de pequeños negocios, dos millones de estudiantes de educación básica y media superior abandonaron las aulas, desertaron de ellas.

“Como si no se hubiera ensañado lo suficiente con nosotros, en los últimos dos años el Covid nos ha venido endosando la factura económica de su enfermedad, sometiendo prácticamente al total de los productos del mercado a una escalada inflacionaria de precios a la alza, llevando a la pobreza a más de cuatro millones de personas y a más del 70% de la población a vivir una inseguridad alimentaria por insolvencia, obligándolos a cancelar consumos esenciales y a restringir otros, a saltar comidas, en fin, a pasar cada vez más momentos  de hambre, colocándolos en el umbral de la desnutrición”, declaró Rivera.

La inflación es un flagelo que golpea sin misericordia primero a los pobres que son los que destinan la mayor parte de sus ingresos para la compra de alimentos, hasta 90 centavos de cada peso que ganan. El enorme costo de esta factura ha ralentizado el empuje económico de la población bajando de manera importante su capacidad productiva y su confianza en la situación económica del país. Se viven momentos de incertidumbre y no se está de acuerdo con los resultados hasta ahora obtenidos en la economía. El rostro de esta adversidad es la inflación alimentaria que ha llegado a ser de dos dígitos, colocándose por encima del 13%, derivada de una inflación general de 8% en números redondos, una de las más altas en los últimos 22 años.

La inflación es un hecho consumado que millones de mexicanos viven en su cotidianidad, no es una amenaza, es su “Misisipi en llamas”. En nuestro país la vida es tan cara que la gente que menos tiene se ve obligada a pagar un impuesto por ser pobre y ese impuesto es el de la inflación.

Algunas voces insisten en dar como terminada esta etapa de carestía de la vida en México. Son más buenos deseos o expresiones desesperadas ante la impotencia que sienten de poder ver superada esta pesadilla, no aportan en su narrativa ningún elemento fehaciente que pueda dar confianza de que eso ocurrirá, por lo que sin buscar ser alarmista o echar leña a la hoguera, en un acto de responsabilidad pública, ANPEC se ve obligada a hacer una prospectiva del futuro económico y comercial de este 2023, lo más objetiva posible, por lo que podemos afirmar que este año tendremos igual o más inflación que el año pasado, viviremos una mayor carestía de la vida.

La inflación es una realidad lastimosa que empobrece y lacera la vida de los hogares mexicanos, es una situación indeseable y lamentable que nadie quisiéramos estar viviendo, pero no podemos autoengañarnos con palabras ni hacer castillos en el aire, el mercado no opera así, es frío, la oferta y la demanda se mueven con cash, por lo que mientras el poder adquisitivo de la población esté por debajo de los precios de los alimentos, la inflación alimentaria es una realidad inobjetable y se ha convertido, para todo fin práctico, en un impuesto que se tiene que pagar en México por ser pobres.