Inteligencia humana para el entorno digital

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La experiencia humana, en lo biológico implica una serie de mecanismos físicos y químicos que conforman la base del ser desde el punto de vista ontológico biológico, el cual, creo que se esboza de manera químico romántico a partir de la canción “Biological” del grupo francés Air, cuyas principales estrofas refieren: “…Thousands of hairs, two eyes only t’s you, Some skin, billions of genes Again, it’s you, XX XY, that’s why it’s you and me Your blood is red, it’s beautiful Genetic love…” que a su vez, generan un compás particular para el coro: “Biological I don’t know why I feel that way with you, Biological I need your DNA”.

Y es así que, desde una perspectiva pseudo objetiva, advertimos que el enamoramiento puede resultar una mezcla de elementos biológicos, químicos, físicos, sintéticos y metafísicos en los cuáles interactúan todos estos ingredientes para recordarnos que, esos sentimientos valiosos son la expresión máxima de un milagro y, esos milagros que a veces invocamos y que queremos dotar de sobrenaturalidad a veces requieren una reflexión pausada para advertir que, si bien la experiencia mágica del encuentro con otra persona, no tiene otro origen y destino, sino el descubrimiento de la esencia de nuestro ser ante los ojos de otra persona.

Es así que, siguiendo la narrativa de la canción con la estrofa que complementa la canción en torno a: “Your fingerprints, her flesh, Her arm, your bones, I’d like to know why all these things move me, Let’s use ourselves to be as one tonight A part of me would like to travel in your veins…”, destaco que, esa misma inquietud que en la canción pregunta en torno a la razón por la cual todas esas cuestiones hacen mover a un individuo, que, en un aspecto de índole psicológico nos lleva a lo que implica a la motivación como elemento intrínseco de un ser y su voluntad, y de su verdadero propósito de ser a partir de la radiografía de los elementos que le componen.

En ese sentido, el año que ha cerrado se vio cargado de manera fuerte por la interrogante de definir desde ahora qué es lo que define ser humano principalmente a partir de los reflejos de las salidas que otorgó la inteligencia artificial generativa que, más que fallar como herramienta, o dar cuenta de su inmadurez o los riesgos asociados con un mal uso, dejaron al descubierto ese problema fundamental del qué, puesto que el cómo, al parecer evoluciona de manera satisfactoria con dicha tecnología a través de la exposición y potencialización del uso del algoritmo en nuestras vidas.

Por ello, para esta primera colaboración del año, más que realizar una labor prospectiva sobre aquellos elementos que podríamos esperar para el desarrollo tecnológico y de la privacidad para este año, quisiera reflexionar en torno al estado de lo que hemos avanzado y aprendido con motivo de la vorágine tecnológica que nos dejó sin aliento y que, gracias a esta breve temporada de tregua de temas técnicos, nos brinda la oportunidad de, en medio de la pausa realizar un examen de consciencia en torno a lo que esperamos como humanidad de esta serie de eventos.

A fin de brindar una referencia simple del escenario que espero que se genere, retomo la visión positiva que Amy Webb sugiere en el escenario en el que el ser humano logra identificar las medidas adecuadas para afrontar la superinteligencia artificial, que, de manera general resulta deseable como el enfoque de que como entidad colectiva podremos establecer los acuerdos para como establecer su gobernanza, pero que, desde la perspectiva axiológica presenta diversas interrogantes sobre cuáles serán esos valores fundamentales que colaborarán para su cohesión.

Y ahí es cuándo, vemos que esta tecnología no solamente asombra por su avance, sino por el logro de una de las cualidades, sino es que la cualidad más admirada de lo que la especie humana ha logrado generar con motivo de su evolución, como lo es la inteligencia, y es ahí dónde surge la interrogante ¿cuáles son los valores intrínsecos que subyacen a la inteligencia tanto artificial como humana? Y si queremos hacer una comparación de nuestras mejores herramientas al respecto, advertimos que ¿resulta necesario contrastar y enfrentar a la inteligencia artificial contra la inteligencia humana? Y si seguimos esa línea… ¿de verdad le queremos apostar a que existirá una inteligencia ganadora? Escenario en el cual, desde una perspectiva particular se llegaría a la paradoja de pasar del escenario positivo al negativo que señala la autora Amy Webb puesto que, seguramente por las condiciones fenomenológicas, ganaría la inteligencia artificial frente a la humana, puesto que la segunda requiere de componentes adicionales que se desprenden de su poder colectivo.

Sin embargo, como uno de las áreas de enfoque principales, resulta importante valorar hasta qué punto ese atributo de inteligencia tanto humana, como artificial, constituye un elemento base de los valores que representan a la sociedad, y, no resulta más bien, paradójicamente una herramienta de carácter instrumental que necesita de un objetivo a fin de dotar de un valor de referencia en función de los resultados que se pretenda conseguir, y, posiblemente así sea puesto que, más allá de los requisitos que puedan medirse o parametrizarse como parte de la inteligencia, desde una perspectiva holística ésta solamente puede tener dicho carácter en función de los resultados y efectos y, es por ello que, cuando se habla de personas verdaderamente inteligentes no basta solamente con evaluar su coeficiente intelectual o su capacidad para resolver problemas en otras dimensiones de inteligencia, sino que, su valor se traduce en eventos instantáneos que dan muestra de la aplicación de esta herramienta para conseguir un resultado idóneo en un momento y en un lugar determinado, al punto que, una persona inteligente es considerada verdaderamente como tal cuando, no solamente posee dichos atributos, sino cuándo también toma decisiones inteligentes al punto que inclusive se ha conformado un adagio en torno a que “personas inteligentes, toman decisiones tontas”, punto en el cual, el causalismo y el finalismo se vuelven dos enfoques representativos de lo que debemos entender para hablar de una inteligencia genuina.

No obstante, para no quedarnos en el aspecto instrumentalista de los alcances de la inteligencia, resulta innegable que hoy en día la inteligencia artificial representa un reto por atender y solucionar y para ello, no hay mejor herramienta que la inteligencia humana a pesar de que, la aproximación a ella resulta compleja puesto que, si bien de manera afortunada hoy en día existe consenso a que la inteligencia representa una habilidad parametrizable que da cuenta de diversas habilidades desarrolladas por el ser humano que no se limita al ámbito cognitivo en un sentido estricto, requiere ahondar su análisis desde dicha perspectiva a fin de poder identificar, reconocer y desarrollar todos los aspectos de la personalidad humana que son susceptibles de se catalogados como propios de la inteligencia humana, a fin de que, en principio pueda resultar parametrizable, comparable y confrontable con la inteligencia de las máquinas.

Ello, aún cuándo dentro de las nociones que la humanidad desarrolla de inteligencia pueden resultar limitadas, puesto que aún y cuándo abordemos la inteligencia como un resultado de la conducta humana de índole cognitivo en sentido amplio, dicha acepción seguirá resultando limitada puesto que, aún cuándo considere los diversos tipos de inteligencia derivados de esa parametrización cognitiva es posible que nos enfrentemos a la descripción de la realidad del ser, en la que más allá de los aspectos metafísicos del pensamiento y la consciencia, encontramos los efectos en la personalidad que se derivan de los demás sistemas biológico humanos, como podría ser el sistema límbico.

Análisis que eventualmente podrá brindar nuevos elementos en torno a lo que verdaderamente representa lo humano, que, sin perjuicio del punto medio aristotélico del equilibrio, resulta relevante corroborar frente a la inteligencia artificial, la verdadera inteligencia humana es la que sale de nuestra experiencia cognitiva, o, la que sale del corazón, la cual, si bien no es la única, puede ser la verdadera inteligencia humana conforme su naturaleza, que requiere ser incentivada para poder enfrentar eficientemente los retos para la humanidad de nuestro entorno tecnológico actual.

2024 ya está aquí, por ello, más que avizorar las condiciones de un panorama tecnológico disruptivo cambiante, se vuelve necesario confirmar las cualidades de nuestras personas y organizaciones a fin de encontrar el sendero que nos permita cumplir nuestra misión, y sacar ventaja de todas las herramientas que la modernidad nos ha proporcionado, de manera sustentable y segura. Mis mejores deseos para este nuevo año que comienza, seguro de que la inteligencia humana se abrirá paso para hacer lo que siempre hace, sorprendernos y hacernos humildes, para reconocer que la creatividad y el ingenio humano, no tiene límite ¡Sean felices! Hasta la próxima.