JUAN MACCISE MACCISE, UN PERSONAJE TOLUQUEÑO
La constancia y el estudio hacen a los hombres grandes, y los hombres grandes son el porvenir de la Patria. Benito Juárez.
En la más reciente novela de Haruki Murakami, LA CIUDAD Y SUS MUROS INCIERTOS, encontré un pasaje que me apeteció para abrir la puerta del Salón de la Fama de nuestra querida Toluca, para recordar a uno de los integrantes del crisol de toluqueños embotellados de origen, Juan Maccise Maccise.
El pasaje se lee: —Basta con desearlo. El problema es que desear algo, de corazón, no es tan sencillo. Conseguirlo lleva tiempo. Y durante ese tiempo hay que desprenderse de muchas cosas. Cosas importantes para ti. No te rindas, en ningún caso. La ciudad estará siempre esperándote. No va a desaparecer.
El alumno de excepción, siempre reconocido por nuestra Máxima Casa de Estudios, la Universidad Autónoma del Estado de México, tenía además de la pasión por aprender, la de enseñar, la de participar en política y la servir a sus paisanos. Quien ha seguido su legado de la preparación académica y política para servir a sus paisanos, es su hijo, hoy Presidente Municipal de Toluca, Juan Maccise Naime.
El verdadero legado de un padre no se mide por el éxito que alcanza en la vida, sino por la huella que deja en el corazón de su hijo.
Lo recuerdo caminando por sus queridos Portales de Toluca, siempre rodeado de amigos y disfrutando cada calada de sus cigarros Raleigh sin filtro, los de empaque azul con blanco. Cómo disfrutaba cada paso que daba, ya sea para dirigirse al desaparecido y muy tradicional Café Impala de Los Portales, o bien al también famoso Gran Hotel, a jugar dominó con sus amigos.
Por ser de una generación de toluqueños anterior a la mía, no tuve la fortuna de tratarlo, pero sí de conocerlo, a través de los recuerdos que sobre Juanito atesoran sus amigos, muchos de los que también son los míos.

Como un personaje de su tiempo, un icono y ejemplo a seguir de su generación y de muchas que le sucedieron, frecuentemente surgía en las conversaciones, recordándole con nostalgia y orgullo.
Mi querido Memo Garduño, recuerda a su entrañable amigo Juanito desde los tiempos de la Escuela Claret, formando una tripleta sensacional: Juan Maccise, Alfonso Iracheta y Guillermo Garduño; los tres, de esa reserva especial de coterráneos que dieron sustento a las juventudes toluqueñas de la segunda mitad del siglo pasado.
Su compadre, Roberto Gómez Collado, a quien agradezco su aportación a éstas líneas, refiere que Juan Maccise inició su carrera política como Director de Acción Juvenil del Comité Directivo Estatal del Partido Revolucionario Institucional, de 1971 a 1973.
Como líder político, desde esa posición le dio cause a muchas de las inquietudes juveniles a través de una participación digna, entusiasta y responsable del momento que se vivía después de los sucesos de 1968 y 1971. Después fue electo en 1972, como Diputado Local por el Distrito de Lerma.
Roberto lo recuerda como un excepcional hombre con muchas cualidades de carácter personal entre ellas, una inteligencia preclara, muy buen estudiante, reconocido por la Universidad a lo largo de su carrera, como el mejor alumno. Era una persona con sentimientos muy nobles y con muchas ganas de buscar mejores oportunidades para los jóvenes, su aportación fue invaluable.
El también Magistrado en retiro Gómez Collado, lo conoció y se hicieron amigos, desde la preparatoria, en la emblemática prepa uno Adolfo López Mateos, la única que había en la ciudad capital del Estado de México.

Y después, fueron compañeros durante toda la carrera de Licenciados en Derecho, en donde compartieron las vivencias y los apuntes, en las aulas, con Laura Pavón Jaramillo, Dolores Aguilar Sánchez, Tomás Ruiz Pérez, Marco Antonio Nava y Navas y Francisco Olascoaga Valdez.
Si algo también disfrutaba, era la academia, desde muy joven abrazó la vocación de la enseñanza del Derecho, dejando huella en varias generaciones, como lo recuerda quien fuera su alumno, Policarpo Montes de Oca Vázquez.
Cierro este breve recuento de una vida ejemplar y con propósito, con esta frase:
El legado más valioso que un padre puede dejar a su hijo es un corazón lleno de amor, una mente llena de sabiduría y un camino iluminado por el ejemplo.

