Karmas ganados
Actuamos de manera irracional en muchas ocasiones, probablemente porque suponemos que todo aquello que hacemos puede pasar desapercibido para muchos, o porque asumimos que tenemos derecho de disponer de nuestras vidas y de las de los demás de manera facciosa.
Pocas veces nos detenemos a reflexionar si aquello que estamos haciendo afecta de manera alguna a nuestros interlocutores; nos mostramos dueños y señores del mundo y creemos que la gente tiene que estar a nuestro servicio por decreto.
Consecuencia de ello, espectáculos desagradables como el llamado lord café, en Zapopan, Jalisco, quien en un acto de locura, no sólo agarra a patadas el automóvil de una dama, sino que fuera de sí, le arroja su vaso de café encima. Hechos, ambos, de una desmesura incomprensible y fuera de todo sentido común.
¿Qué pensaba el tío?, ¿Qué era el dueño de la calle?, ¿Qué podía agredir sin consecuencia a quien quisiese?, ¿Qué era muy graciosa su reacción? Afortunadamente, ya se le tiene identificado y todo indica (esperamos) que será sometido a proceso por agresión.
Versa el adagio, el que la hace la paga, y si bien es cierto que nuestro sistema de justicia no necesariamente le hace honor a la frase, tenemos que asumir que tarde que temprano la vida misma se encargará de ponernos en una situación lo suficientemente dura para hacer memoria y arrepentirnos de decisiones que tomamos a la ligera. El karma existe, y en todos los casos es más que merecido.
Créalo o no, más nos vale proceder de manera racional; si usted es padre o madre y siempre priorizó su trabajo por encima de sus hijos, luego no se ande lamentando porque ahora no le atienden, no espere cosechar lo que nunca sembró: Karma.
Si ha recibido apoyo, moral o económico de alguna persona, no puede ser que en momentos en los que requiere ayuda se la niegue; luego no ande proclamando a los cuatro vientos que nadie le echa un lazo. Karma.
No enseñamos, ni en casa ni en las escuelas, que debe existir reciprocidad y generosidad en la construcción de una vida estable y armónica; crecemos con la idea de que soy primero yo, luego yo y al final yo. ¿Creería usted que hay quienes, ni siquiera porque viven en un espacio que no les corresponde, aún de arrimados, son incapaces de hacer la faramalla de pagar alguno de los servicios? Eso sí, los utilizan todos los días sin medida.
Las 12 leyes principales del Karma son: ley de causa y efecto, ley de la creación, ley de la humildad, ley del crecimiento, ley de la responsabilidad, ley de la conexión, ley del enfoque, ley del dar y la hospitalidad, ley del aquí y ahora, ley del cambio, ley de la paciencia y la recompensa, y ley del valor e inspiración.
¿Cuántas de ellas llevamos en nuestra vida cotidiana?, ¿Estamos dispuestos a asumir las responsabilidades de las decisiones que tomamos?, ¿Somos hospitalarios de verdad?, ¿Somos pacientes?
La historia se repetirá hasta que aprendamos a cambiar nuestro camino, y sólo entenderemos el dolor que causamos hasta que éste nos atrape sin piedad, la felicidad, en consecuencia, no es algo que ya esté hecho; vendrá con nuestras propias acciones.
El karma existe, nos lo ganamos a pulso. ¡Siempre!
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