La Ciudad de México / sus 501 años

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Para comprender el pasado de un pueblo hace bien estudiar lo que a su alrededor sucedió en aquellos tiempos. Álvaro Enrigue, investigador acucioso publica en el suplemento de La Razón, periódico nacional el sábado 13 de agosto del año 2022 un interesante ensayo titulado La Ciudad de México / Sus 501 años, material invaluable para comprender cómo es que se formó en la colonia lo que denominamos la Toluca nacida hace 500 años en el 2022. Las palabras conque el editor del suplemento El Cultural, presenta al ensayista son elocuentes: Un año después del quinto centenario de la toma de Tenochtitlan, Álvaro Enrique revisa el periodo más confuso en la historia de la urbe: el medio siglo que siguió al 13 de agosto de 1521. En ese lapso la ciudad perduró como hábitat de indígenas, con sus templos y chinampas, aunque a su vez aparecieron conventos, damas, caballeros, el cabildo español. Si bien Hernán Cortés —con el apoyo de grupos indígenas— destruyó el apoyo al tlatoani, la unidad política básica tenochca siguió funcionando como receptora y administradora de tributos. Esta indagación muestra que no se ha dicho todo sobre la caída del imperio prehispánico. Ayuda esta lectura y esta reflexión para seguir el proceso de la historia y la crónica de los sucesos que hace más de 500 años forjaron la Ciudad de los Palacios y, a un poco más de 60 ó 70 kilómetros lo que sucedía con el territorio del matlatzinco y, su cabecera política y cultural llamada Toluca.

Álvaro Enrigue cuenta: Dice Bernal Díaz del Castillo sobre la tarde de ese 13 de agosto de 1521: Después que se hubo preso Guatemuz, quedamos tan sordos todos los soldados como si antes estuviera un hombre encima de un campanario y tañesen muchas campanas y, en aquel instante que las tañían, cesasen de tañerlas”. La toma de Tenochtitlan había sido tan larga, tan brutal y agotadora que su rendición repentina se registró entre los soldados españoles como una onda de silencio. Somos tan dados a resumir las cosas y los hechos humanos, que les quitamos el contexto en el cual se desarrollan los acontecimientos. No podemos imaginar lo que ese momento con sus sonidos del silencio iban a crear en la formación de nuevas culturas a lo largo de lo que se denominará en los siguientes años, pero no inmediatamente la Nueva España. ¿Cómo nació la Ciudad de los Palacios?…

Enrigue: La metáfora es irresistible: algo enorme —un imperio, una manera de producir sustento, un andamiaje político que se expandió por un par de siglos, un sistema de ritos y creencias— estalló y dejó como registro la sordera posterior a una explosión. Sí, son los sonidos del silencio en la cultura humana que traen quizá la felicidad, pero más parece al resultado de una conflagración en la naturaleza o en la vida humana. Sonidos del silencio a la caída de Tenochtitlan, presagia siglos de sufrimientos para la raza indígena, que no sabe en ese momento que por unión de Tlaxcaltecas —vanguardia indígena en contra de los aztecas—, que al unirse a españoles— están creando su propia desgracia, en siglos futuros donde encomenderos voraces no tendrán reparo en masacrar a indígenas por doquier en la Nueva España. Escribe: La manera en que recibimos un relato lo modifica. El futuro desde el que leemos, el sitio y la lengua en que se cuenta y el medio que contiene el mensaje —un volumen rabiosamente canónico— dicen tanto como lo contado, le agregan significado y valor. Estas palabras deben hacernos reflexionar a los sucesos del territorio del Valle de Toluca, y en particular a Toluca y su cabecera con los cerros que le cobijan.

Interesante es pensar en lo que dice en párrafo siguiente: Lo que sucedió el 13 de agosto de 1521 no se parece a la construcción que hemos alzado en torno a esos hechos para generar lo que Dennis Tedlock identifica en su prólogo al Popol Vuh como microshistorias —y que Matthew Restall ha utilizado como una categoría crítica para leer no sólo los textos de los pobladores originales de América, sino también las crónicas de los conquistadores. Los hechos del 13 de agosto son infinitamente más chicos que las interpretaciones que les han seguido desde entonces. Creamos mitos de sucesos que no tienen tal relevancia cuando se estudian a fondo. Con la idea de cerrar ciclos nos atrevemos a magnificar hechos que no son de tal importancia. Es decir, el 13 de agosto de 1521 suceden hechos que guardan nuestra historia sin atrevernos a profundizar en lo sucedido en 24 horas dentro del conflicto que se vivía entre los mandos del imperio azteca y la fuerza española apoyada por miles y miles de indígenas que no sabían que labraban su tumba. 

Relata: Un capitán español, García Olguín, miembro de uno de los ejércitos aliados que batallaban por derrotar el Altepetl (unidad territorial habitada por una comunidad) de Tenochtitlán, atajó la huida de Cuauhtémoc, el tlatoani demasiado joven que dirigía la resistencia en la ciudad. Lo que hemos leído durante cinco siglos como una épica gigante que cambiaría la historia del mundo fue para sus actores, sobre todo, un reacomodo político y fiscal. Ciertamente una fecha conmemorativa como ésta fue dolorosa, pues el joven líder que habían doblegado ha de seguir un sendero de dolor que nos cuenta la historia o la leyenda le fueron quemados los pies por parte de los ambiciosos españoles, con tal de que dijera dónde se encontraba el tesoro de Moctezuma. Así se hacen las leyendas y en muchas ocasiones los mitos históricos que forman una especie de cuento, sea de terror, violencia o alegre destino para los príncipes que se casan con la más bella y querida de la región,

Pero el estudio de los sucesos obliga a corto y largo tiempo a escarbar, lidiar con documentos antiguos, buscar en todos esos espacios que son la reciedumbre de lo que no se ha de borrar a pesar de los siglos. Cuenta el ensayista: Desde el punto de vista de los europeos, la ciudad imperial pasaba a la égida del rey Carlos I de España y por tanto se convertía en una fuente de extracción de riqueza, como lo habían sido las islas Canarias y las del Caribe. Desde el punto de vista de los americanos, el altépetl de Tenochtitlan había sido sometido; ahora sus habitantes pagarían tributo. Todo aquí diríamos al caer la noche de ese 13 de agosto de 1521. Todo eso y mucho más. Los siglos se encargarían de ver múltiples versiones de aquello que sucedió a lo largo de una guerra que termina el 13 de agosto de aquél año, y a la vez inicia una larga etapa para ver en verdad el dominio de los españoles en tan extenso territorio y no sólo en la ciudad legendaria de Tenochtitlan como lo cuentan los diversos cronistas que empezando con Bernal Díaz del Castillo ante sus ojos se presentó el paisaje jamás imaginado a sus deseos de aventurero y conquistador con el que vino a estas tierras de la nueva América. Un ensayo imperdible el de Álvaro Enrigue, escribe: La extinción del ruido que cuenta Díaz del Castillo opera en nuestra imaginación —por lo sucedido después— como la metonimia de la onda de silencio que siguió a la explosión de todo un mundo. En términos míticos es como si la singularidad americana su hubiera terminado ahí para siempre, pero la verdad es que lo único que se derrumbó el 13 de agosto de 1521 fue el gobierno de Cuauhtémoc —no se acabó ni siquiera su línea dinástica: sus parientes siguieron siendo tlatoques del altépetl de Tenochtitlan por un siglo. Más letal no puede ser esta aseveración en las conmemoraciones que luego hacemos, sin tener en cuenta documentos, piedras, libros, actas que definan cómo es que grandes conglomerados pueden cambiar su estado político, social, económico, cultural, educativo. Y de manera radical y falaz somos capaces de fundar la vida de un personaje o una Urbe.