La creación musical en lengua originaria altermundismo cultural

Views: 1064

Daremos un recorrido por la música indígena en México y especialmente enfocado en la región de los Altos de Chiapas. Vale la pena retroceder en el tiempo hacia 1996 con el surgimiento del pionero Sak Tzevul. A partir de aquí, se desata el florecimiento exponencial de bandas y subgéneros del rock indígena. Tomando en cuenta que se trata un país donde el diverso mundo rockero es mayoritariamente urbano y mestizo sumando más de seis décadas de dominación. Así que a pesar de ello aparece con fuerza en escena el rock verdadero, notable y caracterizado por generarse en diferentes lenguas originarias de la región como el chol, el tojolabal o el zoque. Además se afianzó con una gran movilidad rockera tzotzil de ciudades culturales como Zinacantán y San Juan Chamula,  sin olvidar a la  posmoderna y globalizada San Cristóbal de las Casas. Sedes sin duda de un escenario bañado de un dinámico altermundismo cultural que da entrada a filosofías y prácticas culturales de distinto signo.

Se trata de un rock entrelazado con relaciones de poder históricas de la región a las que son inherentes conflictos interétnicos que podrían estar relacionados con diferencias y desigualdades, donde predominan los poderes político y económico mestizos, por sobre intereses y proyectos de los pueblos originarios. Hay que decir que los primeros acordes pueden ser de hip hop, reggae o tal vez rock. Pero es más sorprendente cuando te topas con las letras y descubres que los músicos cantan en lenguas indígenas como seri, tzotzil o náhuatl. Los intérpretes provienen de comunidades indígenas que retomaron ritmos ajenos a su cultura, pero con letra en su lengua originaria. También se dieron casos en los que hicieron mezclas con su música tradicional.

A primera vista parecen temas ajenos entre sí, pero no lo son, cuenta el poeta Mardonio Carballo. Hay que resaltar que de más de cinco años para acá ha tomado mayor fuerza la aceptación y proliferación de ésta, la música de nuestras comunidades indígenas. Así es que en muchas comunidades despertó un proceso de reivindicación de sus derechos, cultura y lengua donde la música es un elemento fundamental. Contaba hace un lustro Carballo que hay una efervescencia de artistas indígenas muy importante (…) No necesariamente es regla pero hay quienes intentan, a partir de su canto, reivindicar a su pueblo y su lengua.

Ya tiempo atrás refería Damián Martínez, fundador del grupo Sak Tzevul en Zinacantán, un pueblo tzotzil en la región de Los Altos de Chiapas, que cuando estudiaba en 1994 en la ciudad vecina de San Cristóbal de las Casas: había mucha discriminación, se burlaban de quienes venían de las comunidades indígenas (…) Me enojaba muchísimo que los chavos ocultaran su lengua, que no dijeran de dónde eran, ni siquiera imaginar hablar su lengua en el salón de clases. Así contaba uno de los pioneros de su música. Una su música insertada en un contexto de las emergentes dinámicas culturales en la región que se asocian con el impulso por formas de autonomía que se originan en la cultura de los pueblos originarios chiapanecos y las relaciones de éstos con la sociedad mestiza/nacional, que se multiplican y se profundizan a raíz del levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), en 1994, contra un Estado mexicano largamente administrador de la marginación y contenedor del desarrollo de la diversidad originaria del país.

Así, en  esta posibilidad lo musical también es resultado de los cambios socio-culturales y político-económicos posteriores a la insurrección, la diversificación de actores. Los proyectos sociales promovieron expresiones artísticas y culturales creadas por las personas originarias de la región, como música, cine, documental, fotografía, pintura, entre otras, hasta adquirir la forma actual de dinámico movimiento cultural.

Como resultado de la insurrección chiapaneca, la presencia de músicos de distintas partes del país y del extranjero, y de otros jóvenes solidarizados con los pueblos indígenas cuando se hicieron visibles, en el llamado territorio zapatista y  comienzan los intercambios culturales entre jóvenes urbanos y rurales. Esto, por supuesto que genera un diálogo entre visiones del mundo y prácticas culturales. Esto es una visión de mundo, una política de mandar obedeciendo, así como las reivindicaciones de unos respecto de la diversa subalternidad y su apuesta por un mundo incluyente, respetuoso de la diferencia en la diversidad cultural.

El originario Damián nos regala de su experiencia; se inició en la abogacía que fue sustituida por la guitarra clásica, no pudo terminar por falta de recursos así que terminó su formación musical de forma autodidacta, nos cuenta que cuando fundó su grupo, decidió escribir canciones en tzotzil pero cantarlas a ritmo de rock. Mi objetivo era darle a los jóvenes algo nuevo de nuestra cultura y decir: lo que ahorita nos da vergüenza, ojalá que un día nos de orgullo.

Hay que recordar que el camino para los rockeros, hipoperos, inclusive los que se les señala, reguetoneros indígenas no ha sido fácil, y mucho menos en sus comunidades. Esta situación no es sólo propia de la región chapaneca. Por ejemplo, Carballo cuenta que algunos, como el grupo Hamac Casiim de la etnia Seri, debió pedir permiso al Consejo de Ancianos del Pueblo Comca’c de Sonora para formarse. También requirieron de su autorización para interpretar a ritmo de rock las canciones tradicionales de la comunidad. Por si fuera poco, los muchachos debieron vencer la resistencia de comunidades conservadoras y apegadas a sus costumbres. También fue el caso de Julio Lunez Pérez, fundador en San Juan Chamula, Chiapas, del grupo de hip hop Slajem K’op. El pueblo tzotzil es apegado a sus tradiciones. En los años noventa una parte de sus habitantes fue expulsada por no profesar la religión católica, mayoritaria en la comunidad. Así es que podemos decir que desafortunadamente todavía algunos ven a los grupos de rock indígena como una expresión curiosa.

Otros insisten en que esos ritmos no son para las comunidades indígenas, y en algunos casos la actitud se acerca a la discriminación, como asegura Damián Martínez: Ya es como un género nuevo en el país, pero como siempre existe la discriminación hacia lo indígena, no hemos podido estar en el ámbito comercial, porque institucionalmente se maneja lo indígena como un apoyo (…) No hemos sido valorados como profesionales de la música. En nuestro estado tenemos que lidiar para romper la estigmatización que no es decir ‘ya no seré más indígena’, sino porque lo soy me dan un trato diferenciado al de otro artista, cuando trabaja igual que yo.

Podemos recordar también a Edy, originario también de comunidad indígena. Él ya había acumulado algo de experiencia en la banda Lumaltok, junto a otros jóvenes, y en  la banda Hektal. Por su trabajo previo tuvieron la oportunidad de pronto tener presentaciones en los circuitos del rock de San Cristóbal de las Casas. Asimismo fueron invitados a participar en el programa gubernamental De Tradición y Nuevas Rolas dando conciertos en distintos foros de Chiapas. También llegaron a tocar en espacios académicos y culturales de la Ciudad de México y otros estados del país, inclusive en el Vive Latino en el año 2015. Sin embargo, después de eso Edy decidió separarse de la agrupación para dedicarse, junto con su familia, al negocio de las flores. Se trató entonces de una banda de rock tzotzil, que a partir del gran festival fue desapareciendo de los espacios de circulación del rock.

Otra banda que se alzó en esos años fue Lekilal. Este grupo juvenil del poblado de Nachig, perteneciente a Zinacantán, se conformó en el 2010; fue hasta el año 2012 cuando adquirió mayor solidez y definió su postura de cantar en la lengua originaria. Fernando, tecladista de la banda nos comparte que: Es porque queremos fortalecer nuestra lengua materna, y también hacer consciencia sobre el mundo, sobre las problemáticas, el cambio climático, lo que nos rodea a diario, lo que vemos, lo que sucede. Una banda para la cual también es muy importante la defensa de la lengua y tradiciones del pueblo originario de Zinacantán y además reafirma una posición política. Para los integrantes de esta agrupación no sólo es importante cantar rock en su lengua originaria, también lo es hacerlo en su indumentaria tradicional, ya que de esta forma se están representando como jóvenes y miembros de una colectividad específica. En Zinacantán siguen surgiendo propuestas rockeras, ese es el caso de la joven banda Kuxleja. Esta agrupación está conformada por jóvenes de entre 14 y 16 años de edad. Están incursionando en ritmos que van del reggae al ska.

A diferencia de las primeras agrupaciones, estos jóvenes encontraron mayor permisividad social hacia el rock. Vamos de la negación de  sectores tradicionales a la inserción de esta música en la vida cotidiana de muchos jóvenes. Se puede decir que está ocurriendo una transformación de los roles sociales que la tradición había destinado para ellos siendo la música, específicamente el rock, una de las maneras de expresar esta diferenciación. Así también, tener cerca una ciudad cosmopolita como San Cristóbal de las Casas, ha permitido a estos jóvenes  acercarse a distintas expresiones culturales y musicales que ahí suceden, pero también, para quienes hacen rock en su lengua tzotzil se volvió uno de los espacios urbanos con mayores posibilidades de llevar su música.

La interacción con lo ajeno está modificando su concepción de arte, concretándose en la rockanrolización de las canciones tradicionales como una forma de diversificación musical en este contexto rural. Hay que mencionar también que la continuidad del rock en tzotzil expresada por distintas generaciones de jóvenes de Zinacantán ha transformado el contexto local. Se pasó de la negación y rechazo de los primeros hacedores del rock en tzotzil, a la permisividad hacia quienes gustan y hacen esta música. Se están transformando las percepciones respecto a las prácticas culturales juveniles donde las generaciones están replanteando otra forma de ser sujetos sociales en el contexto de este pueblo originario.