LA EDUCACIÓN EN LA TOLUCA…

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Es tan fácil seguir las huellas de quien en verdad es escritor. Sólo ir por aquí y por allá comprando sus textos, o buscar que se le presten, para entender cuáles fueron sus ideas, sus preocupaciones e inquietudes. Con el profesor Mosquito las huellas están por doquier. Vive una época de oro para el periodismo toluqueño y estatal, en periódicos y revistas están sus huellas cotidianas. Qué orgullo es tenerlo vivo en sus creaciones y amor por palabras y letras que dibujan una batalla, un suceso de vecindad o una recreación del barrio, así como un momento de amoroso encuentro con la pareja amada. Periodista, cronista, poeta, profesor y político (con menor importancia con respecto a todo lo demás), es don Alfonso Sánchez García, un personaje ilustre del Estado de México por siempre. Se dice fácil pero no lo es para nada.

En este caso, hay que pensar en miles de páginas que escribió en vida. Valorar objetivamente, pues así sucede con el periodista y cronista oaxaqueño: don Andrés Henestrosa, que se ufanaba buenamente, de haber escrito más de 20 mil columnas o artículos en vida. Seguirle la huella al profesor Mosquito es leer con afecto el libro titulado La educación en la Toluca del profesor “Mosquito”, bella edición que hizo el H. Ayuntamiento de Toluca a través del Instituto Municipal de Cultura, Turismo y Arte en el año de 2015. Texto magisterial que habla del desarrollo histórico y pedagógico de la mujer. Libro de profunda fe social porque comprueba que por medio de la educación, el papel de la mujer alcanza senderos de progreso más allá de su papel de procreadora de hijos y sirvienta eterna del hombre. Basta leer sus palabras sobre: La Benemérita Escuela Hogar del Padre Galdós a don Filiberto. Todo tiene un inicio, escribe el profesor Mosquito: En 1775 el virtuoso fraile carmelita don Miguel Ortiz de Galdós, profundamente conmovido por la situación de apremio en que se veían las jóvenes huérfanas, de buena familia, virtuosas, expertas amas de casa y de no mala facha, pero que no se podían casar por falta de dote, cedió toda su fortuna “muy considerable para aquella época”, según nos informa el licenciado Francisco Javier Gaxiola, con el fin de hacer posible la dicha matrimonial de las niñas expósitas en edad de merecer el tálamo nupcial.

Quien lea con cuidado los escritos de don Poncho ha de encontrar que en ellos impera su noble alma. Su sensibilidad hacia todo aquello que es o está desprotegido. Su amor a los pobres y por extensión, su amor a la mujer, como sector social que viene de una esclavitud eterna. Para fines del siglo XIX ella en Europa o América, se haya desprotegida de decenas de cosas que le debería de ser propias: por ejemplo, el derecho al voto, a elegir y ser elegida. Hecho que sólo se da de manera universal en México hasta el año de 1953.

Así sucede con la situación del poder matrimoniarse sin la obligación de dar alguna aportación pecunaria. Hace apenas siglo y medio en nuestra patria. Cosas que le preocupan a don Poncho, pero que le permiten de manera didáctica excepcional llevarnos por el camino que ha da dar luces a la educación de la mujer en el país. El tema de ésta es de suma importancia para el educador que es, escribe en Mujeres para el metate: De todas estas risueñas historias, que no dejan de tener sus toques de romanticismo, lo que nos interesa es destacar que durante muchos siglos la única vocación que se reconocía y permitía a las mujeres era la del matrimonio. Dicho de forma distinta, la parte varonil del género humano consideraba que las mujeres no servían para otra cosa que para los sacramentales deberes del matrimonio y el cuidado de la casa y de los hijos: progresar estos últimos, amamantar, zurcir, y lavar pañales, planchar, barrer y preparar comida. Para fines del siglo XIX esta era la situación de la mujer en nuestro continente.

Imaginemos lo que Sor Juana Inés de la Cruz vivió, con esa prodigiosa inteligencia y talento que tenía, sabiendo que sólo podía tener una vida ‘normal’ si se casaba para ser esclava del esposo o vivir una vida de servicio al hombre que pasara por su cama sólo a ratos. Prefirió el claustro y la vida de monja. Los mejores humanistas son aquellos que ven la injusticia no sólo en su sexo, sino que atienden la injusticia como un problema humano que para mal de la sociedad. El profesor Mosquito venía de una generación de liberales del siglo XX que sabía que tanto se debía luchar por el campesino, como por la mujer del campesino. Que sabía que luchar por la liberación del hombre llevaba consigo la liberación de la mujer. Así que esto que escribe para hablar de la educación, es un resumen genial de cómo comenzó la pedagogía liberadora de la mujer en dos siglos de vida. De 1775 a 1975 como podemos leer en no más de 35 páginas geniales. El sabio es capaz de decir las cosas en un ensayo de 100 o más páginas. Pero el más sabio, es capaz de decir lo mismo en unas cuantas docenas de páginas y sorprende por su poder de síntesis.

De esos es Alfonso Sánchez García, por eso es inolvidable su recuerdo en la vida cultural y social de Toluca, la ciudad que decidió tomar como núcleo de su vida al final.

Idea triunfadora la surgida en 1775, cuenta Sánchez García: Aquí en Toluca la institución creada por el carmelita Ortiz de Galdós se conservó hasta los tiempos del coronel Villada. En la Gaceta del Gobierno del mes de agosto de 1908. El Lic. Francisco Javier Gaxiola indica muy claramente que el capital donado por el precursor de la protección femenina y que primitivamente administraron los frailes de la Orden del Carmelo, pasó en 1861 a manos de la Junta de beneficencia creada por las Leyes de reforma y la Constitución de 1857. Poder de síntesis es cualidad y fortaleza del que en verdad es Cronista. Don Poncho reunió muchas cualidades y al leerlo nos enseña, poco a poco o a velocidad obligada, lo que debe transcurrir el que desea ser cronista, pues de muchas investigaciones y lecturas está formado. Sólo de esa manera puede citar documentos, archivos, periódicos o libros. Así como sucesos de vida que ha presenciado en persona. Es decir, lo mismo nos hace un relato histórico magistral sobre cómo nació la educación en Toluca, que es capaz de escribir sus vivencias en un barrio como san Juan Chiquito.

Cuenta el memorioso profesor Mosquito: Para evitar su merma y consunción, estos dineros se invertían, y de los intereses que arrojaban los días 13 de agosto de cada año se realizaban sorteo de dotes, de 200 pesos cada una, entre las jóvenes de 16 a 25 años de edad, huérfanas de padre, por lo menos, vecinas de Toluca, “pobres, solteras y de irreprochable conducta”. Platica después el ilustre licenciado Gaxiola que durante los años de 1904, 1905 y 1906, a propuesta del Presidente de la Junta, don Miguel Amador, se aplicó el dinero de las premiadas a interés bancario y sólo les era entregado el producto de los réditos. El total lo recibían al casarse o cuando llegaban a los 35 años sin encontrar galán. Protestaron las chicas, también los miembros de la Junta y toda la sociedad tolucense, y ya para 1907 se estaba volviendo a la costumbre de entregárseles todo el dinero. Cualquiera diría que trata el tema social de la mujer, pero de la mano nos lleva hacia el asunto de la educación de la mujer en la llamada Escuela Hogar.

En la Memoria de Trabajo del gobernador Villada se puede ver que en 1897 las agraciadas fueron María Alanís, Margarita Vilchis, Josefina Escudero, Trinidad Vera y Manuela Torres. Es decir, no obstante que ya la corriente liberal ofrecía otras perspectivas a las jóvenes, fuera del matrimonio, de todos modos, se conservaba la rancia costumbre de dotar a las huérfanas. De lo social se puede ir despacio y con pies de plomo hacia el tema de la educación, instrumento que ha de dar la verdadera liberación a la mujer en el siglo XX y en el actual. Seguir las huellas de nuestro Cronista es aprender lo que Toluca ha sido a lo largo de los siglos, desde aquellos que era poblada por Matlatzincas, Otomíes, aztecas y otras tribus indígenas que venían lo mismo del norte que de occidente. Seguir las huellas de la mujer en la historia es aprender en serio lo que es ésta.