La guitarra celestial que regaló a nuestro país una escalera al cielo

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Los fieles y conocedores seguidores de Led Zeppelin saben parar frente a Tower House, aquel majestuoso castillo de ladrillo rojo frente a Holland Park, ahí esperan con bolígrafo y vinilo a que Jimmy Page haga aparición. Para ellos es como Abbey Road, sentencia Scarlett Sabet, poeta y novia de Page. Alguno tal vez tenga la suerte de atrapar al veterano guitarrista y fundador de una de las bandas psicodélicas más influyentes de rock en la historia, al salir deambulando hacia KFC para almorzar. Jimmy puede detenerse y charlar, pero nunca firma su autógrafo y no posará para selfies. Se puede mirar al majestuoso desde todo el camino bordeado de árboles de Kensington High Street: su fachada gótica, vidrieras de colores y torreta saltan de entre las muchas mansiones encantadoras de varios millones de libras que lo rodean. Es notable que a un lado esté la casa de Robbie Williams.

 

Una pesada puerta de madera estilo fortaleza conduce a un porche de azulejos, antes de que otra puerta interna se abra para revelar tal abundancia de dorado y yeserías, paredes tan majestuosas de mármol, tal extravagancia de techos pintados que provoca una sinfonía de suspiros. En una habitación, hay un techo de estrellas, cada una con su propio espejo pequeño. En el vestíbulo cavernoso, de doble altura, hay una escalera de piedra en espiral con una cuerda de terciopelo verde, por la que descienden Page y Sabet.

 

Led Zeppelin fue la banda más impresionante del mundo en los años setenta, elogiada con ocho álbumes número uno y desde entonces declarada por Rolling Stone como la banda más pesada de todos los tiempos. Sin embargo él es delgado, vestido con jeans negros, su cabello blanco brillante recogido en una cola de caballo. Sus ojos se arrugan con una sorprendente juventud. Haciendo referencia a la habitación de las mariposas señala que continúa encontrando mensajes ocultos después de medio siglo de propiedad. Se llama así por los delicados lepidópteros pintados a mano. Son tan convincentes que casi se pierden los pequeños sapos caricaturescos pintados en las vigas.

 

El pequeño Jimmy, hijo único de su padre James Page y su madre Patricia Gaffikin, a los ocho años comenzó con el interés de la música, a los doce tuvo su primera guitarra con la que tomó algunas clases que fueron detonantes para dejar la escuela y darle paso a la música. Participó en la banda The Crusaders aunque decidió estar fuera para seguir en una escuela de pintura llamada Sutton. También grabó con Tony Meehan y Jet Harris el sencillo Diamonds. A Page lo habían llamado para sustituir a Eric Clapton de The Yardbirds pero ya que era su amigo no sería parte de su despido. Sin embargo Clapton se fue por su propia cuenta para formar Cream y Page mencionó no estar listo así es que recomendó a su amigo Jeff Beck. Tiempo después Page recibe la oferta para entrar como bajista a una banda, pero terminó siendo sustituido por Chris Dreja convirtiéndose en el guitarrista junto a Jeff Breck en la misma banda. Jeff Breck se terminó yendo de ahí por algunos conflictos como el poco éxito y las giras constantes.

 

El guitarrista Jimmy Page y el bajista Chris Dreja intentan un rescate formando la banda  The New Yardbirds. Chris no pudo seguir como bajista por lo que Jimmy quedaría como el líder principal. La banda terminó llamándose Led Zeppelin y los miembros terminaron siendo, el bajista John Paul Jones, el vocalista Robert Plant, el baterista John Bonham y Page en la guitarra.  Pero todo tenía un precio: la desmesura y finalmente la tragedia les golpeó duramente para asegurarse de que este Zeppelin, al igual que el Hindenburg, acabará en llamas. Basándose en una extensa investigación y a partir de conversaciones con el guitarrista y su entorno, Chris Salewicz desentraña el enigma que supone la figura de Jimmy Page, presentando el retrato más completo del hombre y su obra. Desde sus primeros días como uno de los mejores músicos de estudio de Londres hasta décadas de auténtica lucha de poder con su compañero de banda, Robert Plant. De Jimmy, se ha contado casi todo. Desde sus orgías con las grupies de la banda británica hasta su adicción a la cocaína y la heroína, pasando por su gusto por lo esotérico y su carácter excitante. Sin embargo aún quedan cosas por contar. Al menos eso asegura Salewicz, en La biografía definitiva de Jimmy Page: Con montañas de dinero, puertas giratorias de groupies y un consumo excesivo de drogas, Led Zeppelin escribió la biblia del rock and roll, con Jimmy Page al frente en todo momento.

 

El libro relata los aspectos más controvertidos de la vida de Page, considerado uno de los dioses del rock and roll. El sexo y sus relaciones con las grupies de Led Zeppelin. Marcaron una parte importante de su vida. Los escándalos sexuales del guitarrista y su banda se cuentan por decenas. En una ocasión, según contó el road manager Richard Cole, los integrantes de la banda organizaron una orgía en un hotel de Seattle con una groupie pelirroja de 17 años llamada Jackie, quien acabó atada en la cama.

 

Jimmy es el cerebro y arquitecto sónico de la legendaria banda. Además de su revolucionario trabajo de guitarra, composición y producción, Page ayudó a Led Zeppelin a reescribir las reglas del negocio de la música al tomar un control sin precedentes sobre cómo se creaba, empaquetaba y comercializaba la música de la banda. Junto con el manager Peter Grant, el grupo también dio un vuelco a la industria de los conciertos al exigir que la parte de la puerta de los leones fuera para el artista. Tras la muerte de John Bonham y la ruptura de Led Zeppelin en 1980, el trabajo en vivo y de estudio en solitario o colaborativo de Page ha llegado sólo de forma esporádica, y ha dedicado una cantidad considerable de tiempo a curar el catálogo anterior de su grupo anterior. Sin embargo vale la pena revivir un momento crucial en México, mientras el capital golondrino huía del país a consecuencia de la crisis, los creadores de All My Love llegaron como ídolos, como verdaderos dioses del Rock. Llegó la noche del 23 de septiembre de 1995 y al Palacio de los Deportes asistía un público que en su mayoría pertenecían a esa etapa de buen rock duro de los setentas, ya sin cabelleras largas y pantalones acampanados, pero con mucha actitud, mientras que los más jóvenes dejaron sus playeras de Nirvana y Oasis para ponerse una del Zeppelin, aunque fuera de las piratas.

 

Iniciaron con The Wanton Song, la potente voz del inglés, levantó de sus asientos a las más de veinte mil almas que se unieron con una ovación ensordecedora. Hay que decir que la censura que tuvo el rock en México desde los setentas, le impidió a una generación vivir la experiencia de Led Zeppelin y sus descargas de potentes guitarras, esa exquisita fusión de folk, blues y heavy metal, sus sonidos disruptivos llenos de furia,  pero esa noche se concretaba una revancha que no podía pasar de largo y desapercibida. Así es que con acompañamiento sinfónico,  arreglos de cuerdas, además de orquestación egipcia, los míticos británicos dieron un recorrido por lo mejor de la etapa en los setentas. Fueron épicas sus interpretaciones de Bring It On Home, Ramble On, Thank You, No Quarter pero al llegar los clásicos como Since I´ve Been Loving You y The Song Remains the Same el delirio fue evidente.

 

Dos horas de viaje psicodélico y buen rock, el encore llegó con Kashmir y Black Dog, el concierto terminó y prendieron las luces, pero la gente ya estaba poseída, incontrolable, se negaba a salir, nadie se movió de sus asiento y todos gritaban Stairway to Heaven una y otra vez. El personal de seguridad ordenaba ya el desalojo, habían pasado veinte minutos, pero nadie se movía de su asiento y seguían gritando Stairway to Heaven. Gritos que llegaban a camerinos, Page y Plant salieron a calmar a la gente, ya con bata y un trago en la mano se sorprendieron al ver que la gente no se había ido y seguían pidiendo Stairway to Heaven, entonces Plant tomó el micrófono y dijo: Nosotros ya los superamos, ahora les toca a ustedes hacerlo…. Entonces los británicos sorpresivamente pidieron reconectar todo y en forma de agradecimiento tocaron un par de canciones más, volvieron a estallar el domo de cobre con Rock and Roll. Al final todos obtuvieron su escalera al cielo, tal vez no como lo esperaba, pero sí con un cierre de concierto épico, nunca antes visto y lleno de locura.

La espera de más de veinte años para conocer en México, la magia de Led Zeppelin había valido la pena, la gente salió extasiada. Los británicos lo habían hecho aún con una banda desintegrada que resurgió de las cenizas como Ave Fénix regalando a nuestro país esta revancha justa y necesaria.