La herencia plástica mexicana en Tenancingo de Degollado

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Apenas unos días atrás, se celebró el natalicio del desaparecido muralista Leopoldo Flores, celebre entre muchas otras obras por el emblemático Cosmovitral en el corazón de Toluca. Estar ahí es parecido a explorar lo profundo de una espesa montaña y vivir un estallido sensorial en cualquier estación del año o lapso del día, por ejemplo, cuando el sol se pone en el horizonte dibujando de entre las ramas, la tierra fresca. La explicación por supuesto se encuentra en los primeros años de vida del artista plástico, y es que en su tierra natal, Tenancingo de Degollado, escenarios de ese tipo son de la más cotidianos por la vegetación de la zona. Esencia que al parecer nunca abandonó al genio.

 

Como el de Leopoldo Flores, otros nombres han puesto en el mapa a su cuidad, consagrándola como el seno de grandes artísticas platicos: desde el desaparecido Petronilo Monroy o el recientemente expositor en el festival internacional de cine de Morelia, Andrés Cano. Entonces, y ya sea por el ejemplo e inspiración de estos hombres o de una tierra bendecida por el clima, la herencia plástica del Estado y el país descansa en los hombros de pintores emergentes que están trabajando para ganarse un lugar también en la historia. Muestra de ello, la producción de murales que, en los últimos años, inunda la ciudad y que indirectamente se convierte en el pretexto ideal para conocer el rumbo.

 

Recientemente, los agremiados del mercado de las flores Xochiquétzal de la ciudad, convocaron a una pinta masiva para que sus paredes exteriores quedaran empapadas de lo que a juicio de los participantes representara los Colores de Tenancingo, y cuyo resultado fueron piezas de excelente manufactura y en las cuales la única distinción es el dominio de la técnica y la experiencia. Recordemos que la región ostenta los primeros lugares, a nivel nacional, en cuanto a producción de flores y junto con ello, el sitio donde comercian, palpita en aromas y pigmentos.

 

Antes, a casi un año de distancia, algunos miembros del Colectivo de los Creadores Plásticos Tenanzincas tuvieron a bien rehabilitar el parque de El Huerto en el bario del Huerto, a unas cuadras de la plaza principal, haciendo lo propio, limpiando bardas y dejando sus mejores trazos en los muros para el goce de chicos y grandes que, día a día, visitan el lugar. Nombres como Ximena Palomares, Tomás Major, Zélula, Soni Mictlán, Omar e Israel Vargas —que entre otros han colaborado internacionalmente, por ejemplo, con el Colectivo Tomate—, pusieron tanto de sí para acercar a los transeúntes al arte.

 

Como corona a la reina, la triada de muestras magnas con las que hasta ahora cuenta la ciudad, comienza y termina, según sea el caso, con dos murales más en las entradas a la ciudad, uno, en honor a Los Felinos: mitos y realidades, y otro  inspirado en el icónico libro de cuentos del desaparecido escritor mexicano Juan Rulfo. Entonces, si quieres ver ambas piezas, solo hay que recorrer de punta a punta la avenida de los Insurgentes.

 

En otros puntos de la ciudad hay muchos otros sitios de encuentro entre la urbanidad y el arte, por ejemplo, el refugio para perros de la ciudad, sin embargo, sirvan estos tres mencionados arriba, como punto de referencia para comenzar el viaje y el redescubrimiento de las raíces de la plástica estatal y nacional que posiblemente no gocen de la atención merecidas.