La historia es formadora de conciencia, identidad y valores
Este 15 de septiembre, la ceremonia del Grito de Dolores dejará de ser un festejo de Palacio y se convertirá en un fiesta popular con la representación artística y cultural de los 32 estados de la República mexicana, en dos escenarios: la Plaza de la Constitución y el complejo cultural de Los Pinos.
Para el INEHRM esta celebración permite repensar la historia de las guerras de independencia que llevaron a lo largo de once años a alcanzar la emancipación política.
Celebramos que la noche del 15 de septiembre de 1810 un grupo de personas iniciaron en el pueblo de Dolores, Guanajuato, una revolución, que en pocos días se contagiaría al país entero. Una revolución que hoy identificamos como la primera de las grandes transformaciones de México.
Con estas celebraciones, el primer Grito que conmemora el gobierno de la cuarta transformación, la narrativa histórica puede alejarse de las fiestas cargadas de patriotismo, de la exaltación de los héroes que participaron tanto en el inicio como en la consumación de la independencia, así como de dirigentes destacados y de su mitificación histórica dentro del panteón nacionalista, como era predominante en el discurso de la historia oficial predominante en el pasado.
Las preguntas esenciales del proceso de independencia desde esta perspectiva son: cuáles fueron las motivaciones personales y de grupo, las formas de pensar, que llevaron a sectores populares a vincularse con el alzamiento armado iniciado con el simbólico Grito de Dolores.
La historia es formadora de conciencia, identidad y valores. Maestra de la vida. En el caso de la revolución de Independencia, el aprendizaje es que cuando el pueblo, los pueblos de México, país diverso y plural, deciden tomar en sus manos su destino y transformar su realidad, es capaz de hacerlo, de manera consciente y voluntaria.
Si las mexicanas y los mexicanos de aquella época resolvieron sus problemas más importantes y nos legaron una patria, toca hoy seguir defendiendo ese legado.
