La luz de la verdad

Views: 1381

A esta parte que estoy por mencionar, me ha costado en exceso ponerle un título. Fue un debate dentro de mi cabeza por algunas noches, pero al final sé que son las palabras correctas y que cualquier lector puede saber a qué dirección va esta historia.

Sin embargo, antes de empezar quiero hacer una regresión a cuando leí el diario por primera vez: ¿quién de mi familia podría ser este seudónimo?

            Intenté encontrar las siglas con el nombre de alguno de mis tíos o primos, buscaba encajar el perfil a alguno de ellos. Nadie se parece a aquel tipo del diario y sigo sin conocerlo. Una vil mentira, si lo conozco, pero es muy pronto para revelarlo.

Poco a poco contextualizaré mi investigación con lo que sucede en la obra, citaré mis días, si es que eso también se puede. Sin más que decir dejemos que la voz de A.S. se haga presente:

“12 de octubre de 1995

El tiempo que he pasado en este país se me ha hecho tan corto y a la vez una eternidad. No me disgusta, pero tampoco me agrada. Con Alex he creado una relación casi de hermanos, me ha ayudado mucho a adaptarme a su familia y jamás me ha traicionado. Uno que otro día como ya he relatado que he tenido mis problemas con Katherine acerca de mi forma de ser, no termina por aceptarme y eso es como un gancho al hígado.

Últimamente mis salidas al teléfono público se han hecho muy poco frecuentes, por lo que he estado más dentro de mi hogar provisional. Lo que hizo que la figura materna de la señora Williams volviera a corregir o mejor dicho a querer cambiar mi manera de ser.

Lo bueno es que Alex y su padre me apoyan diciendo que es normal. Las cosas con Valerie como ya he mencionado han ido de más en menos, ya se ha cambiado de lugar. En cambio, he empezado a llevarme con Dana.

Mi dilema por el trío amoroso había disminuido a un dúo. Bueno creo ya he dado la reflexión general de las últimas semanas, es tiempo de hablar lo acontecido en esta fecha. Mis recesos volvieron a ser un poco solitarios, me recuesto y trato de dormir un poco, por lo que hoy no fue el caso.

Mientras me encontraba con los ojos cerrados, mis oídos escucharon una conversación. Ambas voces me eran un poco conocidas, la que más reconocía era la del hombre y llegué a la conclusión de que era Josh. La chica pensé que era P.T. Estas son las palabras que capté:

–¿Qué esperabas? Ella me da algo que tú no– dijo él.

–Yo no quiero y no creo que sea tiempo de hacer ese tipo de cosas.– dijo ella.

–Comprendo que tú no quieras; pero esta relación ya lleva más de un año y ya es tiempo.– dijo Josh casi gritando.

–Ya te he dicho mi respuesta, sé paciente.– contestó Paula.

–Entonces, creo que debemos terminar.– mencionó el hijo de uno de los docentes de la escuela.

Al escuchar las últimas palabras mis ojos se abrieron y al momento de girar al sitio de dónde se escuchaba aquella plática. Vi cómo él bajaba las escaleras y cómo del rosto de ella se escapaban pequeñas lágrimas. Ese fue uno de los momentos en que sentí demasiada tristeza que no fuera mía y a la vez sentí tanta impotencia, quería golpear a aquel tipo.

Al ser jueves, mis últimas dos clases fueron idiomas. El equipo representativo de fútbol y básquetbol no estaban. El grupo que juntaba a los de último grado y a los de onceavo grado que era tan grande se hizo muy chiquito.

Igual de monótona fue la clase de Manuel. Trabajo en el libro y listo, pero esa tarde viendo lo sucedido sabía que debía darle mi apoyo a Paula. A pesar de nunca haberle hablado nunca. Después de acabar mi trabajo me paré de mi silla y me fui una fila atrás, me puse frente a frente:

–¿Estás bien, te noto un poco apagada?– pregunté

–Si todo bien, muchas gracias.– contestó ella.

–¿Estás segura de ello?– cuestioné una vez más, haciendo énfasis a su sentir.

–No lo sé.– respondió.

–Cualquier cosa que sea, puedes confiar en mí. Soy un extraño, pero puedo ayudarte a sentirte mejor.– mencioné.

–Es Josh, es solamente él. Nos peleamos y terminamos.–dijo ella confiando en mí.

–Pero eso no es una razón para estar triste, se ve que se tienen mucho cariño y puedo prometerte que regresaran. Así que sonríe, pues las cosas aún tienen solución.– dije yo tratando de darle ánimo.

Después de esa corta conversación (de escasos cinco a ocho minutos), me fui a mi lugar. Fue una acción sumamente precipitada de mi parte, ojo no me fui antes de que sonriera.

Dio el timbre final de las clases normales, como cada lunes y jueves debía quedarme a mis lecciones extras de inglés. Tiempo más tarde, mi bicicleta y yo llegamos a casa de los Williams. Katherine me esperó en la mesa para comer y esta vez también Alex. Nada mejor que dos hamburguesas y un vaso de Coca-Cola para levantar tus energías.

Para mañana tengo que entregar un trabajo de investigación, así que no tuve otro remedio de ir a la biblioteca. El hermano de en medio de mi familia provisional me acompañó, no es un tipo callado y obviamente fue en contra de las reglas de este recinto de miles de libros:

–Todos dicen que hablaste con P.T.– dijo él casi gritando.

–Guarda silencio, nos sacarán y tengo mucho trabajo que hacer.– respondí murmurando.

–Sólo dime si es verdad que la has hecho reír, me callaré e incluso te ayudaré a pasar a máquina lo que llevas a mano.– mencionó Alex insistiendo más y más.

–Está bien, es un acuerdo. Sí, hablé con ella y si hice que sonriera.– contesté.

Tres horas más tarde regresamos a casa, ya merendé y estoy a nada de acostarme. Hoy fui un gran día, esté es el segundo paso.

A.S.”