LA NOCHE

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En la oscura noche del helado invierno, 

cuando las estrellas escapan del cielo

y el frío del ambiente cala hasta los huesos,

se cubre todo bajo un fino velo.

Viene a mi memoria tu amado recuerdo,

mi alma como hoguera, cruje por dentro,

se calcina el mundo porque no te tengo,

 y aviva la flama con quemante fuego. 

Pienso en la gloria de los tiempos idos

que dejan sus huellas en la noche oscura,

del tiempo perdido, con cruel amargura.

Noche sin luceros, noche sin estrellas…

Pero vuelves raudo en esta noche fría,

Te miro a mi lado, y casi no lo creo.

Y al fin me parece todo fantasía,

y pienso que esta noche del invierno helado,

es todo un puñado de luz y alegría.

Zimapán, Hgo., México.

       AMOR EN LA TEMPESTAD

Bajo el espeso bosque tupido de prominentes árboles,

oscilando entre sombras de anguladas siluetas,

aceradas, impávidas y trémulas,

Imagino tu rostro, con tus ojos profundos,

tus manos y tu pelo, y en el vaivén del aire     

se despierta mi anhelo, 

 y admito, que por ti, contra el mundo,

estoy dispuesta a luchar.

Enigmáticas copas, cuajadas de rocío,

dejan caer la brisa, perfumada y empírica, 

que me hace recordar.

La lluvia fulgurante, como polvo de estrellas,

se desploma de prisa, y al iniciar la tarde

con su triste arrebol, tarde mustia y callada,

me empieza a refrescar.

Cuando de pronto un trueno retumba estrepitoso

en el cielo nublado, lluvioso, encapotado, 

nebuliza el entorno, expande la oscuridad,

y sobre la arboleda despeinada y airosa

se desata la tormenta, y el miedo prevalece

por la cruel tempestad.

La tarde tan tranquila, serena y reposada, 

se hizo trizas, añicos, presintiendo el final,

Pero llegó la calma después de la borrasca,

y al caer de la noche termina el vendaval.

 Y vuelve la belleza en escarcha de luceros, con su serenidad.

Al cielo azul marino asoman los luceros.

Brillantes las estrellas con luces platinadas

y mágicos reflejos

y en su plácido ambiente, en ti vuelvo a pensar.

Zimapan, Hgo., Mexico