+La nueva cromática de la democracia. Nada ha cambiado, sólo el color de los edificios públicos; Los lujos del alcalde de Chiconcuac. Viaja en helicóptero a fiesta de “pueblito”
La frase:
La renta por hora de un helicóptero en México cuesta entre 45 y 125,000 pesos, dependiendo del modelo, capacidad y servicios. Vuelos panorámicos cortos de 30 minutos inician desde los 4,000 pesos mientras que los tours privados entre 13,500 y 18,000 pesos en la ciudad de México.
CUÁNTO LE COSTÓ AL PUEBLO DE CHICONCUAC
Junto con el arribo de la mal llamada Cuarta Transformación al poder público del Estado de México y del país en general, son pocos los cambios que se pueden reportar y que impliquen un beneficio real para los ciudadanos. En los hospitales siguen faltando medicamentos, principalmente los de especialidad, a pesar de los anunciados aumentos al Salario Mínimo es falso que hoy los trabajadores mexicanos vivan más desahogadamente, en tanto las escuelas públicas siguen padeciendo de todo, sobre todo de maestros en el caso específico de la entidad mexiquense, solo por mencionar algunos de los aspectos que más destacan por sus carencias en el espectro nacional.
Pero lo que sí está cambiando, y a un ritmo muy acelerado, es el color de todos los edificios gubernamentales. Parece que los gobiernos –federal y estatal— han dedicado sus mejores esfuerzos presupuestales a la compra masiva de pintura de color guinda para pintar de ese color todo lo que se les atraviesa y con ello hacer sentir a propios y extraños que las cosas están cambiando en el sector público.
Sin embargo, lo único que está cambiando en el gobierno federal y estatal es la cromática de los edificios públicos, no así su funcionamiento, no así su operación. En las oficinas federales, estatales y algunas municipales –donde gobierna Morena— las cosas siguen igual o peor que antes del 2018, cuando ellos conquistaron la mayoría política del país.
Pero hoy todo es color guinda, tono que identifica la marca de Morena, la cual se está llevando a un grado superlativo, tal como lo hiciera en su oportunidad el régimen Nazi con Adolfo Hitler en la Alemania de antes de la Segunda Guerra Mundial.
Solo hay una instrucción en las oficinas encargadas de la imagen y comunicación del gobierno federal y estatal: pintar todo de guinda, no dejar un solo edificio sin marcarlo como si fuera un territorio donde manda y ordena el ahora partido oficial, como si eso fuera un símbolo de mejora o transformación de fondo, como si no se dieran cuenta o no quisieran entender que no es pintando como van a transformar las cosas.
Atrás quedaron los tonos verdes que durante décadas caracterizaron al Instituto Mexicano del Seguro Social o el azul que distinguió también al Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), sólo por mencionar dos ejemplos de instituciones públicas que han estado al servicio de los mexicanos. Pues esos colores se fueron al olvido y hoy todo es guinda.
Guinda que, por cierto, no es el color más atractivo, ni el más cálido y mucho menos el más cordial para las personas, pero eso evidentemente no le importa al partido político que lo promueve como una forma más de adiestramiento ideológico para la población a la que pretende atraer a sus filas.

Sin embargo, hay que reconocer que ese color está logrando identificación de amplios sectores de la sociedad, la cual, ahora, ya entiende que si ve a alguien con un chaleco o una chamarra en ese tono simplemente debe aceptarla como autoridad.
Autoridad que no en todos los casos está resultando ser la más eficiente para atender al ciudadano, pero si es la que ahora más identifica y liga casi en automático con alguien que tiene poder.
Y es en este último aspecto en el que evidentemente se está tendiendo un problema, porque, si se analiza, no es lo mismo tener poder que autoridad, y eso es algo que debería explicársele a las y los militantes del Movimiento de Regeneración Nacional y a los gobiernos que ahora ocupan.
El poder es vertical, se ejerce en una línea de mando de arriba hacia abajo y no siempre se aplica por convicción, sino por obligación. En tanto, la autoridad debe ser un patrón de reconocimiento, pues la sociedad reconoce a una autoridad cuando ésta le sirve, cuando responde a sus necesidades y demandas a partir de un trabajo coordinado y siempre buscando el bien común. No por obligación.
Pero eso es algo que evidentemente no se entiende en el poder público mexicano en la actualidad, en el que la mayoría de las decisiones son unilaterales, de arriba hacia abajo e impuestas, como lo fue la llamada elección del Poder Judicial y lo será próximamente la Reforma Electoral, en un patrón de esto es lo que nosotros pensamos y así debe de ser, se tenga o no se tenga la razón.
Así es que los mexicanos tendremos que seguir acostumbrándonos a que cada vez haya más edificios –escuelas, hospitales, guarderías y hasta crematorios—pintados de color guinda, para ir sumando a un ejército ideológico en el que no tardan en cambiar el uniforme a los policías, bomberos y hasta soldados para todavía hacer más evidente el deseo se imponer una ideología, como si fuera una naciente religión.
Nadie se debe sorprender que la moda sea guinda, y mientras que la mayoría de los mexicanos no se decida y actúe en un sentido distinto, ellos, los que encabezan el régimen mayoritario actual, seguirán ahondando en esta estrategia que parece inocente e inofensiva, pero que tiene mucho más de fondo que de forma, tiene riesgos, y debería ser comprendida e incluso combatida por quienes se supone que piensan distinto.
Los lujos del alcalde. Viaja en helicóptero a fiesta de pueblito
En los últimos tiempos hemos sido mudos testigos de excesos en el poder. Diputados y Senadoresque viajan en primera clase a Europa, Presidentes municipales que eligen Grecia para ir a descansar y hasta miembros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que prefieren camionetas de lujo y blindadas para desempeñar sus cargos.
Pero lo hecho por el presidente municipal de Chiconcuac, Estado de México, Rafael Vázquez de la Rosa, parece que excede y por mucho todos esos antecedentes en los que se demuestra que quienes llegan a un cargo de gobierno son propensos a volverse locos y a confundir los límites de sus posibilidades para hacer y disponer de los recursos públicos.
Resulta que este finísimo presidente municipal mexiquense el pasado fin de semana arribó en helicóptero a la inauguración del Carnaval de Mujeres, en la comunidad de San Pablito, en un hecho que fue difundido por el propio ayuntamiento a través de fotografías y videos en sus redes oficiales, como si se hubiera tratado de una gran proeza.
La aeronave aterrizó la tarde del domingo en los campos de fútbol de la localidad. En ella viajaban también la presidenta honoraria del DIF municipal, Denys Magaly Estrada Castillo –esposa de Rafael Vázquez de la Rosa– y la reina de las festividades. Las imágenes difundidas por el aparato de comunicación social del ayuntamiento muestran el descenso entre música de banda y aplausos, en el arranque de las celebraciones.

Tras bajar del helicóptero, el alcalde Vázquez de la Rosa se dirigió al recinto principal para encabezar la apertura formal del carnaval,donde destacó la importancia de mantener vivas las tradiciones y fortalecer la identidad cultural del municipio.
La escena causa extrañeza, interrogantes, pero, sobre todo, sospechas en torno a la labor de un alcalde de uno de los municipios de mayor rezago económico del Estado de México, sobre todo viniendo –como es el caso— de un político emanado de la alianza entre Morena, el Partido del Trabajo y el Verde Ecologista, la llamada Cuarta Transformación que muestra, una vez más, que les encanta el lujo.
Hasta el momento, el presidente municipal de Chiconcuac, Rafael Vázquez de la Rosa no se ha tomado el tiempo para aclarar ¿por qué llegó en helicóptero a esa fiesta de pueblito?
Mucho menos ha mencionado de dónde salió el helicóptero, cuánto le costó rentarlo o quién se lo prestó, lo que evidenciaría todavía más que el munícipe tiene relaciones con personas que operan con recursos no muy lícitos.
Si lo que intentó el alcalde de Chiconcuac es hacer ver a los pobladores de San Pablito su poder, pues en realidad sí los impresionó, pero dejó entre ellos muchos cuestionamientos sobre ¿por qué mejor no invierte esos recursos en obras de beneficio social, como la red hidráulica de la que Chiconcuac carece desde hace tantos años?
Por salud política el presidente municipal debe ofrecer una explicación amplia y clara de sus acciones, y desligarse de las versiones que ya lo ubican como un aliado de grupos de poder en los que se manejan recursos surgidos de actividades oscuras.


