La protección de datos más allá de la muerte

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El Día de Muertos es una celebración arraigada en nuestro país a partir de un sincretismo religioso en torno al fallecimiento de las personas, el significado de su partida y la esperanza de la resurrección con la honra de su memoria al regreso al plano en el que nos encontramos. De manera simbólica, el séptimo arte ha logrado recientemente retratar esta tradición y acompañarla de representaciones mágicas basadas en nuestra cultura popular y propuestas representativas de nuestra relación con la filosofía de la vida y la muerte, a partir de una serie de películas que han logrado ilustrar el significado especial que tienen nuestros antepasados como parte de nuestro presente.

Y es ahí  como, surge una nueva reflexión en torno al papel que juega para nuestra sociedad la representación simbólica de la muerte, para lo cual, quisiera tomar como referencia la alegoría de la película Coco, en torno a que las personas fallecidas desaparecen en la medida que no existen personas que les honran y recuerdan en sus ofrendas, en las cuales, se reserva para nuestros antepasados productos, generalmente alimenticios, sobre sus gustos y hábitos, en marcados de las flores y ceras que les guían en su camino de regreso, pero, cobrando importancia de manera relevante, sus fotografías.

Toda esta serie de símbolos, si lo traducimos en tipo de información, son registros en torno a las características que identificaban a una persona y que por definición antonomástica serían susceptibles de considerarse como datos personales, lo cual, pudiese constituir una falacia lingüística si se considera que el concepto dato personal, constituye un término de carácter normativo, el cual requiere para su integración de algunas referencias contenidas en la legislación civil y en torno a una de las primeras ficciones jurídicas, como lo es el del concepto de persona y sus atributos, así como a los derechos de la personalidad. Sobre el particular, conviene señalar que la presente colaboración pretende analizar de manera extensiva cuáles son los atributos teleológicos que pudiese darse en torno a los conceptos persona y los derechos de la personalidad, cuando, eventualmente pueda contar con elementos ontológicos que pudiesen llegar a una conclusión similar de la que propongo en esta colaboración.

Concepto normativo, puesto que, en un país como el nuestro en el que el sistema federal permite al día de hoy un conjunto de 33 legislaciones que contienen el concepto persona o sus atributos, conviene señalar, a manera de ejemplo que los artículos 22 del Código Civil Federal, refiere que la capacidad jurídica de las personas físicas se adquiere por el nacimiento y se pierde por la muerte, pero desde el momento en que un individuo es concebido, entra bajo la protección de la ley y se le tiene por nacido para los efectos declarados en el Código referido; y, por su parte, el diverso 2.1 del Código Civil del Estado de México, refiere que persona física es el ser humano desde que nace y es viable, hasta que muere; a quien se le atribuye capacidad de goce y de ejercicio; y que desde que es concebido se le tiene por persona para los efectos declarados por la ley, precisando que, es viable el ser humano que ha vivido veinticuatro horas posteriores a su nacimiento o es presentado vivo ante el Oficial del Registro Civil.

Es decir, considerando que el concepto dato personal hace referencia a cualquier información concerniente a una persona física identificada o identificable, y, que dependiendo de la jurisdicción en que nos encontremos, puede considerarse válido referirse a datos personales de fallecidos y fallecidas, siempre y cuando la legislación no limite dicho concepto únicamente a personas vivas, se vuelve necesario establecer cuáles serían los parámetros relativos a la titularidad o atribuibilidad de los derechos inherentes a dicho supuesto.

Si bien, desde la sistematización de la experiencia empírica respecto de aquellos supuestos que se han dado en torno a los problemas jurídicos que surgen en torno a la gestión de derechos de las personas fallecidas, sobre todo, desde una perspectiva de los derechos personales (puesto que, tratándose de derechos reales, o, sobre los bienes, las reglas existentes en torno a la sucesión son en buena medida adecuadas y suficientes para tales efectos), ha logrado que, en ciertos ámbitos pueda establecerse la protección de información sobre personas fallecidas, principalmente en materia de derechos de autor; en aquellos supuestos a la voluntad anticipada y disposición de órganos; en las recientes reglas establecidas para el ejercicio de derechos de Acceso, Rectificación, Cancelación y Oposición de Datos Personales para el Sector Público en nuestro país; o, la posibilidad de incorporar dentro del testamento o llevar a cabo un testamento digital, tanto para nuestros derechos en general, o, para aquellos contenidos generados en plataformas digitales.

¿Por qué resulta importante empezar a teorizar y generar soluciones para estos nuevos escenarios?, a muestra de ejemplo, creo que vale la pena señalar el reciente promocional de una cadena de supermercados que creó un comercial a través de Deepfakes sobre uno de los más grandes íconos del cine mexicano como lo es Mario Moreno “Cantinflas”, cuyas facciones fueron recreadas para dar lugar a una representación virtual de su imagen a través del uso de tecnología; si bien el proceso no fue 100% digital, sino que se trató de una producción en la que una persona realizó una imitación del artista, con la llegada del metaverso y la existencia de una gran cantidad de datos disponibles para su reuso comercial y social, han desaparecido las barreras técnicas que impedían ver dicha situación como un problema jurídico no sólo en torno al uso de nuestros datos en vida y la muerte, sino ¿queremos o debemos contar con un yo digital? ¿quisiéramos que nuestro yo digital siguiera emulando nuestras actitudes con base en los datos registrados en una plataforma? y/o ¿cuáles serían los presupuestos o condiciones necesarias para que esta información debiera ser eliminada del ciberespacio?.

Si bien, como en el caso del reconocido artista una primera solución sería otorgarles a los datos personales de fallecidos una cualidad similar a la protección de los derechos de imagen en derechos de autor, también es cierto, que ser volverá necesario un análisis en cuanto al alcance del uso de los datos de personas vivas y muertos, a partir del uso prospectivo de cada tipo de información, por ello, creo que tratándose de personas fallecidas es dable generar una serie de categoría en función de los parámetros asociados a dicha información como lo son:

–        Atribuibilidad de dicho dato a una persona fallecida o por estar vinculado conjuntamente con una persona viva.

–        Efectos que puede darse a dicha información como parte de una disposición post mortem o de una voluntad anticipada.

–        Calidad o tipo de dato, así como soporte en el que se encuentra contenido y prospectiva de uso.

–        Persona o grupo de personas que son susceptibles de volverse titulares de los derechos inherentes a dicha información y/o legitimadas para que se cumplan los fines asociados a dicho uso.

Supuestos que, deberán ser analizados a fin de valorar cuáles serán las vías más adecuadas para su garantía, entre los cuales, habrá de identificarse si en el marco del derecho civil deberían ampliarse los ámbitos de desarrollo de los derechos de la personalidad, o, el ámbito administrativo del derecho a la protección de datos personales debe incorporar dichos requerimiento como parte de sus reformas futuras en el marco de derechos digitales. Hasta la próxima.