La sociedad se manifiesta
“Despierta México”
La luz que inunda nuestro ser se convierte en neblina cuando los recuerdos de la desgracia llegan y nuestro ser deja de tiritar en sintonía con la plenitud, cuando no caminamos por el sendero que nos marca la paz.
Octubre ha iniciado con tambor batiente en nuestro país y es que se vive un clima de plena libertad de expresión en donde la libertad, en algunos supuestos se convierte en libertinaje; los hechos de nuestro pasado ahora se convierten en la justificación tumultuosa por la que se puede herir y se puede gritar exigiendo, confundiéndose con manifestar.
La cosa no es para menos, muchas de las personas que salen a las calles a manifestarse en últimas fechas dentro del territorio nacional, lo hacen bajo el amparo propio de la ley, protegidos bajo el velo de la cultura de la participación social y democrática. Se juzgará y se discutirá sobre la legitimidad de esta serie de movimientos, pero cierto es que en una sociedad donde la voz parece se va difuminando en el infinito; hablar resulta existir y necesariamente persistir.
Ahí esta el bastión de una lucha social como la manifestada en 1968 por un régimen de estudiantes preocupados por su país y su educación, idealizados en la postura de una Latinoamérica libre; tomando como icono de batalla al comandante “Che” Guevara y su férrea defensa de la dignidad humana, jóvenes rebeldes que ungidos de causas justas salieron solidarios a procesionar por el epicentro de su país.
Si existía o no violencia en los tiempos del 2 de octubre es un tema que poco entra a debate y no me refiero a la violencia desmedida con la que oficialmente el Estado reaccionó para disolver un movimiento social, previo a la celebración de los juegos olímpicos; nos referimos a un tema que poco se aborda en la radiografía analítica del movimiento: ¿los jóvenes estudiantes de aquel entonces actuaron en pro de la paz y de forma pacífica o se incitaba a la revuelta?
La sociedad en su conjunto de aquellos tiempos de nuestra historia, se indigno y afligió por lo ocurrido en contra los estudiantes que se habían manifestado en contra del gobierno, la famosa “matanza de Tlatelolco” era el resultado de seguir lo que pasaba en diversas latitudes del mundo, principalmente en Europa y Estados Unidos de Norteamérica, donde la sociedad levantaba su voz protestando por la forma en cómo se conducían los rumbos y destinos de sus respectivos países.
México no era la excepción del repique de conciencia lapidaria que resonaba en la sociedad, preocupados por su entorno los jóvenes y los ciudadanos en su conjunto luchaban por defender los derechos que para ellos eran considerados como justos. El resultado de dicha proclama nacionalista fue adverso, las manos que otrora se levantaron para vitorear “hasta la victoria siempre” o cerrar el puño para manifestar su inconformidad, ese fatídico 2 de octubre cayeron con la palma hacia arriba en señal de esperanza.
Sin embargo; tiempo después ese recuerdo tortuoso de nuestra historia se convierte en marchas y protestas desmedidas que laceran el patrimonio del Estado, los comerciantes establecidos son presa de una preocupación muy particular, pues ahora, los ataques de los manifestantes van en contra de sus negocios; insignias y pintas en fachadas son un tema común, y en casos muy particulares muestras de violencia en contra de quién decida ponerse al frente.
Este fenómeno de movilización social nos deja muy claras muestras de lo que puede ser realmente la necesidad social: ser escuchada, atendida en sus preocupaciones más apremiantes y es que si bien el 2 de octubre de 1968 el pueblo mexicano sufrió una herida; lo cierto es que dejo una cicatriz profunda que parece llagar cada que se menciona: “2 de octubre no se olvida”
Curiosamente hace varios años, la búsqueda por alcanzar el poder político llevo a distintos agentes públicos a expresar inconformidades mediante manifestaciones sociales diversas; cada quien defendiendo una causa y una ideología diversa: lo mismo se han cerrado carreteras para pedir el subsidio en el pago de peaje o la disminución de cobro en casetas, que manifestaciones a manera de plantón han asediado el corazón de la Ciudad de México, manifestaciones que han dejado grandes perdidas comerciales y pocos acuerdos satisfactorios, pareciera que este tipo de presiones políticas no tienden a surtir el efecto colectivo que se pretende.
Recordemos hace ya algunas décadas la marcha del EZLN promoviendo sus ideales y la defensa de su causa hasta encontrarse cara a cara con las instituciones públicas, esta marcha llamo la atención del ámbito internacional quien documento y en algunos casos apoyo la causa legitima del movimiento que no era otro que voltear a ver a los más desprotegidos: nuestros pueblos originarios. El ideario de esta cabalgata no fue otro que un “pasamontañas” que identificaba a quienes fieles a una tradición revolucionaria apostaban por el zapatismo.
Recordemos con agrado las marchas por la paz, vestidos de blanco y en silencio que en su momento encabezara Javier Sicilia, o las promovidas en contra de la violencia encabezadas por el empresario Alejandro Martí, todas estas; promovidas con la finalidad de hacerse escuchar, de que se voltee a ver la realidad social, alzando la voz por los que ya no pueden hacerlo, dándole rostro a los vencidos, a los silenciados, a lo que ya no están con nosotros.
Los padres y familiares de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, los seguidores y fieles defensores de la diversidad sexual, el movimiento feminista y sus derivaciones que por fuerza y por necesidad luchan por hacer prevalecer los derechos de la mujer, los padres de los niños con cáncer exigiendo los medicamentos mínimos para que sus hijos y familiares puedan subsistir, choferes del servicio público (taxistas y microbuseros principalmente) exigiendo se prohíba el servicio de plataformas digitales para el uso de trasportación.
Muchas son las causas que defienden en las manifestaciones sociales; unas podrán causar incomodidad y la preocupación de la ciudadanía dada la forma en como se desarrollan, otras servirán de bastión de lucha para defender la causa en diversos escenarios; pero es un hecho demostrable que en nuestros días la sociedad actúa, se acciona y manifiesta para defender lo que dicen es justo: hagamos lo posible porque estas manifestaciones no se vean corrompidas por infiltrados que buscan sacar raja del árbol caído, que los valores como la ciudadanía y la eficacia no permitan estas formas de manifestación, sin embargo la mejor decisión por su puesto la tienes tú.

