LA T DE TOLUCA

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El futuro no puede ser el basurero del  presente. Daniel Innerarity

 

Recuerdo con una gran nostalgia, las múltiples ocasiones en que, de noche, viajábamos de la CDMX a Toluca, transitando por la carretera federal, la misma que alguna vez fue considerada la más peligrosa de América y una de las cinco más peligrosas del mundo.

Al llegar al puerto de las cruces, con su anuncio de 3,000 metros sobre el nivel del mar, iniciaba la pendiente rumbo al valle de Toluca y orgullosos, pero ante todo tranquilos, vislumbrábamos la T de Toluca, perfectamente dibujada por el alumbrado público de la capital del Estado de México.

Era como una especie de rito, que alguno de los viajantes, expresáramos: ya me siento en casita.

Era el fin de la gloriosa década de los sesentas, cuando aún se podía leer en el cerro de la TeresonaArriba y Adelante, letrero formado por un centenar de piedras pintadas de blanco y a nuestra ciudad, se le llamaba por su nombre y apellido: Toluca la bella.

Corría el año de 1969, estaba por iniciar el periodo gubernamental del Profesor Carlos Hank y el Presidente Municipal de Toluca, era el distinguido caballero Don Felipe Chávez Becerril, sin duda, uno de los mejores alcaldes de nuestra ciudad, quien por segunda vez, ocupaba la alcaldía, la primera fue en el trienio 1958-1960.

De entonces a la fecha, han desfilado 21 alcaldes, 17 hombres y 4 mujeres, 3 de ellas, muy destacadas y reconocidas por su entrega responsable a su encargo. De los hombres, no hay mucho que hablar, salvo contadas excepciones; el resto, le quedaron a deber a Toluca, les quedó grande la silla y chica su bolsa para todo lo que se llevaron.

Que su prioridad sean los votos para ganar el puesto y una vez en su encargo, tapar los baches para que no fracase su gestión, sólo por mencionar un tema de muchos que requiere resolver nuestro municipio. Que las fiestas y los conciertos masivos, los hagan otros.

Y es que en poco más de medio siglo, Toluca, dejó de ser la bella y los toluqueños dejamos de sentir esa sensación al ver la T de Toluca, de sentirnos en casita, dejamos de ser una comunidad.

Las palabras tienen significados, pero algunas palabras producen además una sensación. La palabra comunidad es una de ellas. Produce una sensación agradable; sea cual sea el significado de comunidad, esta bien tener una comunidad, estar en comunidad.

La comunidad es un lugar cálido, un lugar acogedor y confortable. Es como un tejado bajo el que cobijarse cuando llueve mucho, como una fogata ante la que calentar nuestras manos en un día helado.

En comunidad podemos relajarnos; nos sentimos seguros, no hay peligros emboscados en rincones oscuros. En una comunidad todos nos entendemos bien, podemos confiar en lo que oímos, estamos seguros la mayor parte del tiempo y rarísima vez sufrimos perplejidades o sobresaltos. Si, ya sé que me estoy envolviendo en la bandera de la utopía, pero se vale, ¿no?

En una comunidad podemos contar con una buena voluntad mutua. ¿Quién no desearía vivir entre personas amables y de buena voluntad en las que poder confiar y con cuyas palabras y hechos puede contarse?

En suma, la comunidad representa el tipo de mundo al que, por desgracia, no podemos acceder, pero que deseamos con todas nuestras fuerzas habitar y del que esperamos volver a tomar posesión.

El próximo año será un parteaguas en el destino de nuestro país: o salimos del atascadero en donde nos han metido, o, desafortunadamente, nos veremos arrasados por un huracán más rabioso que el Otis, me refiero al AmlOtis.

Reflexionemos nuestro voto, vayamos a votar por un constructor, no un destructor; por un responsable, no por un irresponsable; por alguien con deseos de servir y no de servirse.

Recuperemos a nuestra Toluca la Bella, con un gobierno responsable, austero, que tenga sentido común para gobernar y crear comunidad. Que sea mujer, ya que el devenir del actuar de los alcaldes, las favorece a ellas. Yo conozco a una que tiene las cualidades para incluir, motivar y articular el esfuerzo y la energía de los jóvenes, de las mujeres y de todos quienes queremos una Toluca blanca, no sólo metafóricamente, sino también, luciendo fachadas pintadas de blanco, como un punto de partida para sembrar la semilla de la comunidad… reconozco a una: Melissa Vargas.