La tecnología contrataca: el Rastreo COVID

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A principios de este mes finalmente se lanzó la actualización en iOS 13.7 y en Android respecto de la iniciativa desarrollada entre Apple y Google para establecer un mecanismo de alerta basado en proximidad de usuarios, a través del cual, una persona que resulte infectada por COVID-19 generará una noticia automática para todos aquellos contactos con los que haya tenido proximidad de manera totalmente anónima, mecanismo que se encuentra sujeto a la voluntad del usuario a fin de activarla o no.

Si bien la infraestructura tecnológica proporcionada por las empresas que dominan los principales sistemas operativos de los usuarios de telefonía celular representa un gran avance logístico para combatir la enfermedad de manera homologada en todo el mundo, facilitando la detección y el control del brote de la enfermedad, y, a su vez, conteniendo un avance descontrolado, se requieren tramos importantes compartidos de responsabilidad social para que dichos aplicativos puedan ayudar para redimir el avance de la enfermedad y reactivar de manera dinámica la economía.

El primer tramo le corresponde a los usuarios con la actualización de sus sistemas operativos y la autorización del aplicativo para que puede generarse un uso extendido, lo cual si bien pudiera parecer una cuestión menor, revelará el alcance real de la brecha respecto de los tipos de dispositivos susceptibles de contar con dicha actualización, así como el grado de cooperación y consciencia de la población usuaria respecto de sus responsabilidades con el entorno digital, tema que por naturaleza no resulta cómodo afrontar, pero que ante los requerimientos pragmáticos de su uso y funcionalidad requiere una respuesta colectiva uniforme que permita que esta tecnología pueda tener eficacia.

Esto es así, puesto que si no existe un número extendido de usuarios que utilizan dicho aplicativo, difícilmente se podrá lograr un control eficaz de la enfermedad, puesto que existirán grandes huecos que dificultarán un esquema de alerta temprana, ante la falta de condiciones para trazar las personas que estuvieron vinculadas con un posible contagio.

Por otra parte, se requiere acompañar con medidas comunitarias y/o gubernamentales para la detección, es decir, para aplicar pruebas, único supuesto sobre el cual se podrá actualizar una alerta para prevenir a las personas con las que se ha tenido interacción en un periodo de tiempo cercano.

Retos que a su vez enfrentarán una encrucijada doble, la relativa a la autorización del uso de la aplicación en lo que respecta a la renuncia de nuestra privacidad por un bien común, y, la relativa a la posibilidad de ser identificado con motivo de la infección de dicha enfermedad.

Si bien, técnicamente los riesgos asociados con el uso de dichos aplicativos son muy bajos dado su enfoque de privacidad por defecto y el uso de datos personales disociados, los cuales fueron objeto de una larga revisión y pruebas a fin de determinar un esquema que impactara en la privacidad, en la práctica, la autorización de un monitoreo de nuestra actividad sin duda representa un nuevo umbral nuestra expectativa de privacidad que si bien, su eventual y transitoria cesión se justifica en aras del bien común, no deja de generar intranquilidad frente a las amenazas existentes al tratamiento de nuestros datos personales en un entorno digital.

Este sentimiento de extrañeza, finalmente podrá ser el factor decisivo en torno a si las personas aceptaremos o no esta nueva funcionalidad de rastreo en nuestros celulares, que si bien hoy se refiere como de implementación transitoria, no sería raro que como previamente he señalado, se incorpore como una nueva funcionalidad, que se encuentra dentro de los mismos o menores parámetros de riesgo en comparación de aplicativos similares, como podrían ser el gps o nuestro registro de tráfico de red.

Por lo cual, corresponderá a cada uno de nosotros evaluar la pertinencia de esta nueva decisión, que no es menor, pero que representa el segundo esfuerzo colaborativo, considerado inclusive como subsecuente a la implementación del world wide web, en el que la humanidad unirá esfuerzos en los sectores público y privado para hacer frente a los contagios de la enfermedad a través del rastreo basado en tecnología.

Decisión que corresponderá a cada una y cada uno de nosotros, que bien valdría tener como un voto de confianza hacia una industria digital responsable que demuestre que por encima del aprovechamiento de nuestra información para su beneficio, considere que deben prevalecer los intereses de los titulares de los datos personales, por encima de cualquier beneficio comercial.

Voto de confianza que a su vez, permitirá a la humanidad dar un paso conjunto en la primer guerra relevante del siglo XXI, la de la erradicación de una pandemia, en tiempos que ya están empezando a correr, puesto que dichas actualizaciones ya empiezan a llegar para su descarga.

Hasta la próxima.