LA TRÍADA OSCURA

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Caras vemos, corazones no sabemos. Refrán popular.

 

Los recientes y muy lamentables hechos que hemos vivido en la ciudad de Toluca y en todo el Estado de México, sin olvidar lo que desde hace cinco años ha ocurrido en nuestro país, nos llevan a la imperiosa necesidad de recordarles lo siguiente a todos los políticos de cualquier partido. Es el deber de un Estado democrático, garantizar la seguridad y el bienestar de su ciudadanía y coordinar la respuesta ante las situaciones más complicadas.

Pero también, vale recordarle a la ciudadanía, que mientras sigan en su actitud apática durante los procesos electorales, la reflexión anterior, no dejará de ser una utopía.

Y es que ya estamos cansados de que en cada proceso electoral, sea municipal, estatal o federal, sean los electores quienes salgan irremediablemente perdiendo. Tal pareciera que las virtudes cardinales y las formas de practicar la política son como el agua y el aceite.

Encontrar a un político virtuoso, es como diría el clásico, buscar una aguja en un pajar.

Urge que la ciudadanía se ponga las pilas y analice bajo la luz de potentes reflectores a los próximos candidatos. Tal pareciera que los perfiles autoritarios y portadores de LA TRÍADA OSCURA, mantienen arrinconados a los políticos virtuosos, los pocos que quedan. Lo digo por el recientemente fallecido, Porfirio Muñoz Ledo, de quien les platicaremos en nuestra próxima entrega.

Pero veamos que rollo con eso de LA TRÍADA OSCURA y para ello, naveguemos en los mares de la psicología, que es de donde surgió el título.

En psicología, LA TRÍADA OSCURA se refiere a tres rasgos de personalidad considerados negativos: el maquiavelismo, la psicopatía y el narcisismo. Estos rasgos representan patrones de comportamiento manipulador, falta de empatía, búsqueda de poder y atención excesiva hacia uno mismo. LA TRÍADA OSCURA se ha estudiado en relación con el comportamiento antisocial y el éxito interpersonal. Es importante tener en cuenta, que no todas las personas que exhiben estos rasgos son necesariamente peligrosas o criminales, pero pueden tener dificultades en sus relaciones y ser menos conscientes de los efectos de su comportamiento en los demás.

Empecemos por el Maquiavelismo: Este rasgo de personalidad se refiere a la tendencia de una persona a ser manipuladora, engañadora y dispuesta a utilizar cualquier medio necesario para alcanzar sus objetivos. Los individuos maquiavélicos tienden a ser astutos, estratégicos y a menudo carecen de escrúpulos éticos.

El siguiente rasgo, la Psicopatía: Se caracteriza por la falta de empatía y remordimiento, el comportamiento impulsivo y la superficialidad emocional. Los psicópatas suelen mostrar una incapacidad para entender las emociones de los demás y carecen de conciencia moral.

Finalmente, el Narcisismo: Se refiere a un excesivo amor propio y a una preocupación exagerada por la propia imagen y el reconocimiento. Los individuos narcisistas suelen tener una gran necesidad de admiración y carecen de empatía hacia los demás.

La historia, maestra de la vida, conserva en su memoria a tres sujetos que encarnaron a la perfección estos perfiles: Hitler, Stalin y Mussolini.

De este licuado perverso, se deriva la ESTRATEGIA SOCIAL EXPLOTADORA, que se refiere a un enfoque que algunas personas adoptan en sus interacciones sociales para obtener beneficios personales a expensas de los demás. Es una forma manipuladora de relacionarse que implica aprovecharse de los demás sin tener en cuenta sus necesidades, sentimientos o derechos.

Las personas explotadoras tienden a ser astutas y calculadoras. Pueden utilizar tácticas como la manipulación emocional, la mentira, el engaño o la intimidación para obtener lo que desean de los demás.

Algunas características comunes de la estrategia social explotadora incluyen: Falta de empatía: Las personas que adoptan esta estrategia muestran una incapacidad o una falta de disposición para comprender y respetar los sentimientos y necesidades de los demás. No les importa cómo sus acciones pueden afectar negativamente a los demás, siempre y cuando obtengan lo que desean.

Manipulación emocional: Utilizan las emociones de los demás como una herramienta para alcanzar sus objetivos. Pueden emplear técnicas como el chantaje emocional, la victimización o la seducción para influir en las personas y conseguir lo que quieren. ¿No me diga que se nos vino en mente la chachalaca madrugadora?

Buscar el beneficio propio: Su esencia egoísta le hace perseguir sin recato alguno, ventajas personales. Estas personas priorizan sus propios intereses sin considerar las necesidades o derechos de los demás.

Falta de reciprocidad: No están dispuestas a ofrecer apoyo o ayuda a los demás, a menos que les beneficie directamente. Carecen de un sentido de reciprocidad y colaboración en sus relaciones. Son como el azadón.

Es importante tener en cuenta que no todas las interacciones sociales tienen una motivación explotadora. La mayoría de las personas se guían por la empatía, el respeto y la cooperación en sus relaciones.

Es crucial estar alerta a las señales de explotación y establecer límites saludables en nuestras interacciones para proteger nuestro bienestar emocional, evitar ser víctimas de estas estrategias manipuladoras y así darle un valor trascendente a nuestro voto constitucional.