LAS “GORDITAS DE LA VILLITA”, EN LA CATEDRAL DE TOLUCA

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El Día Internacional de la Mujer, puede parecer ideal para recordar la lucha para la obtención y preservación de derechos y aunque el discurso dentro del movimiento enfatice en igualdad y equidad para todas, la situación y el escenario no es igual para algunas, en tanto que para ellas, la lucha de derechos se debe obtener a través del trabajo bajo el sol y entre el murmullo citadino.

Tal como María Elena, quien por medio del trabajo de sus manos y una herencia gastronómica de su madre, elabora sabores suculentos que han

sido apropiados durante generaciones en los habitantes toluqueños desde 1974, aunque según lo mencionado por ella, ha sido desde varios años atrás, cuando su madre empezó con la idea del negocio alrededor de 1950, tiempo en el que una de sus amigas provenientes de la Ciudad de México, le enseñó la receta utilizada para las famosas gorditas de la Villita.

Las gorditas de pasta que elabora de manera artesanal, son las únicas que se vendían en la capital mexiquense en aquel entonces, por lo cual desde entonces, conserva la receta que es para muchos irrepetible.

Desde sus años de primaria, señaló, aprendió a amasar, calentar y envolver en papel china paquetitos de éstas, siendo su principal diversión de niña, dado que prefirió dejar los juguetes y los juegos comunes de los infantes, para ayudar a su mamá.

“No es por mentirle, pero mis gorditas son muy ricas, muchos han querido hacer lo mismo o igualar el sabor pero la verdad es que no le llegan, y es que no pasa porque en principio muchas utilizan harina en lugar de pasta, estas deben de hacerse con cacahuazintle, azúcar, pero no mucha, vainilla y huevos, un poco de agua también, pero debes de amasarla muy bien, sin que quede grumosa, porque si no, no se hace bien, pero sobre todo debes de hacerlo con mucho amor o con muchas ganas, porque si solo se hace por hacer, no queda. Eso es lo que pasa con muchos, yo creo”, mencionó volteando con una pala diminuta las gorditas con circunferencia precisa.

María Elena ha debido de soportar diversas adversidades impuestas por las autoridades, puesto que desde que empezaron los conflictos para los vendedores ambulantes, ella no ha

podido ofrecer bien sus productos.

No obstante ella es resiliente, asegurando que paga siempre por un permiso para que le permitan vender y piensa que ya forma parte de la Catedral de Toluca, ante lo cual dice que “es como si ya estuviera plantada aquí como un árbol, sin mí, la Catedral ya no luce igual y mucha gente ya me ubica, solo vienen para comprarme algunos”, argumentó.

El 8 de marzo para ella puede generar pérdidas, pues no puede estar cerca de la Catedral para evitar cualquier inconveniente con quienes marchan, sin embargo los días aparte de esa fecha, se conforman por una jornada laboral que inicia a primera hora del día, a las 8 de la mañana, culminando hasta la última misa o hasta que perciba que la gente ya no confluye en el centro.

“Regreso alrededor de las 10 de la noche a mi casa, ya estoy acostumbrada, antes me iba sola, ahora me acompañan mis nietos porque ya estoy enferma. Tengo diabetes y cada vez me siento más débil, pero mientras el cuerpo y Dios me

den la fortuna de caminar y moverme por mí misma, seguiré aquí. Desafortunadamente mis hijos ya no se atraen por esto, ya se va a ir perdiendo la tradición de hacerlas, entonces más

me dan ganas de seguir aquí”, detalló.

María es madre de tres hijos, a los cuales les dio estudios a través de su trabajo, por lo que salir a vender, representa para ella un honor y un privilegio, pues sigue dando lo mejor para ellos.

“Ellos no siempre están de acuerdo, dicen que descanse, pero nos fue muy mal en la

pandemia como para darme el tiempo de faltar. Imagínese, me daba vergüenza decir que ellos me mantenían para pagar la renta o el agua, mientras no pudimos salir a vender, además, les digo que lo sigo haciendo por ellos, porque por ellos siempre he seguido y lo haré hasta que se pueda”, argumentó.

María Elena, como mujer que forma parte especial del tejido social toluqueño, celebra con sus manos su esfuerzo y dedicación y desea que perdure por varios años.