LAS LIMOSNAS EMOCIONALES

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Si nos colocamos en el lugar común, sabemos que uno vive tomando decisiones. Tomar decisiones es el recurso con el cual todos nacemos y con el que nos apalancamos en este largo trayecto llamado vida.

Las decisiones que uno toma son el timón que nos conduce hacía los distintos caminos que finalmente echamos a andar y sobre los cuales nos caemos, nos levantamos, saltamos, evadimos, huimos, reímos, lloramos, bailamos y todos los verbos que queramos encajar en ellos, porque todos los verbos sin excepción encajan, y todos esos distintos caminos son, finalmente, las decisiones que tomamos.

¿Dirán, de qué me está hablando? ¿A dónde va con esto? Voy específicamente a las decisiones afectivas, para mí, las más importantes, siendo éstas la base sobre la cual se construirá nuestro presente, que mañana se convertirá en pasado, y el pasado se convertirá en futuro y luego gira y gira y no se detiene.

Cuando uno toma una decisión afectiva por necesidad es porque está decidido a recibir limosnas emocionales, y una vida hecha de limosnas es una vida miserable que sólo sirve para sufrir, porque estirar la mano y sobre esforzarnos, poniéndonos en segundo lugar  para que alguien nos quiera, nos respete, nos valore, no trae otra cosa que sufrimiento, porque permitimos que trasgredan los límites y porque estamos dispuestos a faltarnos el respeto por la simple necesidad de una compañía que creemos es la correcta, pero que definitivamente no lo es. A las parejas, no se les elige por necesidad, se les elige porque nos inspiran, nos enriquecen, nos complementan, nos permiten ser más activos y decididos en nuestro propio camino de evolución permanente. Ese principio de que necesitamos una pareja es el principio de planear nuestra frustración y sobre todo el sufrimiento, porque nos vamos a conformar con cualquier cosa, no con lo que merecemos por ser quienes somos.

Cuando nos toca elegir una pareja, la mayoría la escogemos de forma inconsciente, y lo que sigue es que le vamos a demandar a nuestra pareja lo que no nos dio la mamá o el papá, es decir, seguiremos siendo hijos y no podremos ser una pareja.

¿Qué cosa es dejar de ser hijo? Es dejar de pretender que mamá o papá o quien te haya cuidado, te den lo que no te dieron. Entonces viene el famoso, quiero que mamá cambie, quiero que papá cambie, siempre los demás tienen que cambiar para que uno sea feliz. Y ahí donde siempre me pregunto: ¿dónde está el poder de nuestro bien estar?, ¿dónde está el poder de sentirnos amados, respetados, queridos? ¿En nosotros o en los demás?.

¿Qué probabilidades tenemos de ser felices y sentirnos bien, si nuestro bienestar y nuestra felicidad se encuentran en manos ajenas? Estoy segura de que las probabilidades siempre van a estar por debajo de la media, porque si las personas no saben ser felices por ellas mismas y encima les adjudicamos esa responsabilidad ahora para que a nosotros nos hagan felices, está muy, de sobre manera, complicada la fórmula. No hay fórmula que calce en medio de esa ecuación para poder resolverla de la manera que debería ser resuelta y dar un resultado positivo para todos.

Esa forma de elegir pareja, es la que la sociedad ofrece, la convencional, la cultural o como queramos llamarla, es con la que crecemos dentro de los paradigmas impuestos por las sociedades.

En la vida siempre tenemos la posibilidad de otras opciones y formas de hacer las cosas así como elegir pareja de otra manera, que estoy segura nos va a acercar mucho más a nuestros ideales y darnos la más cercana experiencia y sensación de una elección correcta.

Para poder lograr eso, es importante el poner freno y reflexionar más profundo, vernos a nosotros mismos, y rescatar todo lo maravilloso que tenemos para darnos a nosotros y que no necesitamos reemplazar nada ni mucho menos mendigar. Nos damos cuenta de que podemos ser más amorosos, más comprensivos, más empáticos, más tolerantes, menos verdugos con nosotros, rompiendo todos aquellos arquetipos con los cuales crecimos. Dejemos de relacionarnos por necesidad y hagámoslo por convicción de ser humano a ser humano, estoy segura, que nuestra vida cambiaría y cambiaría sin duda para bien. Hagamos las cosas diferentes, es ahí donde todo cambia.

Cuando uno toma una decisión afectiva, por convicción, habiendo hecho el trabajo de conocerse, aceptarse, perdonarse, respetarse y amarse, es donde uno decide no aceptar las LIMOSNAS EMOCIONALES, porque todo lo que uno necesita, lo lleva en el ADN y no se da cuenta.