Lenguaje de Cronista Popular
No hay pierde en aprender a utilizar el lenguaje popular. Lenguaje que tanto alaba el poeta español Federico García Lorca, al decir en una conferencia que el lenguaje popular es el apropiado para escribir la mejor poesía. Andar entre las cosas del pueblo es la mejor manera de aprender a escribir poesía tomando como sustento el alma de la comunidad, su manera de decir los hechos del hombre y la mujer en la vida cotidiana. De cómo se ve a la familia y las relaciones sociales de vecindad o de experiencias efímeras, pero importante para a través de la crónica poética decir lo que queda para siempre en la mente del lector. Lorca es más profundo en lo que enseña al futuro escritor o al lector que ama su presencia y sus letras que en tan pocos años, antes que le asesinaran los fascistas de Francisco Franco, del cual sólo quedan malos recuerdos, mientras la figura de Federico crece al paso de los años. Cuando recuerdo a Lorca, me deja en claro que el lenguaje y dónde se aprende es importante para saber más de las cosas de la vida y, en su caso, si se desea escribir desde el fondo de la comunidad y sus lecciones.
Bien cuenta Alfonso Sánchez García: Pero si bien el brillante y rojo embutido era el Sol, Fray José Gil Ramírez, el poeta novohispano que rescató para la posteridad las octavas anónimas y aperitivas “de la gran pirámide alimenticia”, nos habla de sus satélites aborígenes, tentadores también aunque en lugar de mesa de manteles largos, se aposentaran en humilde petate a ras del suelo”. Cómo es que Miguel Cervantes de Saavedra escribió su libro Don Quijote de la Mancha, a diferencia de lo que aparecía en aquellos tiempos de su vida, el lenguaje de la imaginación y proveniente de la vida del pueblo surgió para convertir a la novela en la exposición más cierta del mundo que hace la vida de lo humano. Imaginación y lenguaje surgido de las cotidianas maneras de vivir de Cervantes de Saavedra. Porque el vivir popular es mucho mejor que el vivir en altas esferas de riqueza y sociedad, por el solo hecho, es fortaleza de la vida popular, que crea las mejores obras de la literatura, contaba el poeta Antonio Gamoneda en alguna ocasión que vino a Guadalajara, Jalisco a la Feria Internacional del Libro.
Lengua y más lenguaje, de eso se hace el poeta, el cronista que desde lo popular forma su estilo de referir las cosas que suceden a diario. ¿Hay crónica en las altas esferas del poder político, económico y sociales?… claro que sí, pero la expresión más exacta del alma humana se expresa, siguiendo el consejo de García Lorca, en la vida que viene de las esferas más pobres y hacia arriba, para ser escritor en cualquier género, que sabe hablar con la voz del pueblo: expresión en todo caso del folklore que es el alma del pueblo en todas las áreas de la cultura de un país o una comunidad. Tanto escribir, para mejor atender las palabras de Sánchez García: Del mismo Anónimo aparece otra octava sobre la oculta despensa que llevaban los indios para almorzar a media mascarada, y que tras el Chirizo de Toluca y Metepec, y “la reina chirimoya”, el “indócil” Chayote. Y el “hartador Camote” completa este alarde de gastronomía y léxico “nacionalista”; nos dice el maestro Méndez Plancarte anunciando la siguiente octava: En un monte formado de petate, / itacate ocultó diestro el cuidado: / no mesclapique entre hojas de zacate, / ni tierno guajolote bien asado; / sí, de los granos que molió el metate, / el tamal y tlacoyo regalado, / que franquearon caciques liberales / a la chusma de hambrientos maceguales.
Qué bella lección, en unas pocas líneas se aúnan al castellano diez palabras de los originarios de América, comprobando en cada palabra la belleza de su sonido, la magnificencia de sus contenidos. “Petate” para cuántas cosas no sirve lo que primero es cama tanto de los vivos como de los muertos. La procesión para sepultar al fallecido aparece en ese envoltorio que fue su cama en vida y lo será en su largo viaje por la eternidad. De igual manera el sólo pensar en “guajolote” es pensar en la fiesta, pues bien dicen los del municipio de Tejupilco, al sur del estado de México, que cuando ven plumas en las afueras de una casa, dicen: yo no soy tonto, aquí hay fiesta y se meten inmediatamente y con alegría pensado en el muslo o la pierna del guajolote con su orgulloso tamaño que sobrepasa al gallo o la gallina de cotidiana vida en una casa cualquiera.
Muchas palabras originales, venidas de múltiples lenguas indígenas ha aportado México a la riqueza del castellano. Ese es orgullo de nuestra patria a la cultura iberoamericana y al mundo en general. Con sus palabras de lengua popular, el cronista de Toluca escribe: pensamos que la chaviza agringada de estos hamburgueses tiempos ya no conoce el significado de los términos mexicanistas de que se adorna el octeto, por lo que no resistimos copiar la gallarda interpretación que hace de los mismos el apologista Méndez Plancarte: (Petate, estera; Itacate, bastimento o provisiones de viaje; Mesclapique, manjar humilde, de pescadillos blancos, ahumados; Zacate, grama o hierba, u hojas verdes; Tlatloyo, o “clacoyo”, romboides de maíz, rellenos de frijol negro o haba; Tamal, masa de maíz, cocida al vapor en su envoltura de hojas, y con varios rellenos de carne, chile, etcétera; Macehuales, indios plebeyos en oposición a caciques… nahuatlismos, casi todos, que en México huelga definir. Una cosa es ser escritor que viene de estratos sociales de la pobreza a ser escritor “solidario”, decía Gamoneda en aquella Feria del Libro en Guadalajara. Una cosa es Miguel Cervantes de Saavedra a Wolfang Goethe, el escritor alemán es solidario con lo humano, y su genio le permite abordar en su libro Fausto temas que tienen que v ver con las grandes preguntas de la humanidad sobre la presencia del hombre en la Tierra. El amor y la existencia como un summum que es tema de todos los habitantes del mundo sea de la clase social que sea. Pero la obra literaria, pictórica o musical tiene en su origen del autor importancia para comprender los alcances que a logra llegar. Una es la voz de Hernán Cortés en sus cartas y otra es la voz de Bernal Díaz del Castillo o de aquellos que desde la evangelización, escriben crónicas sobre el nuevo mundo que nunca imaginaron cuando buscaban la ruta de la seda o el mar hacia la India.
Toluca, es palabra que aporta a Iberoamérica un lugar de privilegio. Parece nadería el decir, por aquí han pasado españoles que fueron héroes de la chiquillada en años que fue el portero del Club Toluca: Florentino López, portero del Toluca que hacía paradas de antología una y otra vez. Buena parte de la historia del Club ha estado llena de españolerías y también, de ideosincracia de lo toluqueño: arraigado en sus tacos de carnitas en las afueras de La Bombonera, o de sus tlacoyos; de la cerveza, que lo mismo acompaña tacos de barbacoa que los choripanes, que ponen en puestos de comida argentinos residentes en la ciudad, o uruguayos, que de la misma manera han venido a enriquecer con su cultura a Toluca, que mucho tiene que contar de emigrantes que pueblan el municipio por doquier. Dice el cronista: Como se ve, ya entonces el chorizo venía a ser algo así como el “alimento simbólico”, o por mejor decir, “la golosina simbólica” de Toluca, la que, al condensar esencialmente las virtudes de sus muchos hermanos de cocina u obrador, los representa en forma plenipotenciaria. En tal alimento o golosina se reúne lo mejor de tierras del Valle de Toluca con la experiencia culinaria española. Prueba ello, de que culturas y hombres mientras más conviven entre sí, surgen nuevas formas de cultura y de convivencia que han de dar gozo a sus habitantes.
¿De qué otra cosa, ha surgido todo tipo de festivales en el planeta, si no ha sido por la unión de diversas culturas o formas de ver y vivir la vida? El Chorizo tiene unión de dos pueblos en su mejor expresión popular. La gastronomía es prueba de ello a través de los siglos. El Chorizo, representa lo mejor de las culturas indígenas con aquella española: que le hizo rojo o verde para gozo del paladar en este valle de lágrimas y para el mundo.

