Llantos estériles

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En este mismo espacio, hace dos semanas, hacía referencia a esos jóvenes que, por falta de dirección en casa, acaban abatidos después de cometer un delito, y tras su inevitable muerte, aparecen el padre o la madre, sorprendidos (sic), para tomarlos en sus brazos y llorar amargamente por la pérdida de su angelito.

 

Esa misma escena fue replicada en días pasados en el municipio de Ecatepec, cuando un joven de 16 años (prácticamente un niño) fue herido de muerte por la policía tras el intento de asalto a un puesto de carnitas.  En redes sociales ha trascendido otro video en el que tirado, ya con la bala haciendo su estrago, los comerciantes y transeúntes, con una ira desbordada, le golpearon y patearon a pesar del esfuerzo de un uniformado por evitarlo. A pocos minutos, el padre llega al sitio y solo atina a gritar hijo mío, para abrazar el cuerpo inerte y explotar en llanto.

 

La muerte de un ser querido, independientemente de las razones, siempre generará dolor; eso no se discute, sin embargo, mucho lamento afirmar que en casos como estos, se trata de un llanto sin sentido, estéril.

 

No me digan que nadie sabía a qué se dedicaba este menor de edad, o ¿de verdad somos tan ingenuos? Quien anda en malos pasos, tiene muchas más probabilidades de acabar de esta forma, simplemente por probabilidad.

 

El enojo social es evidente, pues basta leer los comentarios de las personas en los distintos medios, y salvo algunas excepciones, una aplastante mayoría muestra gusto porque se tiene una rata menos en las calles.

 

En lugar de llorar, ¿no hubiera sido mejor haber prevenido las cosas?, ¿Cuánto cuidado tuvo ese joven en casa?, ¿En qué momento dejó de tener límites para actuar de esa forma?, ¿Cuántos miembros más de esa familia están en lo mismo? (en otro video, el hermano del occiso ya amenazó a la autoridad y jura venganza).   Si la escena se repite, ¿otra vez llorará el padre?

 

Ese desdén presente en cada vez más padres y madres de familia, está dotando al crimen organizado de fieles soldados; hombres y mujeres en formación que no encuentran apoyo o cariño en sus espacios de origen y acaban reclutados por malandros que les hacen sentir que pertenecen a algo.

 

Tener un hijo, y muchos siguen sin entenderlo, es un compromiso para toda la vida; significa estar con él, apoyarlo hombro con hombro, conocer sus gustos y necesidades, platicar sobre todo aquello que le aqueja, brindarle apoyo, identificar sus estados de ánimos, brindarle un hogar seguro, indicarle el mejor camino para actuar, es decir, estar al pendiente de su crecimiento.

 

Ser omisos porque yo también tengo derecho a vivir representa un acto de egoísmo que no podemos darnos el lujo de replicar, es una pena que con el paso de los años, hay quien puede expresar que mejor no hubiera tenido hijos o que les estorban, ¡imagine ese sentimiento!

 

Si no se sentía lo suficientemente capaz o responsable para asumir un reto así, ¿Por qué decide asumir ese rol de padre o madre?

 

En casos como éste, tanto peca quien mata a la vaca, como el que le ata la pata; cuando las cosas pases, mejor no lloren, se ven falsos e hipócritas.