Llueve

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llegó llena de gracia

en sutil parpadeo 

como luna creciente 

con sus pasos serenos,

esperaban su arrullo 

mi alabanza y mis ruegos,

ver obrar el milagro 

que supera a los sueños

y por fin descendió 

de lo alto del cielo.

Se acercó de improviso 

como ninfa bendita 

con vestido traslúcido 

y evidencia más íntima

sus fluidos bañaban 

lentamente la cima,

después fue un torrencial 

de pasión emotiva,

la tormenta de abril

que esperaban mis rimas.

Fue divino sentir 

su caricia en mi cuerpo 

y con mucha emoción 

mi mojado cabello,

es hermoso apreciar 

su pintura y su lienzo,

su murmullo me hechiza 

con sus bellos arpegios, 

por ser obra de Dios,

con sus trazos perfectos.

Desde el cielo bajó

generosa y divina,

fecundando a la tierra

y preñando semillas,

el comienzo del cambio 

lo poseen bugambilias 

que ya lucen radiantes,

ayer algo marchitas 

porque el agua es lo más,

es la savia de vida.

Y mi canto florece

con la brisa en el cedro

de follaje esmeralda,

y en la copa un jilguero 

que agradece la lluvia 

para cada hemisferio 

fusionando su trino

con la voz del labriego 

quien festeja a la lluvia 

que mojó sus terrenos.

Sin el agua no hay nada

los pinceles no pintan 

los paisajes frondosos 

con su flor amatista.

Si la lluvia no llega 

a llenar las vasijas 

muere toda esperanza

de una vida tranquila 

donde beba el futuro

agua dulce, agua limpia.

~•~

Tu demora me turba, me aturde y aquí me tienes, vida de vidas, como un reloj cansado, dando vueltas en vano, esperando tu llegada y, con tu presencia luminosa, pongas fin a lo ajado de mi piel y empapes mis sueños futuros, un futuro donde pueda ver brotar, en mi piel, las semillas del ayer.

Aparece ya, dama cristalina, implora mi alma compungida, por tus gotas de amor, por tus gotas de vida. Que la tierra no luce sin tus húmedos besos, y las praderas, las que ayer, me sonreían con tus divinas caricias, marchitas están, desamparadas si no llegas, poniendo fin a tanta sequía. 

Los rosales, tristes se ven, sin apenas un poco del elixir de tu exigua lluvia de abril, que, por insuficiente, solo le dieron para beber un sorbo y retomar algo de fuerzas para avanzar a la siguiente estación, sedientos y desfallecidos, en la incertidumbre de que puedas llegar, o no.

El pozo del agua, casi vacío, su fondo, tan lejano como tu venida. A los pies del cedro, desfallecido, un tordo mirando al cielo. 

El labrador, suplicando el milagro, de verte llegar, abundante y generosa, regando los surcos áridos sin tu presencia. 

El río, añorando tu caudal, que refresque por fin sus orillas y despierten las semillas de las florecillas que, por tu ausencia, andan dormidas.  

Y todos los que viven en mí, yo, planeta que del sol también se alimenta, te cantan y te canto, agua bendita, una plegaria, una oración de amor y esperanza:

~•~

Queremos ver los primores

que dibujan tus amores.

Ver tu llegada del cielo

con tu transparente velo.

Sentir tu esencia en mi suelo 

¡Ay, qué inefable consuelo!

Que llegues a cualquier hora 

generosa y redentora.

Que presuman los albores

que has inundado su suelo,

lluvia, dulce y sanadora.

~•~