Lo políticamente correcto

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No hablar en lo políticamente correcto en estos tiempos nos puede conducir a un linchamiento mediático casi de forma automática. Estamos en ese tiempo donde decir un cierto tipo de cosas nos puede llevar a ser degradado, aislado del círculo social, alejado de aquellos que, en un momento, determinaron el tipo de relaciones humanas que nos conformaron durante cierto lapso.

 

Hace unos días leía un artículo alrededor de una autora norteamericana rebelde, lesbiana de closet, la mayor parte de su vida, escandalosa y contestataria que prefería decir las cosas de manera directa y no ocultar su desagrado ante cierto tipo de actitudes que provocaban, por lo habitual, un resentimiento pasajero en el susodicho.

 

Este tipo de actitudes ante la mafia cultural de su entorno, la llevaron a una fama de irascible, desordenada, y no sé cuántos adjetivos más podríamos colocar después de su nombre.

 

Susan Sontag tiene una obra literaria basada en temas que ahora, en estos tiempos, podrían provocar alharacas en las redes sociales, tanto dentro de los grupos radicales, así como dentro de los moderados, e incluso, en aquellos que podrían tener un acuerdo con su pensamiento.

 

En tiempos de lo políticamente correcto, la Sontag habría sido ya crucificada un sinnúmero de veces, incluso podríamos tener la cuenta de cuántas veces su facebook, twiter, instagram o aquella red que se le ocurra, hubieran sido cerradas ante su respuesta sarcástica y poco adecuada a las expectativas actuales.

 

En realidad, no sería ella la única incorrecta en estos tiempos. Apenas unas décadas atrás existían una serie de autores que replanteaban el pensamiento humano a través del sarcasmo y el enfrentamiento verbal, con o sin respeto, con o sin argumentos, que ponían divertido el universo editorial de los periódicos.

 

Para eso servían los suplementos literarios, las páginas culturales y en ocasiones, las zonas editoriales, la misma función que ahora cumplen las páginas facebookianas, aunque con una nueva moral que va acorde con los tiempos.

 

No podría pensar en una Sontag, o en Bukowsky peleándose a gritos y mentadas de madre en estos días. Aunque, como lo fue en su época, seguramente sería muy divertido.