Logros de juventud
Muchos fueron sus logros en plena juventud, recordemos que había nacido en 1830 y cito: El 11 de junio de 1855, Ramón Rodríguez Arangoiti recibió el título de “Virtuoso al Mérito Corresponsal” de la Congregación Artística de los Virtuosi al Pantheon, por su proyecto de la cartuja —entre los miembros de esta congregación se contaba entre otros muchos, al pintor renacentista Rafael, y sus miembros tenían derecho a ser sepultados a su muerte en el mismo edificio del Panteón. Nada menos, se debe comprender la inteligencia y talento de que estaba provisto el estudiante mexicano. Cita Juan Guillermo: Unos días después, el 14 de junio, Manuel Larráinzar, se dirige a la Junta Directiva de la Academia para informar que Rodríguez deseoso de pertenecer a la Academia de san Lucas, presentó examen en la Universidad Romana de la Sapienza el 6 de julio recibió el título de doctor en ciencias matemáticas (ingeniería). También solicitó apoyo para viajar a Egipto y Grecia, pero la Academia le recomendó dejar este proyecto para mejor ocasión, no obstante, pagó los gastos de doctorado. En el transcurso de 1855 inició la construcción, en Roma, de la capilla mortuoria del señor José Landa y un monumento para una familia inglesa, inició también su proyecto para el compromiso del siguiente año, con el proyecto de un palacio para un gran señor…
Citar su paso por la Ciudad Eterna es prueba de su grande inteligencia y el entusiasmo por crear nuevas propuestas de construcción o recuperación de todo tipo de monumentos, iglesias, etcétera. Su paso por el mundo de la academia y de realizaciones arquitectónicas debe seguirse con mucho cuidado y fervor. Estamos ante un mexicano que vislumbra la mentalidad del siglo XX por su fe creadora. Roma le parece que le ha dado en tres años la sabiduría para enfrentar a otra ciudad gigante y bella como ninguna: París.
No fue sólo Roma la que le dio su preparación de gran arquitecto a Ramón Rodríguez Arangoiti, pues a los 3 años su espíritu inquieto pedía otra experiencia en otra ciudad cuya grandeza le hablaba del mundo moderno de su tiempo: París, la ciudad cuya grandeza apabulla a quien le vemos en recientes siglos y en el actual. Allá va Ramón, sabiendo que su beca es de seis años, los cuales comenzaron en 1854 y para el 57, le pedía su ansia de saber más y más, por lo que solicita el permiso para ir a estudiar construcciones, bellezas arquitectónicas al por mayor en la Ciudad Luz.
Juan Guillermo, en el libro citado, refiere: Ramón Rodríguez Arangoiti, para completar su estancia en Europa, llegó a París, donde en la Academia Imperial de Bellas Artes de esa ciudad, obtuvo la aprobación de los exámenes que le permitieron ser miembro de la misma. Uno de sus proyectos elaborado para la Academia de San Carlos: “Escuela de Marina y Puerto en Tehuantepec”, le valió un premio entregado por Napoleón III en la Exposición de bellas Artes, que tenía lugar cada dos años en París. Llevó a cabo trabajos particulares y colaboró en la triangulación de la ciudad, en la Sociedad de Crédito Inmobiliario y en los edificios del Bulevar del Príncipe Eugenio. Recorrió gran parte de Europa con el objetivo de formarse mejor como arquitecto y al terminar su beca permaneció viajando, trabajando y estudiando por su cuenta hasta su regreso a México, en 1864.
En los dos casos, su paso por dos grandes e inmensas Ciudades escritas con Mayúscula: Roma y París, son prueba suficiente de que en el país el arquitecto Ramón Rodríguez Arangoiti, debe de tener bustos y esculturas dedicadas a él por su brillante trayectoria, toda firmada en obras arquitectónicas y artísticas que están aún presentes.
Sigo la lectura del joven brillante, cito a Juan Guillermo: El 19 de octubre de 1857. Ezequiel Montes, ministro mexicano en Roma, informa que le proporcionó a Ramón Rodríguez, con base en el acuerdo del 16 de noviembre del año anterior, cincuenta pesos para su viaje a París además de su pensión del mes de noviembre; nuestro arquitecto llegó a París en ese mismo mes y se puso “…bajo la dirección de un célebre profesor de la Academia (Imperial) de Bellas Artes de esa capital, para presentarse a los exámenes de ella”. ¿Cuántos idiomas supo hablar Rodríguez Arangoiti?…
Seguir los pasos de un personaje nos debe hacer reflexionar sobre las cosas que sabe tan brillante y entusiasta joven en aquel viejo continente que tanto tiene que enseñar al que quiere aprender. Todo giraba en su entusiasmo por llegar a todas partes, participar en todo, sin que tuviera miedo de enfrentar el arte de los europeos con el arte del orgulloso mexicano que era.

