Los caminos de la vida, no son los que yo pensaba

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Estas líneas se enmarcan en un contexto en el que el pueblo argentino pasaba por un verano austral y tórrido e inclusive deprimente, tiempos en los que Argentina fuera sacudida por desastres y escándalos, desde el incendio de República de Cromañón, el 30 de diciembre del 2004, más de tres mil personas en espera de la presentación de la banda Callejeros. Hasta el descubrimiento de una red de contrabando de cocaína que, desde el aeropuerto de Ezeiza, mandaba cargamentos de hasta sesenta kilos hacia Madrid. Sin embargo, el tema está en dos canciones que sonaban por todos los rincones y ayudaban a relativizar tanto sinsentido. Una de ellas tiene que ver con una fuerte adaptación de una denuncia antiimperialista de Rubén Blades, Tiburón. La otra, el interés central de estas breves líneas, Los caminos de la vida, sin duda que tiene una envoltura de cumbia, inclusive hay que decir que es de origen vallenato colombiano, pero lo relevante está en que reflexiona sobre los sacrificios de las madres. Ambas canciones se incluyen en Los rayos, el segundo disco de Vicentico, seudónimo de Gabriel Fernández Capello, ex vocalista de Fabulosos Cadillacs, la gran banda de rock en español de finales del siglo XX, mil veces imitada en los países hispanos.

Así es que pueden comenzar a sonar los acordes de los caminos de la vida, por Vicentico, que nos invita, claro está, a que hablemos sobre los caminos de esta vida. Al escuchar esta rola, me da entrada a reflexionar acerca de que las canciones populares muchas veces reflejan mucho de la necesidad, de las inquietudes y de los problemas del hombre real, del hombre de la calle. No hay que hacer menos estas sabidurías populares como suelen hacer algunos que se creen intelectuales con derechos de exclusividad. También podemos ir un poquito más allá de la música y del fandango musical y de la bailada, podemos mirar, por ejemplo, la primera estrofa dice:

Los caminos de la vida no son los que yo pensaba, no son lo que yo creía, no son lo que imaginaba. Los caminos de la vida son muy difícil de andarlos, difícil de caminarlos y no encuentro la salida.

Podemos advertir a lo largo de la canción una gran honestidad y autenticidad donde parece que entramos a la vida con cierta inocencia, creyendo lo que nosotros pensamos, creemos o imaginamos y que después la vida choca contra la realidad, y eso es lo que se está cantando.

Se trata entonces de un sentir en donde las expectativas de un ideal se van golpeando contra una realidad que es dura, como se va describiendo conforme avanza la canción. Cuando escuchas y te das cuenta de que tu propia vida puede estar chocando contra ese muro de: no es lo que imaginaba, pero también hay motivos para seguir adelante: por ella lucharé hasta que me muera, y por ella no me quiero morir, que se me muera mi vieja. ¡Pero que va! si el destino es así. Es evidente que si miras para atrás dirás… lo que yo pensaba que era o me imaginaba, no es, es decir: hemos idealizado la vida, pero todos tomamos algún camino y ese es el problema, esto es, si los caminos de la vida no son… alguno hay que tomar. Si bien no podamos determinar en nuestra vida las contingencias, las alternativas, los problemas, nosotros sí podemos determinar el camino que vamos a seguir.

El rescate de ambas piezas tiene mucho que ver con los viajes de Fabulosos Cadillacs, cuenta el mismo Vicentico: Conocí Los caminos de la vida en una cantina mexicana; unos tipos estaban poniéndola constantemente en la gramola entre lágrimas y tequila, una de esas situaciones potencialmente explosivas. Y sobre Rubén Blades, señaló que es un viejo amigo, pero nos cuenta que: Aquí vi que Rubén lleva una pistola debajo del saco, pero no necesita sacar fierros para intimidar. Otra vez nos encontramos en un hotel de Caracas, fui a saludarle y me tiró el cigarrillo de un manotazo: ‘Un cantante no fuma’. Luego mandó llamar al resto de los Cadillacs y nos largó un sermón sobre las drogas. Muy profesoral, pero le bancamos: es un mago de la música y la palabra. Fue Blades quien compuso Tiburón, y lo hizo en contra del intervencionismo estadounidense en Centroamérica, en el contexto en el que Reagan alentaba el terrorismo de ultraderecha.

En la versión de Vicentico desaparece alguna referencia geográfica: Es que detesto ese mesianismo del rock (…) Puedo coincidir con lo que dice Manu Chao, pero no quiero sentar cátedra sobre Chiapas. Cuando oigo a artistas muy protestones, enseguida veo el punto panfletario. Me huele a reaccionario; se queda en el ‘qué buenos somos’, otra excusa para no profundizar. Hay más verdad en un bolero de Los Panchos que al menos te conecta con la infinita tristeza del mundo y te sensibiliza. No sé, nuestro arte tiene más que ver con el corazón que con la cabeza. Regresando a los caminos de la vida, hay que decir que todos ellos tienen dificultades, todos los caminos presentan alternativas, todos los caminos tienen contingencias, todos los caminos tienen problemas, pero por lo menos se trata de elegir por cuál se quiere ir, se trata de una elección y un compromiso, es un elección de vida de generar nuestras propias aventuras, pueden estar bien iluminadas o por el contrario demasiado obscuras, pero son propias. En suma, se trata de la responsabilidad personal para andar los caminos de la vida.