LOS HABLANTES
ahí comprendió que lo sagrado es la palabra.
Armando Rivera
Querido y aguzado lector, llegamos a una entrega más de este espacio, en el marco del día Internacional de los Pueblos Indígenas que se conmemora el 9 de agosto, en que recordamos, visibilizamos las lenguas originarias de nuestros pueblos y volvemos al origen de nuestras lenguas, tierras.
A propósito de este día, una mirada al libro Los Hablantes del escritor/ fotógrafo Armando Rivera que en 1995 recibiera el premio Francisco de Vitoria de la oficina de los Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala y en 2014 se le otorgó la distinción Artista del año por su trayectoria literaria.
Armando Rivera ofrece en su libro Los Hablantes, esa mirada al compromiso social, la dignidad del ser humano y al silencio como la mejor palabra, tal como lo hizo Eduardo Galeano a quien fue dedicado este libro.
Armando evoca a la consciencia, provoca las emociones y la espiritualidad a través de las imágenes que logra con sus palabras y silencios. La propia fugacidad, la sabiduría que guardan las palabras y sus portadores, los hablantes.
Rivera nos lleva por un recorrido del universo primigenio pleno de anhelos, palabras, del mundo de los sueños, al desafío del infinito y al deseo de la existencia de un Dios. En donde la noche es penumbra del tiempo, conjuro, duda y distancia.
Los amantes encuentro perpetuo, tiempo secreto, y se vuelven comunión con los astros y las costas del infinito recuerdos. Es un contemplar la vida, desde sus orígenes, encontrar la ternura de la misma que le da vida, mientras que la tempestad se vuelve creadora y la tristeza gotas de olvido, los latidos un misterio y el silencio un abrazo de la eternidad.
Armando ve en el tiempo una sempiterna interrogante, melancolía nostalgia un imaginario para el mañana en el que el horizonte es sueño y esperanza, un pacto de piel y memoria, laberinto de emociones que evoca el origen, el presente y un futuro incierto en el que solo cabe la esperanza, la fe, sin lógica.
Un despertar continuo a la maravilla de vivir, a la magia de existir, al laberinto de emociones que implica el misterio de la vida y la escritura.
escribir es tallar la memoria, acto sagrado, serenidad
Advierte Rivera en sus páginas, cómo volcar la fuerza creadora de la palabra y la vida en imágenes y símbolos, cómo contener lo sagrado y místico de la palabra, de la vida.
somos como una isla, que suspira un misterio…
El misterio de nombrar lo que nos rodea, de nombrar, poner en palabras el universo, triste espectáculo de palabras como cita Armando a Julio Cortázar. Las palabras que a veces no bastan para nombrar e incluso el silencio con su magnificencia es insuficiente.
Los pasos de la luz y la sangre haciéndose palabra o nudo…, o propia fugacidad, en un mundo voraz, de muerte, guerra, en el que la felicidad parece escondida en la sinfonía perpetua del universo, donde la nostalgia, la duda, parecen abismo perpetuo.
Aquí la invitación para acercarnos a la obra de Armando Rivera, querido lector, un escritor nómada que se encuentra con la creación y que en los recuerdos propios y de extraños halla la profundidad de la agonía de este mundo que se resiste a morir en manos de la peste y fugacidad de los días a los que hemos sido conjurados.
Un autor que nos invita a recordar los valores del origen y la dignidad del ser humano que en palabras del autor, pareciera que hemos sido reducidos a fantasma espontáneo. En esta negación como decía Galeano de la pretensión de ojetividad.

