Los olvidados

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Luis Buñuel manejo, con singular maestría, un panorama crudo y amargo de la sociedad mexicana en su célebre cinta Los olvidados.

En aquella época (1950), muchos se desgarraron las vestiduras acusando al cineasta de exagerado y poco congruente con la realidad nacional. Con el paso del tiempo, me atrevo a decir que no sólo fue capaz de reflejar una realidad escondida –o al menos que nadie quería ver–, sino que fue profeta de la  desventura que, a más de 70 años, vivimos con mucha más generalidad.

Casos recientes, como el de La Polar, nos evidencian que en la sociedad actual no nada más se mantienen los mismos temas que Buñuel abordaba: pobreza, marginación y miseria, sino que se han ido acrecentando con violencia, irracionalidad y desencanto, cuando en el papel tenemos conocimiento para construir contextos más favorables para los jóvenes, en tanto se cuenta con más información gracias a las bondades de las tecnologías de la información y la comunicación.

Más grave aún, resulta la incapacidad de nuestra sociedad para reaccionar sobre estos asuntos, y lo plasmado en tan evocadora cinta –por cierto, considerada Patrimonio de la humanidad– se sigue viviendo como muestra de nuestra pasividad e incapacidad de aprendizaje.

Hoy día, seguimos viendo mujeres abandonadas por sus parejas; hombres capaces de deshacerse de sus hijos con tal de tener una boca menos que alimentar y miles de niños que encuentran en la calle un refugio para su situación lastimosa, por si el escenario no estuviera completo, ahora ir a un restaurante puede ser una actividad de riesgo, pues con la mano en la cintura de pueden matar a golpes para acabar colocando tu cuerpo en la calle, cual si fuese basura.

¿En dónde quedó la educación?, aparentemente en el discurso que, valga decir, sigue reproduciéndose de manera oficialista en todos los ámbitos de la política.

¿En dónde quedó el sistema educativo transformador de las sociedades?, en esfuerzos estériles que no han sido capaces de generar una ruta de acción consistente con las necesidades del mundo.

¿En dónde quedó esa búsqueda por sociedades armónicas?, en la simulación de muchos padres de familia que no enseñan a sus hijos a respetar a nada ni a nadie, creciendo en la lógica de que todo es permitido: burlas, amenazas, fraudes, engaños, mentiras y tranzas.

A más de siete décadas de distancia, Los olvidados siguen siendo los niños de muchas regiones del país, que no han encontrado unos padres que les orienten sobre el sentido que deben tener sus vidas; que no han encontrado profesores capaces de inyectarles la duda razonable para indagar y buscar respuestas; que anhelan una sociedad que les permita vivir armónicamente.

Los olvidados siguen siendo esos votantes que, con una genuina esperanza de cambio, no logran mejorar sus condiciones de vida; esas personas que luchan todos los días por encontrar un poco de justicia y en su lugar, se enfrentan con obstáculos monumentales; esos hombres y mujeres que trabajando de sol a sol descubren que todo ese sacrificio no les da para subsanar sus necesidades más elementales.

Es momento de cambiar el guion, de nueva cuenta, nos falta mucha voluntad.

horroreseducativos@hotmail.com