LOS TLACOYOS DE DOÑA MAGDA EN EL MERCADO 16 DE SEPTIEMBRE

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La señal del arte que María Magdalena realiza cada domingo en el Mercado 16 de septiembre en Toluca, se nota a través del vapor que sale de las brasas que abrazan suavemente los tlacoyos hechos con una masa especial, la cual pasa por diversos procesos de manera artesanal hasta obtener la consistencia y textura deseada. En sus manos lleva 24 años de experiencia, sin embargo, preserva en su labor más de 70 años de historia.

María se coloca todos los domingos en el pasillo derecho de la sección de comida del mercado, aunque parece invisible, es en realidad, la vendedora que más se nota, pues a su lado, atrás y casi frente a ella, se generan filas de siete, ocho, diez y hasta 15 personas que van pidiendo lo que su paladar les demanda.

Deme tres de haba, dos de queso y cuatro de chicharrón, por favor. Exclama alguien detrás de ella.

¡Uy! Yo no sé qué tienen estas gorditas que están bien buenas. Menciona una chica que acompañada de sus padres disfrutan de una gordita de haba cada uno.

Entre sus manos se disuelven sigilosamente las creaciones, la manera en la que transforma la masa en un tlacoyo relleno de cualquiera de los sabores que tiene en el inventario (haba, frijoles, queso doble crema y chicharrón) es alucinante, pues en menos de diez segundos ella termina con cada una.

Su hijo y su nieta, la acompañan, con la finalidad de acelerar los pedidos y evitar que María se vuelva una nube de humo entre todo lo que debe de hacer al mismo tiempo. Su hijo las coloca debajo del comal para que el carbón las caliente y se cuezan lo más rápido posible.

¿Qué es lo que hace a sus tlacoyos especiales?

Yo creo que la forma en la que las preparamos, ponerlas en el carbón les da un sabor muy especial. También la receta con la que preparamos todo. Dicen que la de chicharrón es especial, porque les sabe muy rica.

¿Y qué le pone al chicharrón?

Pues no le puedo decir bien porque es un secreto, pero sí le puedo decir que la salsa, que también es especial porque hasta unos abogados nos la han querido patentar, lleva chile de árbol, jitomate y un toque secreto también.

Apila por sabores cada tlacoyo para tomarlos rápidamente y entregarlos a los clientes, les coloca salsa y los entrega en un papel de estraza.

Mientras María se dedica a su labor, se permite unos segundos en contar la historia del negocio. El cual lo inició la abuela de su suegra, de nombre Esperanza Bara, quien empezó con la elaboración de tlacoyos desde hace más de 70 años, pues vendía en el antiguo mercado ubicado en lo que ahora es el Cosmovitral. Bara, originaría de Villa Guerrero, se trasladaba hasta la ciudad de Toluca a vender, lo que le permitió hacer terreno en el ámbito gastronómico.

“A la abuelita (Esperanza) le costó mucho sacar adelante el negocio. Así que a mí me da mucha satisfacción saber que no he dejado que se pierda la herencia, hemos tenido que pasar de todo, desde gente que nos quiere quitar, hasta envidias pero lo que más nos hace felices es que los clientes se vayan contentos con lo que nosotros les damos”, señaló.

Posterior a Doña Esperanza, su hija Marcelina Carriola, suegra de María, siguió con el negocio en el mercado 16 de septiembre actual, en el que le entregaron a inicios, un local, no obstante con el paso del tiempo, María se ubicó en el pasillo derecho del primer piso del sitio solamente los domingos, cuestión que provoca que los clientes esperen con ansia el día.

Aunque asegura que la pandemia no fue un lapso de afectación en su venta por la preferencia y demanda de sus clientes, sí menciona que la inflación ha impuesto algunos cambios en el bolsillo para la compra de los productos, mas no en la venta, pues aseveró que para que ninguno de sus clientes tengan impedimento en comprar, el precio de los tlacoyos permanece igual desde hace más de cinco años.

De los relatos que hacen que sus pupilas brillen, se encuentran aquellos que se centran en los clientes que han viajado hasta Toluca para llevarse sus tlacoyos a sitios como Canadá, Illinois y Chicago, así como también ha tenido clientes que son peculiares, pues viajan de la Ciudad de México cada domingo para probar sus creaciones.

“Durante muchos años una clienta coreana, que trabajaba en la embajada de Corea en la Ciudad de México, viajaba hasta acá solamente para comer las gorditas, le gustaban mucho y para nosotros era muy especial que hiciera eso”, puntualizó.

Sus clientes que son un carnaval de esencias y personalidades, también es algo que María aprecia con asombro, dado que dice que así como llega a tener clientes sencillos, ha atendido a presidentes municipales, diputados y senadores, al igual que clientes de otros países como España.

“Nada nos recompensa más que la satisfacción de los clientes. Por eso cuando dicen que muchos no vienen porque piensan que el mercado es inseguro, nosotros les decimos que no, dentro del mercado todo está bien, es seguro, hay cámaras por todas partes. Tal vez en la calle de Rayón sí haya algunos casos de inseguridad pero la verdad no llegan a afectar al interior del mercado, así que los invitamos a que se animen a venir y contribuyan con la venta de los comerciantes”, señaló.

Los horarios de trabajo de María van desde las 9:30 hasta las 15:30 o 16:00 horas y aunque nunca está sentada, detalla que el cansancio pasa a segundo término cuando le agradecen por sus obras de arte de maíz y “mucho amor”, como afirma.